Nosotros no obedecimos el autoritario confinamiento

Comienzo escribiendo este artículo con una advertencia muy clara y muy directa. Este país, España, es un estado democrático, con derechos fundamentales protegidos e inviolables, como son la libertad de expresión y la libertad de opinión, que cualquier persona puede ejercer libremente por cualquier medio. En mi uso y ejercicio de estos derechos, os voy a escribir un artículo muy claro y sin censura hablando del confinamiento que aplicó entre marzo y mayo de 2020 la dictadura sanitaria española, y emprenderé inmediatamente y sin previo aviso las acciones legales y judiciales contra quien coarte, coaccione, limite, amenace, prohíba o manipule estos derechos fundamentales protegidos por ley, seas quien seas.

Añado también que soy fotoperiodista desde hace más de 25 años para medios internacionales, sin dar más detalles ni desvelar sorpresas, y como fotoperiodista también tengo todo mi pleno derecho a la libertad informativa, y hablar de mis propias experiencias.

"Derecho personal fundamental de la libertad de expresión y opinión"

Repito que no hay más aviso que éste. Yo he asumido desde mi infancia que la vida son combates desde el primero hasta el último día. La vida sólo es un cuento de hadas para los millonarios y los futbolistas que viven en una burbuja de vanidad, de ego, de prepotencia, de caprichos y riqueza. El resto, como he dicho siempre, incluido fotoperiodistas, a jodernos y a sufrir. Toda mi vida, desde la más tierna infancia, ha estado marcada por combates. No es ningún drama tampoco. El destino está escrito, y se cumple. Hay que aceptarlo. Yo lo acepto, y espero que mis enemigos entiendan que van a asumir las consecuencias. Por lo tanto, espero, y quiero, respeto y legalidad ante el uso de mis derechos fundamentales protegidos por ley. Lo repito por quinta vez. Estoy en mi pleno y legal derecho. Esto no es Corea del Norte o Irán o Arabia Saudí. Esto es España. Esto es democracia.

Hecha esta advertencia, comienzo el artículo donde os voy a hablar de lo que ha sido el histórico y autoritario confinamiento donde se ha demostrado la teoría de Einstein, cuando habló de la estupidez humana y su infinito. Esta etapa ha sido una estupidez mundial que va a provocar un cambio con el peor de todos los finales, pero hay que buscar cómo la humanidad ha llegado a este punto, y para ello voy a analizarlo por partes.

"El inicio en marzo de 2020 de la dictadura sanitaria y su confinamiento"

Faltaban dos días para iniciarse el confinamiento en España. Se decretó un sábado a mediados de marzo. El viernes anterior yo fui a la Universidad por razones profesionales. El edificio estaba vacío. No había prácticamente nadie. Era como si la universidad hubiera abierto para mí sólo. Me quedé impresionado. Girabas por pasillos, subías por las plantas, y todo estaba desierto. Parecía que estuvieras en el escenario de la típica película norteamericana de terror, con la chica sola en la universidad. ¡Idéntico!

Al día siguiente, sábado para ser exactos, fuimos a hacer fotos bondage, y la carretera estaba vacía. Jamás había yo visto esa carretera tan vacía. Es una carretera muy transitada, muchas veces colapsada y con caravanas, pero recorrimos kilómetros y kilómetros prácticamente solos. La gente ya se había encerrado en su casa antes de ser obligatorio. Me acuerdo que paré en una gasolinera, y le dije entre risas al propietario de la gasolinera que la carretera estaba espectacular, sola, y me comentó el imbécil todo serio que eso es lo que tenía que hacer la gente, encerrarse en casa y no salir. ¡Puto subnormal!, es lo que pensé. Pagué y me fui.

Yo salí igualmente a mis paseos y mis fotos, pero he de reconocer que los primeros quince días no le di mucha importancia a la situación. Había gestos ridículos y patéticos. En mi vivienda en Barcelona tenía una vecina, en la calle de enfrente, que no había oído jamás, y de repente la loca salía al balcón se ponía música de mierda con canciones insultantes para que la gente se quedara en casa, y hablaba con el vecino de una punta de la calle a otra, a gritos como si se hubiera comido un altavoz. Estaba la loca contenta y feliz encerrada, e incluso se engalanó el balcón con unos globitos y dibujos de arcoíris que parecía la obra de un crío de parvulario.

Por si no había ya bastante tontería, llegados el segundo día de confinamiento, escuché a la gente aplaudir por las ventanas. No tenía ni idea de qué iba la historia, pero a la mañana siguiente me enteré que era para apoyar a los médicos y elogiar su trabajo, según decía la dictadura sanitaria. Yo no di ni un aplauso. A veces estaba por las montañas a esa hora, o volvíamos de hacer fotos, o si estaba en casa me duchaba, pero no aplaudí ni un solo segundo. Yo no creo en los médicos, y de ellos hablaré en otro artículo.

