Los talibanes imponen el burka y la dictadura sanitaria impone la mascarilla

Siempre empiezo, todos los artículos pertenecientes al grupo de mis experiencias vividas durante esa nefasta y vergonzosa etapa de la sociedad que se le llamó pandemia, advirtiendo con toda claridad y rotundidad que vivimos en un Estado democrático, con derechos fundamentales protegidos e inviolables, como son la libertad de expresión y la libertad de opinión, y que cualquier persona puede ejercer libremente por cualquier medio.

En el ejercicio de mi uso legítimo, legal y al que tengo pleno derecho, os voy a explicar qué supuso el burka de la mascarilla que decretó la dictadura sanitaria, y emprenderé inmediatamente y sin previo aviso las acciones legales y judiciales contra quien coarte, coaccione, limite, amenace, prohíba o manipule estos derechos fundamentales protegidos por ley, seas quien seas.

Repito, e insisto, en que no avisaré y no advertiré, porque ya es válido como aviso estos párrafos previos al inicio del artículo. Aquí ya se da el aviso público y explícito. Por lo tanto, deseo, quiero, y exijo, respeto y legalidad por mis derechos fundamentales protegidos por ley, y lo repito creo ya por cuarta vez. Estoy en mi pleno y legal derecho por mi libertad de expresión, y este país no es China, no es Corea del Norte, no es Irán, y no es Afganistán.

Hecha esta advertencia, hoy, en este tercer artículo de esta serie de artículos dedicados a la dictadura sanitaria y su pandemia, os voy a hablar del burka de la mascarilla.

"El burka de la mascarilla es el símbolo de la dictadura sanitaria"

El confinamiento criminal, tirano e ilegal, que impuso la dictadura sanitaria, no acabó de conseguir el objetivo que buscaba el dictador y sus cómplices, de aniquilar la democracia y las libertades. Hubo un 2% irreductible de la población que, como yo, no obedezco jamás órdenes de tiranos, golpistas, dictadores, autoritarios, imitadores, copias y demás.

Fuimos un 2% de la población quienes nos mantuvimos firmes, leales y determinados, en defensa de la democracia, y la dictadura no tuvo forma ni modo ni fuerza para doblegarnos legalmente. Fuimos muy pocos los que defendimos la democracia, porque en una reacción inaudita, esperpéntica, ridícula y patética, el 98% de la población aprobó el encierro y el confinamiento y las restricciones, incluido el encierro de menores y ancianos. Sin embargo, su número no importaba. Prefiero un ejército de 100 tigres antes que un ejército de 47 millones de borregos sentados en un sofá, viendo la televisión, y aplaudiendo como focas amaestradas desde balcones cada día a las ocho en punto de la tarde.

Dado el autoritarismo no logró vencernos, buscó el desgaste finalizado el período del confinamiento. Su idea maligna, desequilibrada y maquiavélica, fue imponer el burka de la mascarilla obligatoria en todos sitios, exteriores e interiores, para todo el mundo sin excepción a partir de los seis años, y la policía usada como marionetas se dedicó a perseguir, acosar y multar, a todos los ciudadanos y ciudadanas, e incluso detener, que no llevaban mascarillas. Esta subnormal imposición se decretó por primera vez en la historia en -------------------------------------------- de 2020, y a fecha de hoy, dos años después, porque escribo este artículo en julio de 2022, todavía sigue siendo obligatoria en hospitales, transportes públicos, centros sanitarios, residencias, y empresas que obligan a llevarlas.

Tantos años ha conseguido que el burka de la mascarilla se convierta en el símbolo aterrador de la inquisitoria dictadura sanitaria, y yo os voy a desgranar estos dos años por capítulos con una serie de hechos que seguro no sabéis, y os van a sorprender.

"Los talibanes imponen el burka y la dictadura sanitaria impone la mascarilla"

El régimen autoritario de los talibanes que manda bajo el poder de las armas en Afganistán impuso obligatorio para la mujeres, niñas incluido, llevar el burka en público, para cubrir su rostro y su figura al completo.

