Médicos y enfermeras cómplices y aliados de la dictadura sanitaria

Estas semanas pasadas he escrito ya varios artículos de opinión sobre mis experiencias vividas y mi opinión, basada en la realidad que he vivido, durante esa abominable, criminal y tirana etapa de la humanidad que se ha definido con la palabra de pandemia. He hablado sobre el comportamiento de las instituciones policiales, he hablado del símbolo talibán de su burka y el símbolo autoritario de la mascarilla, y de muchos otros puntos, y hoy toca por supuesto hablar de los médicos, sin ningún halago porque no se lo merecen.

Lo escribiré recordando y advirtiendo, ¡otra vez!, ¡por sexta ocasión!, de forma clara, explícita y rotunda, que vivimos en un Estado democrático donde hay derechos fundamentales protegidos e inviolables, como son la libertad de expresión y la libertad de opinión, y que cualquier persona puede ejercer libremente por cualquier medio.

Es curioso que en democracia tenga que poner, al inicio de cada artículo, la advertencia de que cualquier ciudadano y ciudadana, incluido yo, puede ejercer el uso legítimo y legal de tener y expresar su opinión, bien sea positiva o negativa, pero actualmente esta es una democracia fallida en decadencia, moribunda, errónea y débil, atacada sistemáticamente por la dictadura sanitaria que se impuso con la mezquina excusa de la pandemia. Es sabido que yo no obedecí ni un solo segundo ni una miserable e ilegal orden de esta dictadura sanitaria. Me mantuve firme, determinado e inquebrantable, en defensa de la democracia, y por lo tanto, sin ninguna duda, emprenderé inmediatamente y sin previo aviso las acciones legales y judiciales contra quien coarte, coaccione, limite, amenace, prohíba o manipule estos y cualquier otro derecho fundamental protegido por ley, seas quien seas.

Repito pues, e insisto, en que no avisaré y no advertiré de acciones legales, inclusive por la vía penal, contra cualquier persona, empresa, Administración, Organismo, etc, que vulnere derechos fundamentales que son pilares imprescindibles protegidos por ley, entre los cuales figura la libertad de expresión. Este país no es China, no es Corea del Norte, no es Irán, no es Afganistán, y querer convertirlo en esas tiranías, dictaduras y autoritarismos, es condenar el país a repetir errores dolorosos del pasado que jamás debería de volver a ocurrir, aunque a este ritmo, y por este camino, la nación va directa a revivir el peor de todos los finales posibles.

Hecha esta advertencia, hoy, en el sexto de los artículos dedicados a la dictadura sanitaria y su pandemia, os voy a hablar de los médicos.

"La gente dando patéticos aplausos como focas amaestradas en ventanas"

Para empezar el artículo, el primer punto que os explico es curiosamente una traumática y repudiable anécdota que es la deshonra de la intelectualidad humana. Fue su arranque durante los dos primeros días del confinamiento que ordenó la cúpula dictadora que masacró la democracia española. Nosotros caminábamos por las calles de la ciudad, increíblemente vacías, y de pronto, a las ocho de la tarde, escuchamos el primer día algunos sujetos atolondrados, fanáticos admiradores de la dictadura, que aplaudían desde las ventanas. Yo, en ese momento, no tenía ni idea de qué iban los aplausos. Pensé que podía ser algún tipo de protesta, pero a mí ya sabéis que me repugna la gente, no me fío nada de la gente, y sabía que podía ser cualquier tontería.

Al día siguiente habíamos vuelto a pasear, ahora porque quería ver el centro de Barcelona, que nos habían dicho que estaba impresionantemente vacío. Estábamos haciendo fotos, y de nuevo, a las ocho de la tarde, volvió a escucharse los aplausos. Miramos hacia las ventanas, y esta vez aplaudía casi el barrio entero de forma masiva. Apenas una o dos ventanas permanecían vacías, pero todo el resto de fachadas estaba repleto de gente aplaudiendo como focas amaestradas en un lamentable espectáculo zoológico.

Cuando llegué a casa, por la noche, quise saber por qué aplaudía la gente como focas amaestradas, y al informarme ya con interés y en serio vi que lo hacían como un equivocado homenaje a los médicos, doctoras y enfermeras del país, por su trabajo, y me quedé estupefacto por la solemne estupidez que había leído. Tuve que leerlo dos y tres veces y contrastarlo para corroborar que era verdad la causa, y sí, el ridículo social se debía a esa gilipollez.