El momento de los aplausos es uno de los episodios más ridículos, vergonzosos, patéticos, humillantes y degradantes, que he vivido. Aplaudía la gente como focas amaestradas desde balcones y ventanas, cada día, a las ocho en punto, y al final se convirtieron en un concurso para ver qué vecino aplaudía más fuerte, o más rato, o más puntual. Había gente tarada que empezaba cinco minutos antes a aplaudir, o que cuando acababan todos los vecinos ellos seguían aplaudiendo, demostrando ser los más borregos, adoctrinados y adeptos del golpe a la muerta democracia.

"Qué hice yo durante el confinamiento"

Yo he dicho siempre que, en mi ideología y creencias personales, yo no he obedecido, no obedezco y no obedeceré jamás, ni una sola orden de dictadores, tiranos, golpistas, autoritarios, imitadores, copias y demás, y por lo tano, no obedecí el confinamiento ilegal. Lo dije desde el primer día, actué en claro reto y desafío, y el Tribunal Constitucional sentenció, tal como yo dije basado en mi simple pensamiento, que el confinamiento fue ilegal.

Los primeros días me los tomé con mucha calma y diversión. Me parecía esperpéntica y surrealista la situación, y sobre todo la reacción de la gente. Fuimos a hacer un par de días de fotos y salimos a pasear, pero estaba todo cerrado. Poco podías hacer. Nos dedicábamos a pasar el tiempo por paseos y fotos y tomar el sol, porque estábamos en el gloria poniéndonos morenos.

Sin embargo, visto el comportamiento de un pueblo que será la vergüenza intelectual en los libros de historia, el Gobierno se atrevió a transformar la democracia en un sistema autoritario y dictador, y prolongó el confinamiento más allá de los quince días previstos. En la práctica se anularon todos los derechos de una sana democracia, y el país pasó a estar prisionero y encerrado en sus hogares, pero lo más curioso de todo es que la gente estuvo de acuerdo. Estaban felices incluso.

Yo salía por la calle, y la gente te miraba desde sus ventanas como si fueran los espías de la antigua Gestapo o los asquerosos chivatos en época de guerra. Te amenazaban con llamar a la policía, te decían que en la calle no se podía estar, y como íbamos Thyffany y yo juntos de paseo nos gritaban que no se podía ir dos juntos por la calle. Hubo una chica veinteañera, perturbada y atontada, que nos gritó que no se podía hacer fotos en la calle porque estábamos en estado de alarma. ¡Así de imbécil fue la gente en esta época!

Llegado abril, y como la tiranía de la dictadura continuaba, yo decidí tirar adelante, y fuimos a hacer fotos y pasear y tomar el sol todos los días. Yo me encargaba de los problemas que pudieran salir, con policías o con quien fuese, y yo asumí las decisiones y estrategias para el éxito y la victoria de nuestros ideales. Podríamos decir que adopté medidas de guerra, y quién sabe, quizá para estrategias estoy entrenado y preparado, pero esto ya son mitos secretos y personales.

He de reconocer que la lluvia truncó muchos planes. Llovió muchísimo esa primavera y ese abril, y llovió con ganas y fuerza. Nos pillaron un par de tormentas. Un día tuvimos que salir corriendo porque venía una tormenta muy fuerte por la montaña, y otro día nos pilló un diluvio que tuve que salir de la autopista por seguridad. Nos metimos bajo un puente esperando. Había como una especie de bar musical y hotel, pero al mirarlo con calma vi que era un local de prostitución. Me hizo gracia el puente donde nos metimos para escondernos de la tormenta, y ¡sí!, la lluvia nos anuló muchos planes esas fechas.

Aún así, pudimos hacer muchos planes, y era una maravilla. Las carreteras estaban impresionantemente vacías. Daban hasta miedo. En una carretera muy famosa por ser muy transitada, recorrimos el tramo de seis poblaciones y sólo nos encontramos un coche. ¡Increíble! ¡Lo nunca visto! Y el precio de la gasolina fue fantástica. Llegamos a poner la gasolina a 0'86 céntimos. ¡Jamás había estado tan barata! Y los escenarios para fotos era todo silencio y solitud..

Dije por redes sociales, en persona y en cualquier conversación, que yo no iba a obedecer a la dictadura, porque mi conciencia me impide masacrar a los débiles e indefensos, y que tampoco iba a obedecer porque mi ideología, mis creencias, y mi firme y determinado compromiso con la democracia me impide obedecer escoria de dictadores, tiranos, autoritarios y demás, y no obedecí. Respeté, única y solamente, los días de lluvia.