En comparación con la dictadura sanitaria que se instauró en muchos países europeos y en España, el régimen dictador de la dictadura sanitaria que mandaba bajo el poder de las amenazas con multas, detenciones y el terror, impuso obligatorio la mascarilla en público para todas las personas a partir de los seis años, sean hombres, mujeres, niños, niñas, o ancianos, en exteriores y en interiores, siendo obligado estuviera perfectamente colocada y cubriera la boca y la nariz.

Por lo tanto, es fácil deducir que el símbolo indiscutible de la dictadura sanitaria fue el burka de la mascarilla.

"Nosotros no hemos llevado ni un segundo el burka de la mascarilla"

Yo dije que el burka de la mascarilla no tenía ninguna finalidad sanitaria. La eficacia en la que se justificaba la cúpula dictadora no tenía ningún argumento sólido, ni científico ni médico. Ningún estudio demostraba que fuese eficaz en situaciones de lluvia, o viento, o al aire libre, o en climas calurosos, o expuestos al sol, y mil sitios más.

La finalidad del burka de la mascarilla fue incomunicar a la ciudadanía, deprimirlos, alejar a las personas entre sí para evitar difusión de ideas o pensamientos contrarios a la dictadura, impedir nuevas relaciones, llevarlos amordazados, y convertir cualquier rincón, tienda, supermercados, aceras, paseos, parques o donde fuese, en un escenario de obediencia, sumisión, adoctrinamiento y depresión, porque el ambiente en las ciudades era peor que en los pasillos de un hospital.

El burka de la mascarilla conseguía identificar a las personas que apoyaban y respaldaban la dictadura, o que eran miedosos y cobardes y se acojonaban de la persecución de la dictadura. También identificaba a simple vista al bando contrario, personas que no obedecíamos y que íbamos por la calle sin mascarilla.

Nosotros no nos hemos gastado ni un céntimo en una miserable mascarilla. No hemos comprado ni una. No hemos usado ni una, no hemos llevado ni un segundo el burka de la mascarilla, y ahora os explico los espectáculos surrealistas que hemos vivido, sobre todo, en la etapa más loca y dura del burka de la mascarilla.

"La gente te insultaba y te amenazaba por la calle"

En ciudades paranoicas y delirantes como Barcelona, ir por la calle sin mascarilla era como ser un actor famoso mundialmente. Todo el mundo te miraba. Éramos el centro de atención. Había gente que se sorprendía, y me acuerdo que pasamos por una terraza de bar. Un chica le comentó en voz alta a sus compañeros que no llevábamos mascarilla, y todo el bar se quedó mirándonos asombrados, como si fuéramos una estrella del deporte o un mito del cine o algo que no hubieran visto nunca en su vida. Parecían analfabetos.

La mayoría de la gente se limitaba a mirarte. Te miraban mal, con esa mirada de querer fulminarte. Muchos de esos psicópatas, si llegan a tener una metralleta en la mano, nos hubieran acribillado, pero como no llevaban metralleta se limitaban a mirarte con ojos llenos de odio y alma asesina, pero había idiotas que te insultaban.

Un día pasó por nuestro lado un chaval que llevaba puesto esa mascarilla de morrito de cerdo. Era jovencito, más o menos por los veinte años, y justo llegó a nuestro altura nos llamó "hijos de puta de mierda", y siguió andando mirando al suelo y se fue. Sabíamos que la gente estaba muy loca, y no le respondimos.

Otro día pasó un abuelo de unos sesenta años. Tuvimos un pique de miradas. Dejó de mirar el dinosaurio, y cuando ya había pasado un metro dijo en voz baja, como hablando para sí mismo, "cerda de china", refiriéndose a mi pareja. Es decir, que además de borrego, idiota y tarado, el viejo también era un repugnante racista.

