La historia hablará del ruinoso y autoritario confinamiento

La historia hablará del ruinoso y autoritario confinamiento. Comienzo escribiendo este artículo con una advertencia muy clara y muy directa. Este país, España, es un estado democrático, con derechos fundamentales protegidos, entre éstos la libertad de expresión y la libertad de opinión, que cualquier persona puede ejercer libremente por cualquier medio. En mi uso y ejercicio de estos derechos, os voy a escribir un artículo muy claro y sin censura hablando del confinamiento, y emprenderé inmediatamente y sin aviso las acciones legales y judiciales contra quien coarte, coaccione, limite, amenace, prohíba o manipule estos derechos fundamentales protegidos por ley, sea quien sea.

Añado también que soy fotoperiodista desde hace más de 25 años para medios internacionales, sin dar más detalles ni desvelar sorpresas, y como fotoperiodista también tengo todo mi pleno derecho a la libertad informativa, y hablar de mis propias experiencias.

Repito que no hay más aviso que éste. Yo he asumido desde mi infancia que la vida son combates desde el primero hasta el último día. La vida sólo es un cuento de hadas para los millonarios y los futbolistas que viven en una burbuja de vanidad, de ego, de prepotencia, de caprichos y riqueza. El resto, como he dicho siempre, incluido fotoperiodistas, a jodernos y a sufrir. Toda mi vida, desde la más tierna infancia, ha estado marcada por combates. No es ningún drama tampoco. El destino está escrito, y se cumple. Hay que aceptarlo. Yo lo acepto, y espero que mis enemigos entiendan que van a asumir las consecuencias. Por lo tanto, espero, y quiero, respeto y legalidad ante el uso de mis derechos fundamentales protegidos por ley. Lo repito por quinta vez. Estoy en mi pleno y legal derecho. Esto no es Corea del Norte o Irán o Arabia Saudí. Esto es España. Esto es democracia.

Hecha esta advertencia, comienzo el artículo donde os voy a hablar de lo que ha sido el inhumano y autoritario confinamiento.

Momento histórico. Este es un momento histórico donde se ha demostrado la teoría de Einstein cuando habló de la estupidez humana y su infinito. Se ha demostrado en todo el mundo. No ha sido la estupidez de un solo país. Ha sido una estupidez mundial que va a provocar un cambio con el peor de todos los finales, pero hay que buscar cómo la humanidad ha llegado a este punto, y para ello voy a analizarlo por partes.

La justificación oficial del confinamiento. El periodismo vulgar de este país, mezquino, servil y sumiso, sicario a las órdenes de políticos y armados con letras y palabras, difundió una y otra vez, sin descanso y repetitivos, por todos los medios a su alcance, las proclamas autoritarias y dictadoras que inventó y practicó el comunismo de China, de encerrar a la gente en casa para proteger la salud.

Esta versión la sabemos todos y todas de tanto repetirla aburrida por televisión y prensa. La hemos escuchado millones de veces desde que se declaró la pandemia. La gente lo sabe de memoria. La gente se ha creído la versión oficial de tanto escucharla. La inmensa mayoría de la sociedad apoyó este inicio de la mayor tragedia jamás vista. Una abrumadora mayoría, que yo cifro en torno al 98% basándome en mis experiencias, aprobó la idea del ruinoso y exterminador confinamiento.

El inicio del confinamiento. Faltaban dos días para iniciarse el confinamiento en España. Se decretó un sábado a mediados de marzo. El viernes anterior yo fui a la Universidad por razones profesionales. El edificio estaba vacío. No había prácticamente nadie. Apenas funcionaban unas pocas clases, con un par de profesores. Al día siguiente, sábado para ser exactos, fuimos a hacer fotos bondage, y la carretera estaba vacía. Jamás había yo visto esa carretera tan vacía. Recorrimos kilómetros y kilómetros prácticamente solos. La gente ya se había encerrado en su casa antes de ser obligatorio, y tal como he dicho antes calculo que el 98% de la sociedad española apoyó el confinamiento. Fue inaudito. Increíble.