"Cómo defino yo el confinamiento"

En mi opinión, el confinamiento ha sido la tortura medieval de un inepto convertido en inquisidor. Es una medida prehistórica adoptada por una mente troglodita para exterminar la democracia que le molesta, e instaurar un régimen autoritario en su dictadura sanitaria, pero el alimento de toda dictadura es el miedo que se expande por el pueblo. El miedo alimenta las dictaduras. Sin miedo, no hay dictaduras.

Aquí, en nuestro país, el dictador, la cúpula de la dictadura y sus secuaces y cómplices, extendieron el miedo con una excusa sanitaria, jugando con el lema de que se van a morir todos y la medicina no les va a poder curar, y en verdad su miedo les funcionó, porque el 98% de la sociedad estuvo de acuerdo, la apoyó, y la defendió, pero se olvidó de que un ejército repleto de cobardía y miedo es un ejército débil condenado a ser derrotado. El número no me ha importado jamás. Es la calidad del rival, y en esta guerra el rival se comportaba como simios en el zoo, y la comparación es fabulosa y muy oportuna, porque la gente se grababa con el móvil y lo subía a las redes sociales, para enseñar al mundo entero que obedecían sumisos como ovejas en el rebaño.

Por cierto, en el párrafo anterior, he usado la palabra "guerra". El confinamiento es un arma de guerra, que se usa en golpes de Estado y sistemas militares, Pedro Sánchez, el Presidente de España, utilizó el término "guerra" en alguno de sus adoctrinamientos televisivos. También lo hizo Emmanuel Macron, el Presidente francés, aunque hicieron equilibrios para no volver a usar esta palabra en sus discursos y locuciones.

Por lo tanto, sí, ha sido una guerra, y seguimos en guerra hasta que los dictadores no sean detenidos, juzgados y metidos en prisión. Una de las demostraciones más claras fue que en las televisiones españolas hablaban los altos mandos de la policía y del Ejército, pero supuestamente se habían justificado en una crisis sanitaria. Tenían que hablar médicos, epidemiólogos, y profesionales sanitarios del máximo rango. No tenían por qué hablar en televisión los mandos policiales y militares a los ciudadanos y ciudadanas españoles, salvo que estuviéramos en una guerra que el Gobierno autoritario no había reconocido.

Estoy plenamente convencido de que en el futuro, los libros de historia, reconocerán que esto ha sido un golpe autoritario a la democracia, y que los dictadores y responsables de la dictadura sanitaria serán criticados con severa dureza en los libros de historia. La democracia no estará a salvo hasta que se reconozca el error de la dictadura sanitaria y se penalice a los culpables. No tengo ni la más mínima duda, ni en mi casa, ni en la calle, ni en el Tribunal ni en el mismísimo infierno.

Para mí, y repito de nuevo, el confinamiento ha sido el uso como estrategia de guerra de la dictadura sanitaria, y para ver que ha sido una guerra sólo hay que mirar el resultado. Hay decenas de miles de muertos. Hay millones de trabajos perdidos. Hay una ruina económica sin precedentes. Hay miedo en la sociedad. Hay miles de empresas destrozadas. Hay derechos y libertades vapuleados y prohibidos. Se vive un clima de postguerra, con todos los precios disparados y encarecidos, sobre todo en el sector energético, los alimentos y la gasolina. Son todos los destrozos de una guerra, con la diferencia de que aquí no se han lanzado misiles y no se han derrumbado edificios. Aquí se ha eliminado gente y empresas sin tocar las fachadas. Por fuera todo sigue intacto. Por dentro está todo destruido.

Cabe decir que el disparate del confinamiento no ha sido sólo una aberración de España. Lo aplicó Italia, China lo inventó, y también lo usaron Nueva Zelanda, Argentina, Reino Unido, Francia, India, y centenares de países más, cada uno con diferentes medidas. En Europa fue España quien aplicó el confinamiento más duro, y tal como se ha demostrado, no era la solución.

El confinamiento es un mal síntoma para el futuro, si se sigue por este camino. La humanidad inventó la esclavitud, que atacaba la libertad de los esclavos. Los libros de historia lo explican, y el final de estos capítulos siempre ha sido el más trágico de todos los finales. De seguir así, la humanidad va camino a destruirse ella sola con una devastadora tercera guerra mundial. Sólo lo evitara castigar a los culpables de la dictadura sanitaria, y obligarles a que pidan perdón y reconozcan su error en público.

El confinamiento, como la esclavitud, atacó de lleno la libertad. No atacó el virus. Eso es una excusa. La dictadura atacó directa y salvajemente las libertades de las personas, como suele hacer todos los sistemas autoritarios, y la libertad es lo que hace grande a las personas, a la humanidad, a la sociedad. La gente en el futuro tiene que despertar y no repetir esta estupidez, porque ya sabemos, mirando la historia de la humanidad, cuánto es de cara la factura a pagar, y deberíamos de saber todos y todas que es inasumible este precio.