Os explico un tercer caso. Íbamos andando por la acera. En la acera contraria, separados por dos carriles de circulación de coches, pasó un atontado que iba con su mujer, y el imbécil, de una punta a otra de la calle, nos grita "mascarilla, gilipollas, ponte mascarillas". Me paré, y le dije que se quitara su bozal de borrego, y el imbécil quería venir a pegarse conmigo. Su propia mujer le dijo que se callase, que dejara a la gente en paz, y allí acabó la discusión. ¡Pobre mujer! ¡Divórciate de ese desgraciado! Lo digo por si acaso su mujer lee este texto. Al imbécil que le den por el culo.

Casos así os podía explicar, sin error y sin exagerar, por encima de cien sucesos que nos ocurrieron. He dicho cien en estos dos años, y me quedo corto. Son muchos más.

El momento más peligroso, con la gente brutalmente enloquecida y fuera de control, fue el invierno de 2020, desde octubre más o menos hasta marzo de 2021 aproximadamente. Aquella etapa fue increíble e inaudito. La gente venía a pegarte por no llevar el burka de la mascarilla, totalmente enajenados, como si fueran trogloditas o bestias primitivas, y no podías llamar a la policía, porque la policía se había convertido en las marionetas de la dictadura, y te perseguían por no llevar el burka de la mascarilla.

Hubo incidentes serios y muy peligrosos, porque además te atacaban a traición. Venían por la espalda a amenazarte, o te los encontrabas de cara y se paraban o se giraban para seguirte, o cruzaban la acera para discutir, por el mero hecho de no llevar mascarilla. ¡Surreal!

Esa etapa fue muy dura, e incluso aconsejé a mi pareja llevara el casco consigo, porque un día un payaso nos tiró por sorpresa una piedra desde un parque. La verja de hierro hacía imposible la agresión física, pero la piedra no nos tocó, y se puso a gritar que si se moría gente y mil sandeces.

Los insultos y las broncas ya eran rutinarios, sistemáticos y premeditados. La dictadura sanitaria lo provocaba, lo incitaba, y los medios de comunicación y periodistas ruines y mezquinos avivaban el odio y la violencia hacia gente como nosotros. La gente enloquecida y adoctrinada ya salía a la calle buscando quién no llevaba la mascarilla, a la caza de gente como nosotros, que nos hemos negado a llevar el burka de la mascarilla.

Llegada la primavera de 2021, la dictadura vio que no podía doblegar a personas como yo, y empleó tácticas sucias. Comenzaron a pasar situaciones muy raras, gente que nos seguía, gente que venía a provocarnos y buscaba discusiones, y salieron sujetos y comportamientos que yo tildaría de sospechosos. De esto también tengo mucho que explicar, y lo haré en un artículo de esta serie.

En verano se quitó la mascarilla en exteriores, pero al llegar el invierno volvió la locura, volvió la demencia, el histerismo, la paranoia, provocada también por la dictadora que llevaba las riendas sanitarias, y que volvió a poner obligatorio el burka de la mascarilla. La democracia demostraba estar herida y muy débil, y las prácticas propias de talibanes y comunismos autoritarios volvieron a imperar.

Aun así, había ya un tanto por ciento mayor en mi bando ideológico. Seguíamos siendo minoría, pero la cómplice del líder dictador comprobó que su ejército estaba cansado y desmoralizado. Quitó la mascarilla obligatoria en exterior, por segunda vez, dos meses después, y en España, a fecha de hoy, a puertas del verano de 2022, dos años después de que la dictadura sanitaria hubiera declarado la guerra a la democracia, el burka de la mascarilla sigue siendo obligatorio en muchos sitios, hospitales y los transportes públicos, que también se merecen su artículo aparte.

"El aborregamiento de la sociedad española con el burka de la mascarilla"

El cómo se llegó a este punto es más fácil de entender de lo que parece. Si no lo habéis vivido, yo os lo explico.

Por televisión, bazofia de periodistas, en sus programas de máxima audiencia, como son los telediarios, llamaban a la gente que no llevábamos mascarilla con el adjetivo de irresponsables, incívicos, insolidarios, y muchos otros sinónimos. Te insultaban cada día, a cada programa, y lo curioso es que te insultaban periodistas que se movían con total libertad por el trato de favor que les dio la dictadura sanitaria, que seguían trabajando, cobrando, viajando y divirtiéndose.