Visto el comportamiento, el Gobierno se atrevió a transformar la democracia en un sistema autoritario y dictador. En la práctica se anularon todos los derechos de una sana democracia, y el país pasó a estar prisionero y encerrado en sus hogares, pero lo más curioso de todo es que la gente estuvo de acuerdo. Estaban felices incluso. Engalanaban sus balcones con pancartas y globos, o se ponían música en el balcón o la ventana. Aplaudían desde sus casas en una demostración que incluso muchos médicos, ya que a ellos se dedicaban los aplausos, tildaron de falsedad e hipocresía, pues aquello parecía en realidad un concurso de aplaudir más fuerte que el vecino, o más rato, o más puntual. Había gente que empezaba cinco minutos antes a aplaudir.

Si ibas por la calle te miraba la gente desde sus ventanas como si fueran los espías de la antigua Gestapo o los asquerosos chivatos en época de guerra, y llamaban a la policía o te decían que en la calle no se podía estar, lo que demostraba que el apoyo al Gobierno fue unánime y masivo.

La respuesta de la sociedad fue negativa, desastrosa, caótica y horrorosa. Ahora ya hay mayor rechazo a un nuevo confinamiento porque por fin la gente comienza a ver que esto es una destrucción definitiva. Yo lo dije el primer día de marzo, pero en aquella época el 98% de la sociedad estuvo de acuerdo y feliz con el confinamiento.

Confinamiento como arma de guerra. Pedro Sánchez, el Presidente de España, utilizó el término "guerra" en alguno de sus adoctrinamientos televisivos. También lo hizo el Presidente francés.

En mi opinión personal, esto es una guerra. Una de las demostraciones más claras fue que en las televisiones españolas hablaban los altos mandos de la policía y del Ejército, pero esto era una crisis sanitaria. Tenían que hablar médicos, epidemiólogos, y profesionales sanitarios del máximo rango. No tenían por qué hablar en televisión los mandos policiales y militares a los ciudadanos y ciudadanas españoles, salvo que estuviéramos en guerra, aunque el Gobierno no lo hubiera reconocido.

Para mí, y repito de nuevo, esto ha sido una guerra, que nadie se ha atrevido a reconocer. Hay decenas de miles de muertos. Hay millones de trabajos perdidos. Hay una ruina económica sin precedentes. Hay miedo en la sociedad. Hay miles de empresas destrozadas. Hay derechos y libertades vapuleados y prohibidos. Son todos los destrozos de una guerra, con la diferencia de que aquí no se han lanzado misiles y no se han derrumbado edificios. Aquí se ha eliminado gente y empresas sin tocar las fachadas. Por fuera todo sigue intacto. Por dentro está todo destruido.

Las dos caras del confinamiento. Yo crecí en mi infancia rodeado de naturaleza y animales en un ambiente rural y un pueblomuy tranquilo en aquellos años. También viví en una gran ciudad, y a día de hoy. paso la mayor parte de mi vida por muchas montañas, bosques, ríos y parajes rurales, tal como ya se nota en mis fotos, y os puedo decir que en miles de poblaciones el confinamiento no ha existido. Muchas personas me han explicado que estaban muy contentos con el confinamiento porque de este modo la gente de ciudades como Barcelona y otras poblaciones masificadas no venían. Los parajes estaban solitarios. Parecía que el mundo se había acabado, y sin embargo todos decían estar felices. ¡Qué bien sin la gente, decían! ¡Es una maravilla sin gente, decían! ¡Ojalá dure años el confinamiento, decían! ¡Es el mejor momento de nuestra vida, decían! ¡Esto es el paraíso, decían! ¡Felices, muy felices!

Se podía pasear con total libertad. No te encontrabas a nadie. Estábamos solos, con una tranquilidad y solitud que ni el cine es capaz de recrear. Sólo se escuchaban pájaros, agua, viento y animales. Parecía que las montañas eran para nosotros solos, porque el confinamiento ha afectado muy desigual. En Barcelona se instauró un estado policial represor, con los policías persiguiendo a cualquier persona, aunque sólo fuera para comprar una barra de pan, pero fuera de las ciudades la realidad era completamente distinta.

Estas dos caras del confinamiento han demostrado que la gente se odia. La gente no se soporta. Es histórico el odio entre la gente rural y la gente urbana, y el confinamiento ha afectado de lleno a la gente urbana. La gente rural ha sido muy feliz. Apenas les ha afectado. Para muchas personas incluso su vida había mejorado, mientras en ciudades como Barcelona ha sido una masacre.