"Las dos caras del confinamiento"

Yo crecí en mi infancia rodeado de naturaleza y animales en un ambiente rural y un pueblomuy tranquilo en aquellos años. También viví en una gran ciudad, y a día de hoy. paso la mayor parte de mi vida por muchas montañas, bosques, ríos y parajes rurales, tal como ya se nota en mis fotos, y os puedo decir que en miles de poblaciones el confinamiento no ha existido. Muchas personas me han explicado que estaban muy contentos con el confinamiento porque de este modo la gente de ciudades como Barcelona y otras poblaciones masificadas no venían. Los parajes estaban solitarios. Parecía que el mundo se había acabado, y sin embargo todos decían estar felices. ¡Qué bien sin la gente, decían! ¡Es una maravilla sin gente, decían! ¡Ojalá dure años el confinamiento, decían! ¡Es el mejor momento de nuestra vida, decían! ¡Esto es el paraíso, decían! ¡Felices, muy felices!

Se podía pasear con total libertad. No te encontrabas a nadie. Estábamos solos, con una tranquilidad y solitud que ni el cine es capaz de recrear. Sólo se escuchaban pájaros, agua, viento y animales. Parecía que las montañas eran para nosotros solos, porque el confinamiento ha afectado muy desigual. En Barcelona se instauró un estado policial represor, con los policías persiguiendo a cualquier persona, aunque sólo fuera para comprar una barra de pan, pero fuera de las ciudades la realidad era completamente distinta.

Nosotros lo sabemos muy bien porque durante esa etapa del confinamiento estuvimos tanto en Barcelona como en las montañas, y puedo decir, por experiencia propia vivida, que estas dos caras del confinamiento han demostrado que la gente se odia. La gente no se soporta. Es histórico el odio entre la gente rural y la gente urbana, y el confinamiento ha afectado de lleno a la gente urbana. La gente rural ha sido muy feliz. Apenas les ha afectado. Para muchas personas incluso su vida había mejorado, mientras en ciudades como Barcelona ha sido una masacre.

También hay otros sectores que se han alegrado del confinamiento, como han sido los periodistas y los policías, ya que gracias a su vital participación e implicación se ha podido dañar mortalmente la débil democracia. Periodistas, por ejemplo, se podían mover con total libertad, poorque para periodistas no había restricciones, no había limitación perimetral y se podían mover con total libertad con su carnet de prensa. Los periodistas podían ir a sus segundas residencias, disfrutar de la naturaleza o viajar, o esquiar sin ninguna barrera, usando de excusa que iban a trabajar, y es la recompensa que les dio la dictadura por su servicio y complicidad.

"El confinamiento ha arruinado a millones de personas"

Hablando de pobreza, ya que lo he mencionado, el confinamiento ha marcado y hecho más grande todavía la diferencia entre ricos y pobres. El confinamiento ha masacrado la pobreza, la gente vulnerable en riesgo de exclusión social, y esa gente que vive con la economía sumergida y diaria, que son mucha gente en España. Han perdido sus ahorros, sus trabajos, su forma de subsistencia, no han podido pagar las habitaciones de alquiler donde viven hasta diez personas en pisos pequeños, y tras el confinamiento mendigan buscando comida en los bancos de alimentos o las organizaciones que les ayudan, y les dan comida gratis, porque no tienen para comprar comida todo el mes. ¡Y esto es Europa! No hablamos del tercer mundo que tantas veces se crítica o se ridiculiza por televisión. ¡No, no! Hablo de Barcelona, hablo de Europa.

Igualmente, había gente que sobrevivía al ritmo de la mayoría de la sociedad, pero sus negocios se hundieron por dedicarse a sectores como el turismo u otros ramos. La dictadura sanitaria les obligó a cerrar, pero les exigía que siguieran pagando el alquiler del local, y los facturas, y sus impuestos, y sus autónomos, y los ha hundido en una pobreza en la cual no habían estado nunca. Muchas personas no han aguantado la presión o la nueva situación, y se suicidaron.

De un colectivo u otro, la realidad es que hay colas de centenares de metros que hacen las personas pidiendo comida. Los veo. A pocas esquinas de donde escribo ahora hay una cola de doscientos metros de personas, pegadas en la fachada, pidiendo comida. Hay colas cada día, desde hace meses. Hay miles y miles de personas que necesitan que les den comida, porque no tienen dinero para comprar comida. Los bancos de alimentos, y las asociaciones de ayudas varias, están desbordadas de peticiones, y no estoy hablando de un país africano o de poco desarrollo. Esto es Europa. Esto es España, y esto lo he visto yo, aquí, en Barcelona, gran ciudad europea, y se ve todavía, dos meses después de terminar el confinamiento, y se seguirá viendo.