Los periodistas y la televisión insistía sin parar, repetitivamente, constantemente, metódicamente, en un sistema muy parecido a los adoctrinamientos talibanes o de países como Corea del Norte. Insistían con llevar el burka de la mascarilla, que todo el mundo se lo pusiera, que era obligatorio en todos sitios, y que te multaban por no llevarla, e incluso te amenazaban con detenerte la policía.

El acoso policial autoritario y represor es otro tema a comentar. Hablaré del papel en otro artículo, porque hay mucho para explicar, porque muchos policías estaban encantados y felices de poder perseguir y hostigar a una sociedad deprimida y un pueblo cansado, amenazado y torturado. Se perseguía ancianos, gente pacífica e indefensa, madres con sus hijos pequeños, pero la persecución espectacular e histórica fue con los adolescentes y el público joven. De ese tema hay mucho que hablar.

Tan sólo os avanzo, para ser justo y sincero, que hubo policías, hablando conmigo, que me dijeron que estaban hasta los huevos de perseguir gente inocente, mansa y ejemplar, por el mero hecho de no llevar la mascarilla, y hay que reconocer que hubo muchos policías que se negaron a obedecer esa orden propia de dictaduras. Yo me encontré policías por la calle, yo no llevaba mascarilla, y no me hicieron ni caso. Ellos siguieron andando, y yo igual andando. Es un tema muy largo. Hay mucho para hablar.

Aun así, el mayor acoso fue la gente que se volvió adepta y adicta a la mascarilla. La gente ha sido el gran peligro, y el gran problema. Millones de personas se obsesionaron de una manera paranoica y perturbadora con el burka de la mascarilla, y paseaban o andaban por la calle mirando quién llevaba y quién no llevaba mascarilla, y si no llevabas mascarilla la gente te insultaba, o incluso venía a pegarte.

Hasta esa fecha de marzo de 2020 en que estalló la dictadura sanitaria, nadie en España llevaba mascarilla. Sólo llevaban mascarilla la gente enferma real, en tratamiento por enfermedades graves, y los turistas japoneses, que me voy a callar lo que pienso de ellos. Pero, de repente, tras un lavabo de cerebro inhumano, imperdonable y torturador, hasta el extremo de hacer cambiar por completo la personalidad, los ideales, el carácter y el pensamiento, de millones de personas, la gente empezó a adorar las mascarillas, ya a niveles casi religiosos. La gente llevaba puestas dos mascarillas, o llevaban mascarilla y pantalla. Llevaban las mascarillas tan apretadas que he visto gente con heridas en la cara y las mejillas, y a mucha gente le han quedado las orejas exageradamente abiertas. Esa locura ya había alcanzado cotas desorbitadas y delirantes.

Hay otros factores importantes, como son el bajo nivel cultural de la población por la poca inversión y atención a la cultura, una televisión que ha dado la espalda a fomentar la cultura en todos sus campos, un periodismo al servicio de los intereses políticos, y el abuso de los teléfonos móviles que se han convertido en la herramienta perfecta para el espionaje más fácil y detallado del mundo, porque es la propia gente quien cuenta sus cosas, y las graba, y las fotografía, y las comparte, y lo explica, y lo publica, y revientan su intimidad, la suya, la de terceros y la de sus propios hijos, con un daño irreparable.

"Cómo ha sido no llevar mascarilla ni un segundo"

Nosotros no hemos llevado mascarilla ni un segundo. No hemos comprado, y os preguntáis cómo nos lo hemos arreglado para comprar y el día a día. Os voy a explicar situaciones surrealistas e incomprensibles que nos han ocurrido, y os lo explico por sectores y por el lugar donde nos ha pasado.

Supermercados. En Barcelona y en las cadenas famosas de supermercados, era imposible entrar. No te dejaban entrar sin mascarilla. Hubo cajeras y dependientes que preferían dejarte morir de hambre y sed, y no te vendían nada sin la mascarilla. ¡Muérete!, les faltaba decir a esa escoria.