También están los periodistas, policías y políticos, que se han beneficiado del confinamiento. Podían moverse con total libertad. Para periodistas, por ejemplo, no había restricciones, y se podían mover con total libertad con su carnet de prensa. Así, pues, podían ir a sus segundas residencias, disfrutar de la naturaleza o viajar, sin ninguna barrera, usando de excusa que iban a trabajar.

Esto demuestra que el confinamiento no ha sido igual para todos y todas. Ha masacrado la pobreza, la clase baja y obrera, la gente sin recursos, personas vulnerables o en riesgo de exclusión, los menores y los ancianos, mientras que los políticos, sus serviles periodistas y sectores afines, han disfrutado de ventajas que el resto de la sociedad no tenía, algo típico de toda dictadura o régimen autoritario.

Otra segunda cara del confinamiento. Hay otra segunda cara referente a la afectación de la pobreza, y es la diferencia entre ricos y pobres. El confinamiento ha masacrado la pobreza, la gente vulnerable en riesgo de exclusión social, y la sociedad que vive con la economía sumergida y diaria, cuyo número es muy grande en España. Han perdido sus ahorros, sus trabajos, su forma de subsistencia, y ahora mendigan, sobreviven a duras penas o piden ayudas. Viven hacinados en pisos a compartir, familias enteras sin ninguna posibilidad de acceder a ningún alquiler, y para quienes la compra de una vivienda es totalmente imposible, porque no disponen de recursos ni tan siquiera para vivir solos.

Por el contrario, la riqueza ha sido un descanso, en sus casas grandes, sus piscinas, sus habitaciones de sobras, su soleado jardín, su silencio y todas las comodidades, lujos y placeres, de los cuales te puede nutrir el dinero.

Terminado el confinamiento, la pobreza anda hambrienta, desesperada y moribunda, mientras la riqueza nada en abundancia, felices y enérgicos.

La destrucción provocada por el confinamiento. Esto ha sido una masacre. Ha masacrado a la gente pobre, a la gente en riesgo de exclusión social, a la clase obrera, a los menores, pero creo que es mejor escribir los imperdonables destrozos en distintos párrafos, aquí a continuación.

1) Comenzamos por el hambre. Hay colas de centenares de metros que hacen las personas pidiendo comida. Hay colas cada día, desde hace meses. Hay miles y miles de personas que necesitan que les den comida, porque no tienen dinero para comprar comida. Los bancos de alimentos, y las asociaciones de ayudas varias, están desbordadas de peticiones, y no estoy hablando de un país africano o de poco desarrollo. Esto es Europa. Esto es España, y esto lo he visto yo, aquí, en Barcelona, gran ciudad europea, y se ve todavía, dos meses después de terminar el confinamiento, y se seguirá viendo.

2) Seguimos por el trabajo. Hay millones de personas que han perdido su trabajo. Hay miles de empresas que han quebrado. Hay miles de negocios particulares, tales como bares, tiendas, talleres y demás, que han cerrado. Hay millones de puestos laborales destruidos, y sin futuro de recuperación.

Cuando comenzó el confinamiento les dijeron que esto era un despido temporal, que recuperarían su trabajo, y la gente se lo creyó. Esto ocurre cuando se siembra incultura. Los políticos quieren un país inculto, porque son más obedientes y sumisos. La realidad es que millones de personas no han vuelto a su trabajo. Lo han perdido. Las empresas, aunque lo han intentado, no han podido mantener los puestos de trabajo de sus empleados, por la falta de consumo y el daño provocado durante tan larga inactividad. Esto ha provocado que la gente no puede pagar sus alquileres, no pueden pagar sus facturas, y ven el futuro con mucha preocupación.

3) Continúo con las muertes. El confinamiento ha provocado muertes que no han sido provocadas por el coronavirus. No han hablado los mezquinos periodistas de la oleada de suicidios. No han hablado de la gente muerta por no acudir al hospital ante otras dolencias por culpa del miedo a contraer el coronavirus. No han hablado de los muertos por no recibir tratamiento médico. Estas muertes han existido, a miles y miles. Quizá el confinamiento ha evitado contagios, sí, quizá sí, pero ha provocado muertes que se podrían haber evitado. Todo lo ganado por un extremo, se ha perdido por el otro lado.