"Los ricos salieron más ricos del confinamiento"

Por el contrario, la riqueza ha sido un descanso, en sus casas grandes, sus piscinas, sus habitaciones de sobras, su soleado jardín, su silencio y todas las comodidades, lujos y placeres, de los cuales te puede nutrir el dinero. Mucha clase social alta se ha movido, se ha ido a vivir a sus casas en paisajes uy bonitos que tenemos en nuestro país, han disfrutado de fiestas y reuniones privadas, e incluso sin hacer nada, sin tener que desplazarse a la oficina o al despacho, han visto aumentar su cuenta corriente y son más ricos. Os preguntaréis cómo se hace eso. Se lo preguntáis a los ricos, que por algo son ricos. Uno no se hace rico trabajando de camarero o dependienta de lunes a sábado todo el día. ¡Así no te harás rico jamás!

El dinero sigue existiendo. El dinero que no tienen los pobres, sí lo tienen los ricos. ¡Que nadie se equivoque! Hay fortunas y millonarios que todavía se han enriquecido más gracias al confinamiento. Es muy difícil de imaginar si no se sabe de economía, pero para las grandes fortunas o los inversores han seguido moviendo su dinero, porque se podía seguir operando a través de la tecnología y las operaciones online. La sociedad es el tablero donde se juega, y la gente son las piezas. Es muy duro de concebir, lo sé, pero muy fácil de entender si se quiere.

No lo olvidéis. Mientras había gente deprimida y torturada encerrada que se hundía en la pobreza en un pequeño piso de habitaciones compartidas en un barrio de mierda, había gente feliz y exultante que ganaba dinero en su casa espectacular lejos de las ciudades, con jardín privado, piscina, y todos los lujos que el resto de personas sólo pueden soñar. Esto ha ocurrido durante el confinamiento.

"Los suicidios durante el confinamiento y mentiras de la dictadura sanitaria"

La dictadura sanitaria que salió a flote en el confinamiento provocó una destrucción jamás vista en democracia y en paz, y gran parte de la culpa en esta destrucción la tuvieron las mentiras del dictador, sus secuaces y sus cómplices. Les prometieron a millones de personas que perdieron sus negocios y su trabajo que lo iban a recuperar. Les prometieron que iba a durar quince días o dos meses. Les prometieron que les iban a ayudar económicamente. ¡Mentira! La historia la demuestra. Hay miles de empresas que han quebrado. Hay miles de negocios particulares, sean bares, tiendas, talleres y demás, que han cerrado. Hay millones de puestos laborales destruidos.

La gente se creyó las mentiras de la dictadura. ¡Yo lo advertí! Es todo mentira, pero no me hicieron caso, otra gente no me quiso creer, y millones de personas estaban en mi contra. Millones de personas apoyaron como borregos adoctrinados y domesticados la dictadura sanitaria, y tal como dije, hubo mucha gente que ya no abrió su negocio, y que ya no recuperó su trabajo.

Para la gente que iba justa de dinero, que ya tenía deudas, que no disponía de ahorros, o que tenía esa edad de los 50 años donde te excluyen de nuevas ofertas laborales y ya no encuentran trabajo, fue insoportable. No pudieron pagar sus alquileres, no podían pagar sus facturas, sus impuestos, comenzaron a verse acosados por las deudas, y cayeron en depresión y hundimiento. No vieron fueron, y se suicidaron, y no hablo de un caso o de diez casos. ¡No! Hablo de decenas de miles de suicidios.

Sin embargo, la prensa repugnante, convertida en un altavoz de las proclamas y mensajes autoritarios, se limitó a reconocer que había empeorado la salud mental de la población, y que se notaba una subida en las enfermedades mentales. Eso se limitaron a decir. No dieron cifras de cuántos suicidios había provocado la tortura de la dictadura sanitaria.

Los suicidios también se dispararon entre el público joven, adolescente y menores. Fue alarmante. El suicidio se convirtió en la primera causa de muerte entre los adolescentes, tal como se publicó en varios informes de centros hospitalarios y especializados en psicología. Esta enferma, enloquecida y criminal dictadura sanitaria, encerró a niños, menores y adolescentes, durante un mes y medio consecutivo, en sus pisos, encerrados en su casa con sus padres, sus hermanos o sus abuelos. No podían quedar para jugar con sus amigos, les cerraron las escuelas, y los jardines o columpios se los precintaron y sellaron para que no jugaran. ¡Real! Esta ha sido la mayor tortura y masacre en menores y adolescentes en toda la historia de la humanidad desde los tiempos de Herodes, y lógicamente, muchos menores se suicidaron, o intentaron suicidarse, o se provocaron autolesiones físicas, o entraron en una depresión que les marcara de por vida.