El modo de comprar en algunos supermercados de Barcelona que sí me vendían era el siguiente que os comento. Os vais a reír. Yo llegaba a la puerta, desde la acera, sin entrar. Le gritaba desde la calle a la cajera si me podía sacar la compra. La cajera o el reponedor me traían la compra a la acera. Yo le daba el dinero. Ellos volvían adentro, cobraban, me traían el cambio, y así en cada compra.

Esto lo he hecho pocas veces, porque mi mayoría de compras son en tiendas pequeñas, o fuera de Barcelona. Yo soy contrario a las grandes cadenas y los centros comerciales, porque asfixian y destruyen miles de puestos de trabajos, y además, las grandes cadenas se les ha visto encantados promoviendo las normas de la dictadura sanitaria.

Por mí pueden cerrar esas grandes cadenas. Para mí no existen, y si vosotros queréis un buen futuro os recomiendo compréis en el pequeño comercio de barrio de toda la vida. Yo iba a esas tiendas, y la gran mayoría de pakistanís te vendían sin problemas. Me dejaban entrar sin ningún problema, y les compré a ellos. ¡Y les sigo comprando a ellos! Yo recompenso a quienes defendieron la democracia y no apoyaron la dictadura sanitaria, y el bando contrario dictador, represor y autoritario, por mí se puede hundir y quebrar. Yo no entraré jamás en mi vida a comprar en todos los sitios que han apoyado y han formado parte de la dictadura sanitaria, y quien me conoce sabe que no hablo en broma, y que no cambio de idea.

Transportes públicos. Por mí los transportes públicos se pueden pudrir, oxidar y quebrar. He de decir que yo llevo más de 30 años sin subir al metro cuando vivo en Barcelona, en autobús subo muy poco porque son lentos y desquiciantes como transporte en Barcelona, y tren hace más de 10 años que no subo en ninguno.

Yo no soy partidario de los transportes públicos. Los transportes públicos, tal como están estructurados a fecha de hoy, son un robo con tarifas insensatamente caras, exageradamente caros, de rutas mal planificadas, lentos, estresantes, desquiciantes, desorganizados, un saco de dinero perdido para los Gobiernos, problemas, retrasos, y focos de virus y enfermedades contagiosas. Además, son rincones donde los políticos, con publicidad subliminal, te cuentan sus maravillas y sus promesas y un futuro paradisíaco, con sus pancartas y sus pantallas luminosas y sus noticias, pero por supuesto que la realidad es todo lo contrario a las chorradas que dicen los políticos.

Pero, durante la pandemia y la dictadura sanitaria, los transportes públicos son la deshonra y la vergüenza de la democracia. Sus órdenes fueron comparables a las imposiciones de un régimen autoritarismo militar armado. Hay una colección ridícula y asquerosa e inadmisible de sus normas, pero para explicar algunos ejemplos, durante la pandemia prohibieron comer y beber en el transporte público. Si salías del trabajo y tenías prisa y estabas cansado y tenías que comer, o tenías sed, ¡el mensaje era que te jodas! Nadie se podía quitar la mascarilla en el transporte público. Hubo una etapa en que también se prohibió hablar en los transportes públicos, y les obligaban a viajar en silencio, y a dejar asientos de separación entre viajeros. ¡Enfermizo! ¡Tarados! ¡La estupidez colosal de la dictadura! Jamás en democracia había ocurrido esto, y jamás puede volver a ocurrir.

A día de hoy, el número de usuarios de los transportes públicos ha descendido gigantescamente, y me alegro. Yo soy partidario de ir andando en las ciudades, de las bicicletas como medio de desplazamiento, y del vehículo privado, pero después de haber visto su tiranía yo nunca más en mi vida usaré transporte público, y le recomiendo a la gente que haga uso de la movilidad privada, bicicleta, andando, coche, barco, etc. ¡Eso ya depende de si son millonarios o no! Pero por mí, los transportes públicos, sobre todo metro y autobús, no existen.