4) Hablo de los traumas mentales. Las enfermedades mentales van a subir de una manera espectacular, y se va a notar sobre todo en los próximos años. La sociedad va a tener un incremento impresionante durante años de violencia, depresiones, ansiedades, pesadillas, esquizofrenias, suicidios que se van a sumar a los ya ocurridos, y todo tipo de traumas que descubriremos con el paso de los años en los millones de menores que se han castigado encerrados en casa.

5) Los menores es otro punto. Encerrar a niños y menores durante un mes y medio en su casa, con sus padres, sus hermanos o sus abuelos, sin contacto con sus amigos, sin estímulos por aprender, es aberrante. Es de déspota. Es mucho peor que un dictador. Es de Herodes. .

Toda esta generación completa va a desarrollar traumas que se van a pagar muy caros en el futuro. Muchos menores han sufridos tormentos que ahora mismo no sabemos, porque sus padres no les dejan explicar y ellos tampoco pueden explicar, pero estoy completamente seguro de que muchos padres han aprovechado la ocasión para hacer perder la personalidad, el carácter y la rebeldía, propia de muchos hijos e hijas en esa etapa de su vida. Han vuelto a sus menores sumisos, obedientes, temerosos y aislados. Estoy seguro que hay niños que han sufrido castigos físicos, y miles de menores, en una cifra mucho mayor de la que podamos imaginar, han sufrido también castigos psíquicos, en forma de adoctrinamiento y manipulación. Estoy seguro que muchos padres han intentado corregir la conducta gay que puedan mostrar sus hijos, o la conducta rebelde, o les han hundido sueños o deseos de su futuro, para ser lo que sus padres quieren que sea. No tengo ni la más mínima duda.

A fecha de hoy, en pleno agosto, veo menores por la calle con su piel pálida, paseando de las manos de sus padres, con su mirada huidiza, cabizbajos, temerosos, sin sus amigos, sin fuerza ni energía. Esa sobreprotección, que ya alcanza la búsqueda de la sumisión, la dependencia y la obediencia, se va a pagar terriblemente cara en el futuro.

6) La ruina económica. Esta imbecilidad de un confinamiento dictador ha provocado la mayor ruina económica en nuestro país desde la Guerra Civil Española. El país se ha endeudado durante muchas décadas. El hundimiento del PIB es histórico. La pobreza ha crecido al ritmo de una guerra. Han quebrado miles de empresas, el sector turístico tiene las mayores pérdidas de su historia, y muchos otros sectores están haciendo equilibrios para conseguir aguantar hasta que la economía vuelva a levantar el vuelo, porque ahora mismo está hundida en el abismo.

La riqueza económica. El dinero sigue existiendo. El dinero que no tienen los pobres, sí lo tienen los ricos. ¡Que nadie se equivoque! Hay fortunas y millonarios que todavía se han enriquecido más gracias al confinamiento.

Es muy difícil de imaginar, pero para las grandes fortunas o inversores el dinero es un juego, la sociedad es el tablero donde se juega, y la gente son las piezas. Es muy duro de concebir, lo sé, pero muy fácil de entender si se quiere.

No lo olvidéis. Mientras había gente deprimida y torturada encerrada que se hundía en la pobreza en un pequeño piso de habitaciones compartidas en un barrio de mierda, había gente feliz y exultante que ganaba dinero en su casa espectacular lejos de las ciudades, con jardín privado, piscina, y todos los lujos que el resto de personas sólo pueden soñar. Esto ha ocurrido durante el confinamiento.

Los peligros democráticos por el confinamiento. La conducta que ha mostrado la sociedad española en este confinamiento reúne todos los ingredientes para un golpe de estado. La gente estaba encerrada en casa, sin protestar, apoyando prácticas autoritarias, creyéndose sólo la versión oficial, y escuchando obedientes y sumisos las televisiones que difundían las proclamas y mensajes del gobierno autoritario. Se creían las doctrinas, y las difundían entre ellos mismos, en sus familias, entre sus amigos, convencidos ellos mismos de esta mentira histórica. Estos son ingredientes horriblemente peligrosos para una democracia y para la libertad.

España no ha tenido un golpe de estado muy probablemente por pertenecer a Europa, pero estoy convencido de que la democracia ha estado en muy serio peligro. Tengo el pleno convencimiento de que el peligro a perder la democracia estuvo mucho más cerca de lo que la gente se imagina.