Toda esta generación completa va a desarrollar traumas que se van a pagar muy caros en el futuro. Muchos menores han sufridos tormentos que ahora mismo no sabemos, porque sus padres no les dejan explicar y ellos tampoco pueden explicar, pero estoy completamente seguro de que muchos padres han aprovechado la ocasión para hacer perder la personalidad, el carácter y la rebeldía, propia de muchos hijos e hijas en esa etapa de su vida. Han vuelto a sus menores sumisos, obedientes, temerosos y aislados. Estoy seguro que hay niños que han sufrido castigos físicos, y miles de menores, en una cifra mucho mayor de la que podamos imaginar, han sufrido también castigos psíquicos, en forma de adoctrinamiento y manipulación. Estoy seguro que muchos padres han intentado corregir la conducta gay que puedan mostrar sus hijos, o la conducta rebelde, o les han hundido sueños o deseos de su futuro, para ser lo que sus padres quieren que sea. No tengo ni la más mínima duda.

A fecha de hoy, en pleno agosto, veo menores por la calle con su piel pálida, paseando de las manos de sus padres, con su mirada huidiza, cabizbajos, temerosos, sin sus amigos, sin fuerza ni energía. Eso no es protegerles o educarles. Eso es castigarlos y torturarlos, pero del tema tengo un artículo especializado, donde hablo con profundidad de esta inhumana dictadura y su comportamiento criminal con los menores y adolescentes.

"Los delitos de la dictadura sanitaria durante el confinamiento"

Yo me salté todas las prohibiciones de la dictadura sanitaria. Me desplacé, salí cada día, crucé poblaciones cuantas quise, y dije muy claro, ya desde el mismo inicio de la dictadura, que yo no iba a obedecer ni una de sus normas.

El encierro de la abrumadora mayoría de la sociedad, porque el 98% de esta absurda sociedad se encerró encantada y convencida, permitió que la propia dictadura cometiera delitos inimaginalbles en democracia. Desaparecieron vagabundos y gente pobre o excluida que vivía en barracas o ruinas. Ocurría cosas terriblemente extrañas e inauditas, incluso con la policia. A mí me advirtieron personas vinculadas a la policia que fuera en cuidado con algunos lugares y algunos de sus compañeros, y que por seguridad evitara determinadas zonas, porque los propios policias desconfiaban y sospechaban de algunos de sus compañeros.

Me encontré gente escondida en edificios abandonados y en mal estado, y estaban muy asustados y aterrorizados. Contaban que se habían llevado a sus amigos, o a conocidos, y que no sabían dónde estaban, y les llamaban pero no contestaban. Los Juzgados sólo estaban abiertos para urgencias y violencia de género, y la policía había blindado sus comisarías. Estaban valladas, no te dejaban pasar de la puerta, y no te dejaban poner denuncia si el asunto consideraban ellos que no era de urgencia.

Había gente que vivía en cabañas o edificaciones clandestinas o deterioradas en ambientes rurales, solitarios, montañosos y lejos de las ciudades. Yo los veía desde hace años, y esas personas, dentro de sus recursos, ya tenían su ritmo de vida, pero llegó el confinamiento, desaparecieron de un día para otro, y sus cabañas fueron arrasadas y quemadas por unos incendios violentos que lo convirtió todo en ceniza. Sólo quedó ceniza y los hierros. Había personas que llevaban años viviendo en esas características. Se habían hecho su pequeño huerto, en el que se habían plantado sus tomates, pero han desaparecido. Ya no están. ¡Y no han vuelto!

En un sótano de un edificio abandonado, vivía un hombre pobre y solitario, que no hablaba con nadie, pero tampoco molestaba. Yo había hecho sesiones de fotos bondage cerca de donde él tenía su cama y sus pocas ropas y enseres, y nunca había molestado. Cuando veía gente por la fábrica en ruinas, se apartaba y se iba en dirección contraria, muy lejos. Muy lejos. Llegó el confinamiento. Le vi al inicio del confinamiento, le vi a mediados del confinamiento, y de pronto, desapareció. Sólo quedó un inmenso charco de sangre y salpicaduras de sangre por todo el sótano.

Esto ha ocurrido durante la dictadura sanitaria, y tengo un artículo hablando de estos hechos, y muchos otros. La dictadura sanitaria amparó delitos que para mí son genocidios y crímenes de guerra.

"Represión policial como en estados autoritarios o dictaduras"

En cuanto al comportamiento de la policía, voy a escribir otro artículo porque hay mucho que hablar del comportamiento de la policia en la dictadura sanitaria, pero aquí os voy a avanzar unos cuantos párrafos con algunas de mis opiniones, y la primera de todas mis opiniones es que los políticos en España ordenaron la mayor represión policial que se ha visto jamás en una democracia. Este país ha vivido una represión como sufrió durante la dictadura franquista.