Lógicamente, si hubiera querido subir sin mascarilla, no me habrían dejado. Hay miles de casos de peleas que han ocurrido estos dos daños porque uno llevaba mascarilla y otro se la había quitado, o los equipos de seguridad pegándose con viajeros que no llevaban mascarilla, o echándolos del tren por no llevar mascarilla. ¡Así estaba de enferma mental la dictadura sanitaria!

Médicos. Los médicos preferían dejarnos morir, y lo digo así de rotundo porque tuvimos varios incidentes muy graves con la dictadura que os explicaré en otro artículo, pero en uno de estos incidentes fuimos al hospital para curarnos una herida fea y complicada, pero los médicos nos prohibieron la entrada por no llevar mascarilla. Les dijimos que íbamos por una herida importante, abierta y sangrante, pero los médicos nos dijeron que no curaban a nadie sin mascarilla, así que taponamos la herida con nuestros medios caseros para evitar el sangrado, y la curamos en casa durante los tres meses siguientes.

Esto han sido los médicos en pandemia. ¡Ni un aplauso para este colectivo! Por experiencia propia vivida, se han negado a curar heridas de gravedad por negarte a llevar mascarilla. Miles de personas han desarrollado enfermedades mortales, no detectadas a tiempo, porque los médicos no les han hecho los tratamientos que necesitaban o no les han dado el diagnóstico en la fase inicial de su mortal enfermedad, y han muerto miles de personas que se podrían haber salvado fácilmente. Esto es dejar morir. Esto es genocidio. Este es el sistema sanitario de la dictadura sanitaria, y hay un artículo concreto escrito hablando concretamente del papel de los médicos durante la dictadura.

Los policías. Ya he dicho que hay un artículo dedicado al comportamiento inaceptable de la policía, pero os explicaré un punto, y es que nosotros fuimos a comisaría a poner denuncia. Al llegar a comisaría, la policía nos paró en la puerta, y nos dijeron que teníamos que ponernos mascarilla. Les dije que no iba a ponérmela, que veníamos a poner denuncia por unos hechos que ocurrieron, que el derecho de las víctimas a poner denuncia prevalece por encima de la mierda de la mascarilla, que era una simple falta administrativa leve, pero siguieron diciendo que no, que no se entraba en comisaría sin mascarilla, y no nos dejaron poner denuncia. También hay otro artículo hablando de la policía, aunque quienes me seguís por las redes sociales ya conocéis el enfrentamiento político e ideológico que tengo públicamente con sus instituciones jerárquicas pero os recomiendo leer el artículo. Es muy interesante, y cuento muchas cosas vividas durante la dictadura sanitaria, y es muy buena lectura, como todos los artículos de la pandemia.

Prohibido entrar en todos sitios. Lógicamente, la mascarilla era obligatoria en todos los sitios interiores, sin excepción, y por lo tanto, no nos dejaban entrar en ningún sitio. Tuvimos un 98% de ejército rival en contra, que se comportaban como soldados en una guerra cumpliendo órdenes de su dictador o su mando general, y tuvimos que utilizar estrategias adaptadas a la situación, pero en eso de las estrategias yo me encargo al cien por cien. ¡Quién sabe! Quizá tengo algún secreto, pero el artículo también lo leen mis enemigos y los fanáticos adoradores de la dictadura sanitaria, y hay secretos que no voy a explicar. ¡Fijaros! Esto también es estrategia, ahora que lo pienso.

Con las estrategias bien planificadas, hemos entrado a muchos sitios que, en teoría, la dictadura sanitaria prohibía con la intención de matar a personas como nosotros que defendíamos la democracia. Entramos en teatros, en universidades, en tiendas, en comercios, a pesar de que la dictadura dio orden de que a gente como yo no se le vendiera ni comida ni bebida.

Una vez entramos en una carnicería. Había cinco personas, y al entrar una clienta me dijo que me pusiera mascarilla. Le dije que yo no llevaba, y la clienta salió de la tienda y se quedó en la calle hasta que yo me fuera, y dijo que iba a llamar a la policía.