A día de hoy, esta democracia todavía está herida, muy herida. En mi opinión, el riesgo de perder la democracia todavía no ha terminado, y sigue presente. Hay malos síntomas, y estoy no va bien. La democracia necesita recobrar su salud, porque sí, la salud de la democracia también es imprescindible, porque una democracia enferma puede terminar en el peor de todos los finales. La libertad de expresión y la libertad de opinión forma parte de una sana y real democracia. Lo recuerdo muy vigilante por si algún represor o represora lo ha olvidado.

Qué ha escondido el confinamiento. Decir que el confinamiento ha sido la solución a favor de la salud es una excusa barata y simplista aprovechando la incultura y la obediencia de un pueblo inculto. Llevamos décadas en que esta generación está creciendo con todas las facilidades y comodidades, y no saben luchar. Ha llegado un problema grave, serio, y no han sabido que hacer.

El confinamiento se ha usado para esconder que los gobiernos no invierten en sanidad, que no tenemos la suficiente inversión en investigación sanitaria, en equipamientos médicos, en profesionales sanitarios, médicos, doctores, doctoras, que no hay suficiente material sanitario, que no se invierte suficiente en laboratorios, y que la salud les importa una mierda a los políticos. La sanidad y la salud fueron los primeros sectores que se recortaron cuando llegó esa crisis económica del 2008 tan grave y profunda. Se recortó presupuestos, se bajó sueldos, se despidieron médicos, profesionales, se quitaron inversiones de investigación y desarrollo médico, y ahora se ve la recompensa. Ahora dice la vulgar prensa de este país que es culpa de la gente irresponsable. ¡Una mierda! No habría pasado esto sin los recortes en sanidad.

Delitos durante el confinamiento. Decían que durante el confinamiento habían bajado los robos. Es lógico, pues no había casi nadie en la calle, pero han aumentado gigantescamente otros delitos. Las ocupaciones de viviendas vacías y segundas residencias, gracias a la ausencia de personas, ha batido récords hasta alcanzar números asombrosos.

Es un ejemplo. Justo ahora se comienzan a descubrir miles y miles de delitos que han ocurrido estos meses, sobre todo dentro de los propios hogares, y que en estas fechas se están denunciando en los Tribunales, pero la justicia está colapsada ante el aluvión de denuncias que se están presentando, y los números exactos tardarán en saberse. Hay denuncias que tardarán años en resolverse, por el gran volumen de trabajo de los Juzgados. Tan pronto se sepan, yo os actualizaré el artículo y os informaré.

Represión policial del confinamiento. En España los políticos ordenaron la mayor represión policial que se ha visto jamás en una democracia. Este país ha vivido una represión como sufrió durante la dictadura franquista. Ordenaron a los policías vigilar que los ciudadanos no salieran de sus casas, y las patrullas policiales recorrían las calles de las grandes poblaciones y ciudades persiguiendo a menores, ancianos, mujeres, minusválidos y cualquier otra persona, para que no estuvieran en la calle.

Aquí multaban a la gente por ir a comprar el pan en otro barrio lejos de tu casa. Aquí te multaban si salías sólo para comprar un paquete de arroz. Aquí se han puesto multas porque cruzar una calle suponía cambiar de municipio. Aquí se han impuesto las multas más esperpénticas de una democracia.

Es una vergüenza. Es vomitivo. Es repugnante. Es imperdonable. Los políticos no pueden usar a la policía para reprimir a sus ciudadanos y ciudadanas, mucho menos en una democracia, e inadmisible para perseguir ancianos y menores. Esta no es su función de la policía en una democracia. Esto es propio de dictaduras y autoritarismos. Una democracia no puede imponer jamás la ley del miedo.

La democracia herida por el confinamiento. Este confinamiento es una enfermedad de las democracias. Ninguna democracia sana puede permitirse encarcelar a su pueblo en sus hogares, y usar los poderes del Gobierno para vigilar que nadie salga de su prisión. Este confinamiento ha demostrado que tenemos una democracia imperfecta, herida y enferma, y hay que empezar a trabajar en curarla, pues existe el riesgo de que el paciente empeore muy gravemente, con terribles consecuencias.