La policia vigiló que ciudadanos y ciudadanos pacíficos, indefensos y débiles, no salieran de la prisión de sus casas, y las patrullas policiales recorrían las calles de las grandes poblaciones y ciudades persiguiendo a menores, ancianos, mujeres, minusválidos y cualquier otra persona, para que no estuvieran en la calle. Hubo policas que se creyeron los sheriffs del pueblo, que creyeron ser ellos la ley, que disfrutaron como locos de todo el poder y las órdenes trastornadas que daba la dictadura, y esa vergüenza de policias multaban a la gente por ir a comprar el pan en otro barrio lejos de tu casa. Aquí te multaban si salías sólo para comprar un paquete de arroz. Aquí se han puesto multas porque cruzar una calle suponía cambiar de municipio. Aquí se han impuesto multas patéticas, ridículas, esperpénticas e ilegales, porque meses más tarde el Tribunal Constitucional sentenció que el Estado de Alarma que decretó el dictador fue ilegal. Por lo tanto, todas las multas quedaron anuladas, y las Administraciones y Organismos recaudadores tuvieron que devolver el importe de las multas cobradas, a todas las personas que solicitaron la devolución del dinero.

El resultado vomitivo, repugnante e imperdonable, de la represión y opresión policial, fue el pánico que desataron en los niños. Yo llegué a ver niños y niñas de cinco o seis años esconderse detrás de contenedores de basura cuando veían por la calle los coches policiales, ya finalizado el confinamiento. Llegué a ver gritar aterrados a su madre que había policia en la calle. En realidad no ocurría nada y era la simple circulación, clásica y habitual, de los coches policiales que vemos a diario, pero su comportamiento tirano y déspota provocó este inmenso terror en los menores.

Por supuesto que esta no es la función de la policía en una democracia. Esto es propio de dictaduras y autoritarismos. Una democracia no puede imponer jamás la ley del miedo, pero hay mucho que hablar de este tema, y guardo el contenido para otro artículo.

Sólo os avanzo que conmigo hay un momento muy gracioso. Salimos a pasear por la ciudad, y había una patrulla policial local en esos controles que son típicos de dictaduras y sistemas autoritarios. El policía vino como para querer pararnos, todo chulo y vacilón, encantado de ser el terror en la dictadura, pero yo me encargo en la estrategia y asumo toda la responsabilidad, tal como he dicho antes. Fuimos de frente y directos al policía, y cuando estábamos a tres metros se quedó parado. Thyffany y yo estábamos morenísimos, con un bronceado de pleno agosto en verano, y eso era abril y era confinamiento. Se le pusieron los ojos al policía de sorpresa que parecía dos Lunas. Pasamos sin hacerle ni caso a un metro de él, andando, a nuestro ritmo, a nuestras cosas, sin hacerle ni puto caso. Se quedó mirándonos, que se le veía la sorpresa en la cara, y no dijo nada. Se quedó sin palabras.

De todos modos, personal vinculado a la policía nos había advertido que fuéramos en cuidado con la policía. Nos advirtieron que había compañeros suyos que se estaban comportando como sicarios de dictadores, como si fuesen la policía de un país comunista, y nos dijeron que evitáramos algunas zonas o encontrarnos con policías, porque algunos eran para expulsarlos del Cuerpo y enviarlos a prisión, y eso nos lo advirtió personas con relación por oficio al mundo policial.

"El abominable y mezquino periodismo durante el confinamiento"

El comportamiento policial no es el único reprobable, inadmisible e intolerable. Otro sector que se comportó de un modo asqueroso, traidor e inquisidor, fue el periodismo, y entre ellos habría que hablar de muchos periodistas y programas de televisión españoles durante el confinamiento. Las emisiones, el contenido, los mensajes, todo en absoluto, fue vergonzoso, vomitivo, repugnante, asqueroso, despreciable, y se convirtió en el ejemplo perfecto de lo que es el periodismo vulgar de mierda.

Hay periodistas y programas de televisión que disfrutaron de crear alarma y pánico social. Hicieron una carnicería de la tragedia, y mostraron sin ningún disimulo que están al servicio de los políticos, repitiendo las notas de prensa como si fueran las proclamas autoritarias de un dictador que adoctrina y manipula a su pueblo. Sus emisiones televisivas eran continuas, monótonas, tristes y repetitivas, y sólo daban el mensaje oficial que imponía la dictadura sanitaria. Repetían los mensajes apocalípticos uno y otra vez, cada media hora, cada hora, cada día, y difundieron el miedo que hizo fuerte a la abominable dictadura que impuso su régimen de obediencia y terror.

Así seguía la canción. Podría volver a repetir el mismo párrafo, con distintas letras u orden. Podría volver a escribir qu el periodismo vulgar de este país, mezquino, servil y sumiso, sicario a las órdenes de políticos y armados con letras y palabras, difundió una y otra vez, sin descanso y repetitivos, por todos los medios a su alcance, las proclamas autoritarias y dictadoras que inventó y practicó el comunismo de China, de encerrar a la gente en casa para proteger la salud.