Otra vez estaba yo en una tienda comprando un reloj. Había un loco que quería entrar, pero de la puerta no pasaba. El dependiente le decía que pasara, pero aquel payaso no entraba. Al final entró, cogió un producto, pasó tan lejos de mí como pudo por el pasillo, dejó el dinero sobre el mostrador, y se fue casi corriendo apretándose la mascarilla contra su cara. El dependiente le dijo que le faltaba el cambio, que le daba el cambio, pero ¡qué va! El cerebro de ese simio ya no funcionaba con tanta mascarilla y dictadura.

Otra anécdota. Paramos en una gasolinera. Puse gasolina, y al entrar en la tienda la dependienta me dijo que no se podía entrar sin mascarilla. Le dije que yo no llevaba, y me dijo que me fuera, pero yo le recordé que había puesto gasolina. Yo tenía que pagarle, y yo quería pagarle, y la loca seguía que sin mascarilla no se podía. Yo le dije que sí se podía pagar, y al final le ofrecí un pacto a la dependienta. Le dije que le pagaba por la ventanilla de fuera, y la chica aceptó. Le pagué por fuera, por la calle, a través de la ventana, y me fui. Nos descojonábamos de la risa por la idiotez de la escena.

Así, pues, como podéis ver, sí se podía vivir sin mascarilla. Tan sólo era aceptar que podían ocurrir situaciones inverosímiles, ridículas e incomprensibles, pero sí, ocurrían. ¡Ah!, y no hemos estado enfermos ni un segundo.

"Escenas abominables del burka de la mascarilla"

Esta abominable dictadura sanitaria, impuso el burka de la mascarilla a todos los menores mayores de seis años, pero a la hora de la verdad también la llevaban niños de dos y tres años, porque se la ponían sus padres déspotas o en las escuelas.

Durante dos años, por ejemplo, en la etapa de los seis a los ocho años, por citar una edad al azar, los niños han ido cada día, incluido en clase, con sus amigos, en viajes y con los profesores, con la mascarilla puesta. Han perdido todo ese aprendizaje visual, imprescindible en nuestras capacidades cognitivas desde la herencia primitiva, que es parte de nuestra sabiduría humana. Es ese aprendizaje que te ayuda a identificar gestos, emociones, intenciones, por la expresión del rostro, pero llevan dos años tapados sin ver labios. No han visto las expresiones de sus amigos, de su profesor al enseñarlos, no han escuchado con nitidez la voz, no han visto los movimientos de la boca al hablar, al reír, al enfadarse, al estar cansados, y no han respirado con normalidad, justo cuando se desarrolla y crece el físico por naturaleza.

Ese tiempo y ese aprendizaje cognitivo no se recupera jamás, y estoy convencido de que les quedaran secuelas de por vida.

He visto niños que sus padres les habían puesto dos mascarillas, la de morro de cerdo y la clásica, una encima de la otra, y se las habían apretado de tal manera que se habían provocado heridas en las mejillas y debajo de los ojos. Las llevaban tan subidas que parpadeaban mucho y les costaba mirar porque les molestaba, ya que la mascarilla casi les tocaba la base del ojo, pero seguían sin bajársela, y hasta el propio niño, adoctrinado y manipulado, se las subían ellos mismos si se les bajaba ellos.

He visto críos que llevaban mascarilla y pantalla, y les he visto andar desorientados, cogidos de las manos de sus padres, incluso ya con edades de diez años, porque con tanta burrada de mascarilla y pantalla sus reflejos por lógica están disminuidos, la percepción visual es distinta y agrava la desorientación.

Hablando también de adultos, otra idiotez inconcebible es la gente con una mirada furiosa de asesino psicópata descontrolado que iba a correr, o practicaba deporte al aire libre, o iba en bicicleta, y llevaba apretada y puesta la mascarilla. He visto gente corriendo en pleno verano y calor por la calle llevando la mascarilla, cuando incluso la propia dictadura sanitaria dijo que no era obligatorio llevar la mascarilla cuando se hacía deporte al aire libre, pero había gente obsesionada con la mascarilla, y se la ponían igualmente. Les va a entrar un golpe de calor o deshidratación. ¡Que alguien le diga a estos idiotas que las mascarillas mojadas o sudadas todavía tienen mucho menos eficacia! Prácticamente, son inservibles e inútiles.

