La maldita hipocresía de la sociedad

En mi trabajo vinculado al periodismo hice un experimento las últimas semanas del año 2017 para ser exactos. Durante varias coberturas y reportajes quise saber si estaban dispuestos, y dispuestas, a responder preguntas relacionadas con la hipocresía de la sociedad en verso al sexo. Salvo dos o tres personas, todas las personas de ambos sexos aceptaron encantados.

Les pregunté durante estas semanas, a unas doscientas personas más o menos calculo, de ambos sexos y todas mayores de edad, si miran porno, o webs de contenido adulto, y ganó por mayoría absoluta el "no". ¡Una paliza abrumadora! ¡Incontestable la victoria del "no"!. Es curioso. Nadie mira porno, pero los números económicos de este sector son impresionantes. Os podría enumerar un listado de no terminar nunca, pero por ejemplo en Estados Unidos la industria pornográfica genera mucho más movimiento económico que la prestigiosa NBA y la Liga Profesional de Beisbol juntas, dos deportes muy importantes en ese país. ¡Pero nadie mira porno! ¡Eso dicen!.

Para dejar más fácil las respuestas, no les pregunto entonces por porno. Simplemente, les pregunto por si miran webs de contenido erótico, o fantasía, como puede ser bondage. También dicen que no. ¡Tampoco! La gente se mira los teletubbies, Barrio Sésamo y los vídeos de gatitos.

¡Un tercer intento! ¡Ahora hablando de la televisión! ¡Una pregunta sencilla! ¡Ni porno ni erótica!. Sólo les pregunto si miraron por televisión la espantosa película "50 sombras de Grey", emitida por TeleCinco las semanas previas a mi reportaje, y por sus respuestas casi nadie la vio. Sin embargo, la realidad dice que esta película, nefasta por cierto, fue la película más vista en el 2017 de todas las emitidas en las televisiones españolas, reuniendo a 4.627.000 espectadores con una cuota de pantalla del 26,5%. ¡No tan sólo esta estadística! Es el título más visto en los últimos dos años, es decir, con el 2016 incluido. ¡Pero nadie la vio!. Supongo que los índices indican que había cuatro millones de espectadores con la televisión encendida, pero quizá estuvieron dos horas cagando en el lavabo.

La penúltima cuestión es una reflexión sobre si consideran que vivimos en una sociedad llena de hipocresía, y también si creen acertado afirmar que la gente no se atreve a confesar que consume este contenido. ¡Increíble! ¡Ahora gana por paliza brutal el "sí"! ¡La mayor paliza de todas! Tan sólo dos personas no están de acuerdo. ¡Eso sí, todo el mundo están de acuerdo en que respetan las libertades de quien lo quiera hacer o lo quiera mirar! ¡Todos y todas coinciden sin excepción!.

La última pregunta, con aquel estilo cómplice, atrevido e implicado, que tanto me gusta en periodismo, les pregunto si cabe la posibilidad de que alguna de sus respuestas, o un trozo de sus respuestas, tengan un poco de mentira, y casi la mitad de todas las personas reconocen entre timidez que a lo mejor sí puede haber alguna pequeña mentira.

Toda esta realidad, extensible a la sociedad completa, no nos puede hacer quedarnos indiferentes. Contra la hipocresía no podemos quedarnos quietos. La hipocresía actual reinante viene impuesta por una ideología arcaica, de una mentalidad prehistórica, propia de los trogloditas y los neandertales, llena de tabúes, de prejuicios, de estupideces que inculcaron a su gusto moralistas necios hace siglos, pero que lamentablemente sigue vigente.

La hipocresía es un lastre para la cultura, y yo no lo permito. Yo no hablo con hipócritas, no trabajo con hipócritas, me repugnan los hipócritas, y desprecio los hipócritas. Me parece vergonzoso, y es muy triste que por culpa de todos estos indeseables las personas no se atrevan a responder con total libertad. No pueden decir la verdad. No pueden responder con sinceridad. No pueden tener una conversación abierta, natural, espontánea y extrovertida. ¡No pueden! Porque entra entonces el factor del miedo al "qué dirán" o "que pensaran!, la maldita hipocresía de la sociedad.