El patético periodismo durante el confinamiento. El comportamiento de muchos periodistas y programas de televisión españoles durante el confinamiento fue vergonzoso, vomitivo, repugnante, asqueroso, despreciable, y se convirtió en el ejemplo perfecto de lo que es el periodismo vulgar de mierda.

Hay periodistas y programas de televisión que disfrutaron de crear alarma y pánico social. Hicieron una carnicería de la tragedia, y mostraron sin ningún disimulo que están al servicio de los políticos, repitiendo las notas de prensa como si fueran las proclamas autoritarias de un dictador que adoctrina y manipula a su pueblo. ¡Y siguen! ¡Y seguirán! Mucho miedo de la gente y la sociedad es culpa completamente de los periodistas, y afirmo rotundo que sin televisión y sin periodistas esta epidemia se hubiera gestionado mucho mejor. La gente estaría mucho más fuerte mentalmente, muchas empresas no se hubieran arruinado, el negocio del turismo no hubiera sufrido las mayores pérdidas de su historia, se hubieran salvado miles y miles de puestos de trabajo, y muy probablemente se hubiera evitado algún suicidio y alguna muerte.

El periodismo ha sacado su peor cara jamás vista. No hubo entretenimiento en televisión. Sólo les faltó a los periodistas salir diciendo a gritos que la gente se pusiera de rodillas y se arrepintiera de sus pecados.

Os he explicado que soy fotoperiodista, pero nunca he querido trabajar para medios españoles. No tienen imparcialidad, no tienen credibilidad, su profesionalidad no está al nivel del periodismo internacional, y no están al servicio de su sociedad. Sólo están bajo orden y mando de su color político, y esto es un desastre para cualquier sana democracia.

Cómo defino yo el confinamiento. En mi opinión, el confinamiento ha sido la tortura medieval de un inepto convertido en inquisidor. Es la típica solución prehistórica de cuando la especie humana todavía eran trogloditas, y tras la cual se ha escondido la incompetencia política acumulada de muchos años de descuido, desatención, desprecio e ignorancia, en materia de salud, prevención, educación y cultura. La historia dictará sentencia a los culpables. No tengo ni la más mínima duda, ni en mi casa, ni en calle, ni en el Tribunal ni en el mismísimo infierno. Estoy plenamente convencido.

Confinamiento mundial. Cabe decir que el disparate del confinamiento no ha sido sólo una aberración de España. Lo aplicó Italia, China lo inventó, y también lo usaron Nueva Zelanda, Argentina, Reino Unido, Francia, India, y centenares de países más, cada uno con diferentes medidas. En Europa fue España quien aplicó el confinamiento más duro, y tal como se ha demostrado, no era la solución.

El confinamiento es un mal síntoma para el futuro, si se sigue por este camino. La humanidad inventó la esclavitud, que atacaba la libertad de los esclavos. Los libros de historia lo explican, y el final de estos capítulos siempre ha sido el más trágico de todos los finales.

El confinamiento, como la esclavitud, también ha atacado la libertad, y la libertad es lo que hace grande a las personas, a la humanidad, a la sociedad. La gente tiene que despertar, porque ya sabemos, mirando la historia de la humanidad, cuánto es de cara la factura a pagar, y deberíamos de saber todos y todas que es inasumible este precio.

El confinamiento en los libros de historia. Los políticos han ignorado y despreciado la salud durante años, y ahora, de repente, por sus propios intereses, dicen que es el valor más preciado. La historia va a escribir que los políticos, con la inestimable colaboración y participación de sus periodistas en nómina, han escrito la vergüenza del siglo, al mismo nivel que representó la Segunda Guerra Mundial, o en el caso de España, la Guerra Civil Española.

Los libros de historia van a escribir que esta imbecilidad causó muertes no deseadas, causó una devastación económica al nivel de toda guerra, causó un miedo superior al que provocan las guerras, causó una represión que las democracias no pueden consentir, causó unas torturas y unos daños irreparables en muchos casos, y fue mucho peor el remedio que el propio mal a corregir.

Esta historia no se puede repetir. Esto no se puede perdonar. Esto no se puede olvidar, porque se ha sembrado una semilla que puede provocar en el futuro la mayor masacre masiva de la humanidad. Parece imposible, pero vistos los hechos, yo ya no doy nada, absolutamente nada, por imposible.