He visto gente, en los veranos del año 2020 y del 2021, con la mascarilla tomando el sol tumbados en la arena de la playa. He visto chicas en bikini, e incluso una chica haciendo topless, que son las tetas al aire libre, tumbada en la toalla llevando la mascarilla, y hasta vi una mujer bañándose en la orilla del mar con la mascarilla puesta.

Todos estos gestos no es ser inteligente. Esto no es prevención. Esto yo diría que es ser obedientes sin pensar, o a lo mejor diría que es ser borregos adoctrinados, o gente que les gusta que les manden dictadores y comportarse como plebeyos sumisos, o gente que no hacen uso de la razón, o gente que son unos cobardes y les da miedo una multa y están aterrorizados por la persecución y represión de la dictadura sanitaria. No lo sé exactamente como llamarles, porque todas las opciones me parecen válidas y correctas, pero lo que sí tengo clarísimo es que todos esos comportamientos son un ataque a las libertades y a la democracia real y sana. Son un ataque porque apoyan, respaldan, promulgan, difunden, ejecutan y cumplen, estrictamente, unas normas de una dictadura sanitaria que yo no he obedecido, ni obedezco, ni obedeceré, jamás en la vida. No obedezco nunca dictaduras, ni una sola orden, ni un solo segundo.

"Conclusión"

Me quedarían todavía sesenta hojas por lo menos para escribir, pero voy a acabar el artículo ya, porque si no me pasaré un mes escribiendo. Todas las dictaduras tienen su sello y su símbolo.

Todas las dictaduras necesitan algún elemento que recuerde y difunda constantemente el miedo y el terror, porque el miedo alimenta las dictaduras. Sin miedo, no hay dictadura.

En la dictadura sanitaria vivida en España, y que a fecha de hoy todavía coletea y se niega a marcharse, es innegable que el símbolo de esta maquiavélica y sádica dictadura es la mascarilla. La puso la cúpula dictadora, pero no se puede ignorar que el 98% de la población estuvo en su arrancada a favor de su obligación. Después quiere hablar esta gente mezquina de derechos y libertades en otros países, pero aquí han apoyado, defendido y contribuido, a instaurar todas las criminales restricciones que entrarán con deshonra y crítica feroz en los libros de historia. Requiere una serie reflexión sociológica y psicológica el comportamiento general de la sociedad, pero de eso ya hablaré en otro artículo, que todavía me faltan unos cuántos para escribir, y ahora ya es tarde y me voy a dormir.

 

Todo el contenido es de mi propiedad y autoría, y yo soy el único autor de todos estos artículos.

Está estrictamente prohibido su reproducción, comercialización, copia, publicación, y cualquier otro uso no autorizado previamente por escrito. Cualquier interés que tengas, sea cual sea y seas quien seas, es obligatorio mi autorización previa por escrito.

Se emprenderán inmediatamente todas las acciones legales que se estimen oportunas contra cualquier persona, portal, foro blog, web, perfiles, periodistas, medios de comunicación, grupos, empresas, e incluso Administración u Organismo, sea oficial o no oficial, del ámbito público o privado, que vulnere mis derechos, y haga uso prohibido y/o no autorizado.

En caso de estar interesado/a en este artículo, escribe para solicitar la autorización a mi dirección info@exoticbondage.com

Escribe con el asunto "Autorización uso artículo", especificando el artículo de tu interés, y facilitando toda la información completa, lugar exacto de publicación, fecha de publicación, y por supuesto tu nombre y responsable de la petición, con tus datos de contacto directo.

Periodistas y medios de comunicación, indistintamente sea radio, televisión, prensa escrita o digital, deben de contactar a través de la sección "Press", en la barra inferior a pie de esta página.