Esta hipocresía de la sociedad se ha transformado en un tribunal de la vida cotidiana que somete bajo su tiranía a todo tipo de personas. Por culpa de la hipocresía las personas hablan teniendo en cuenta lo que dirán los demás, lo que pensarán los demás de nosotros, sin dejar sernos nosotros mismos, y esto es inadmisible.

Supongo que recordáis las cinco preguntas del reportaje en este artículo. Supongo que recordáis el alto número de personas que, en alguna de éstas, han reconocido mentir. Ahora respondo yo.

De la primera… Por supuesto que sí que miro porno y webs de contenido adulto. Hoy en día este sector ha avanzado mucho. Me sorprende la incorporación de la tecnología en este sector. Me sorprende también estas películas que se hacen en unos escenarios increíbles, pudiendo recrear todo tipo de lugares, desde quirófanos, hospitales, prisiones, casas con piscinas fabulosas, gimnasios, barcos, y cualquier lugar. Ningún escenario se resiste al porno o erotismo.

No lo olvidéis… el consumo de la industria porno, erótico y productos sexuales, supera todos los otros sectores de la sociedad. Es uno de los tres grandes negocios a nivel mundial. Mueve centenares de miles de millones de euros al año, se compran millones de artículos, y me gustaría saber si habéis pensado alguna vez, u os habéis preguntado a vosotros y vosotras mismas, cuántas personas follan al día en todo el mundo. ¡Millones! Sí, según la hipocresía todos por amor, rosas, flores, besitos y un cariño ¡Que bonito! ¡Por supuesto que no me lo creo! ¡La hipocresía se puede ir a la mierda!.

La gente mira porno… Mucho… ¡A millones! ¡Hombres y cada vez más mujeres! ¡Sin ninguna duda!... Y no es ningún escándalo, porque estamos ya en la segunda década del siglo XXI si alguien no se ha enterado. ¡No estamos en la Edad de Piedra!.

De la segunda… sobre si miro contenido erótico que no sea porno, creo que está muy claro con decir que hago fotos bondage y tengo web bondage. Lo que no miro son los teletubbies.

La tercera… 50 sombras de Grey me parece una película ridícula, con un marketing agresivo que sólo busco esa parte morbosa y sexual de una fantasía, mal buscado por cierto, y demostrando que no tienen ni idea de la temática. Sólo es un marketing que, curiosamente, ha acertado de lleno al tener en cuenta la hipocresía. Sabían que la gente la miraría, que sería un éxito de público, y de televisión, como así fue.

La cuarta… estoy plenamente convencido de que esta sociedad vive rodeada y atada por la hipocresía. ¡Muy bien atada! Las personas se han dejado someter a los hipócritas. Obedecen, callan y se comportan como dicta la hipocresía. Para mí, ¡que se follen a la hipocresía! Los que dictan las normas sociales son curiosamente los primeros en no cumplirlas.

La quinta y último… no he mentido lo más mínimo en ninguna respuesta. Me ha faltado en todo caso añadir un detalle. ¡Chicos y chicas! ¡Hombres y mujeres!¡El tiempo concedido para vivir es limitado! ¡90 años es muy poco tiempo! ¡No lo arruines, no lo desperdicies! ¡Todo el tiempo perdido no volverá! ¡Elige! ¡ Sé tú mismo/a, o vive bajo el yugo de la hipocresía! ¡Tú decides!.

Llevo 25 años trabajando de fotógrafo cada semana, y aprendí hace muchos años que en el mundo de la fotografía hay historias de todo tipo. He hecho centenares de miles de fotografías, desde famosos hasta gente desconocida, y sé que este es un sector muy complejo.

La irrupción de las redes sociales y toda esa multitud intrusos que se creen fotógrafos simplemente porque se han comprado una cámara de fotos, ha sido uno de los factores importantes en la grave decadencia de este arte fabuloso.