Lo repito para que os hagáis una idea de lo que hizo la televisión. Repetir y repetir y repetir y repetir. Fue tan repetido que su versión la sabemos todos y todas de tanto repetirla aburrida por televisión y prensa. La hemos escuchado millones de veces desde que se declaró la pandemia. La gente lo sabe de memoria, y la gente débil, inculta e hipnotizada, se creyó la versión oficial de tanto escucharla. La inmensa mayoría de la sociedad apoyó este inicio de la mayor tragedia jamás vista. Una abrumadora mayoría, que yo cifro en torno al 98% basándome en mis experiencias, aprobó la idea del ruinoso y exterminador confinamiento.

"La gente fue el cómplice clave en el derrumbe de la democracia"

He hablado de la policia, de los periodistas, de políticos dictadores, pero antes de acabar el artículo es obligatorio hacer referencia a la gente. Lo he dicho antes. Celebraron el encierro. Se alegraron de que les prohibieran salir a la calle. La conducta que ha mostrado la sociedad española en este confinamiento reúne todos los ingredientes para un golpe de estado. La gente estaba encerrada en casa, sin protestar, apoyando prácticas autoritarias, creyéndose sólo la versión oficial, y escuchando obedientes y sumisos las televisiones que difundían las proclamas y mensajes del gobierno autoritario. Se creían las doctrinas, y las difundían entre ellos mismos, en sus familias, entre sus amigos, convencidos ellos mismos de esta mentira histórica. Estos son ingredientes horriblemente peligrosos para una democracia y para la libertad.

A mí, por salir a la calle, me insultaban desde balcones, me gritaban que volviera a casa, me vigilaban los propios vecinos, y no hablo de un caso aislado o de un subnormal tarado con problemas psiquiátricos o borracho. ¡No! Hablo de la gente, de la que compone la sociedad, y hablo de una abrumadora y aplastante mayoría, que yo cifro por experiencia vivida en torno al 98% o el 99% de la sociedad. Son la vergüenza histórica de la humanidad.

España no ha tenido un golpe de estado muy probablemente por pertenecer a Europa, pero estoy convencido de que la democracia ha estado en muy serio peligro. Tengo el pleno convencimiento de que el peligro a perder la democracia estuvo mucho más cerca de lo que la gente se imagina, y estoy convencido de que se ha perdido mucha democracia.

A día de hoy, esta democracia todavía está herida, muy herida. En mi opinión, el riesgo de perder la democracia todavía no ha terminado, y sigue presente. Hay malos síntomas, y estoy no va bien. La democracia necesita recobrar su salud, porque la salud de la democracia también es imprescindible. Una democracia enferma puede terminar en el peor de todos los finales, y a día de hoy, se tiene que luchar de nuevo por derechos que ya teníamos, que ya eran nuestros, que ya formaban parte de la libertad democrática. Se han perdido, y hay que reinvidincar, protestar, denunciar, reclamar, etc, para recuperarlos.

"El confinamiento en los libros de historia"

Ya para acabar este historia de toda la serie de artículos dedicados a la dictadura sanitaria que se aprovechó durante la pandemia, afirmo que yo tengo muy claro que la historia va a escribir que los políticos, con la inestimable colaboración y participación de sus periodistas en nómina, un pueblo aborregado y una policia que perdió sus valores y su ética, han escrito la vergüenza del siglo, al mismo nivel que representó la Segunda Guerra Mundial, o en el caso de España, la Guerra Civil Española.

Los libros de historia van a escribir que esta imbecilidad causó muertes no deseadas, causó una devastación económica al nivel de toda guerra, causó un miedo superior al que provocan las guerras, causó una represión que las democracias no pueden consentir, causó unas torturas y unos daños irreparables en muchos casos, y fue mucho peor el remedio que el propio mal a corregir.

Esta historia no se puede repetir. Esto no se puede perdonar. Esto no se puede olvidar, porque se ha sembrado una semilla que puede provocar en el futuro la mayor masacre masiva de la humanidad. Los dictadores entrarán en los libros de historia como lo que son, dictadores, y si alguien le cabrea mi opinión, recuerdo que la libertad de expresión y la libertad de opinión forma parte de una sana y real democracia. Estoy muy vigilante por si algún represor o represora lo ha olvidado, porque dije, digo y diré, que yo no he obedecido, ni obedezco, ni obedeceré, ninguna dictadura de ningún tipo, y me mantengo firme, leal y determinado, en defensa de la democracia. Aquellos y aquellas fanáticos de dictaduras y autoritarismos que no respetan los derechos, ya saben que somos, eternamente, sin perdón y sin olvido, bandos contrarios.

 

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