Yo no les aplaudí ni un solo segundo, ni una sola palmada. Nunca he creído en los médicos, y la ciencia, incluida la medicina, es un mercenario que se vende al mejor postor. Desde el primer minuto, ya antes del confinamiento, sospeché que los médicos iban a ser cómplices vitales de la dictadura sanitaria, que se iban a convertir en aliados del dictador, y que esto iba a ser un negocio podrido, trágico, desalmado y oscuro, de las farmacéuticas y de las empresas vinculadas al sistema sanitario.

En aquellos minutos de los patéticos aplausos intentaba estar lejos de la gente, en parajes solitarios, pero aquella primavera llovió muchísimo, tuvo diluvios majestuosos que llenaron los ríos a niveles preciosos, llenó embalses al máximo de su capacidad, llenó pozos con reservas para un par de años, y hubo una primavera de naturaleza fuerte, espectacular y verde reluciente. Aquellos días y tardes de lluvia estaba en casa, aunque nos pillaron algunas veces tormentas por la carretera, y para no escuchar los aplausos cerraba las ventanas a rajatabla y me ponía música a todo volumen, pero aplaudía la gente tan fuerte y en tan abrumadora cantidad que incluso con esas medidas se escuchaba la mierda de los aplausos, y decidí que, si iba a estar en casa a esas horas, me ducharía. Entraba en la ducha a las ocho menos diez aproximadamente, ventanas cerradas, música alta, agua encendida, y salía cerca de las ocho y media, y así no escuchaba los penosos y molestosos aplausos.

Cabe decir que, al cabo de una semana, en aquellos hipócritas aplausos ya se percibía un estrafalario concurso entre los vecinos por ver quién aplaudía más fuerte, como primates a lo bestia, quién aplaudía más temprano, y quién aplaudía más tiempo. Porque faltaban todavía dos minutos para las ocho de la noche, y ya estaba el tarado de turno que ya comenzaba a aplaudir. Se espiaba la gente, y miraban si su vecino aplaudía o no, miraban quién había en las ventanas o balcones aplaudiendo, y quién tenía cerrada la ventana, y al acabar ese escándalo, que duraba cinco minutos, todavía había algún extremista amante de la dictadura que seguía aplaudiendo, y se quedaba diez minutos más, haciendo el ridículo espantoso en solitario para todo el barrio.

"Médicos y hospitales anularon consultas y visitas a pacientes y enfermos"

Al mismo tiempo, cogidos de la mano como se suele decir, hospitales, médicos, ambulatorios, doctoras, enfermeras y todo el sistema sanitario, entró en una espiral paranoica que yo sólo había visto en las películas de ciencia ficción. Los centros médicos pusieron barreras surrealistas. Yo fui a un centro ambulatorio médico, justo en esos primeros días, y me encontré con que los médicos habían colocado mesas en formas de barreras, como si fueran trincheras. Habían formado como un muro entre la mesa y la persona con el film transparente típico de cocinas para la comida, y tenías que hablar a distancia. Yo dije que un médico con su salud mental perturbada es incapaz de curar una persona, porque él es el primer enfermo, y me fui.

Igualmente, a partir de entonces empezó a escucharse la trivial excusa de que las ucis estaban colapsadas, que faltaban médicos, y comenzaron a cerrar ambulatorios, centros médicos, se anulaban visitas, se cancelaban pruebas médicas que muchos enfermos llevaban ya semanas y meses esperando para saber su enfermedad, se anularon tratamientos, y decían que era porque tenían que derivar esos médicos y todos los esfuerzos a la pandemia y a las ucis.

El resultado de esa genocida insensatez es que miles y miles de personas no les hicieron ninguna prueba médica, no les hicieron el tratamiento médico que necesitaban para curar su enfermedad, no les dieron ningún diagnóstico, y aquellas personas que tenían enfermedades varias fueron enfermando, porque no les dieron ni un medicamento, básicamente porque ningún médico les atendió. No hablo de personas enfermas del famoso covid y el virus, ¡no! Hablo de personas que tenían enfermedades cardiovasculares, respiratorias, cáncer, y otras graves enfermedades. Miles y miles de esas personas llamaron a los médicos y hospitales porque se encontraban mal y tenían síntomas, pero les iban aplazando la visita para dentro de los próximos meses. Mucha gente ya no llegó viva a la visita, y murió en ese plazo de tiempo, y mucha otra gente, cuando por fin estos súbditos infames de la dictadura les atendieron, era ya demasiado tarde, con la enfermedad tan avanzada que no pudieron curarles, y murieron por detectar su dolencia muy tarde.

Por la televisión, los loros periodistas convertidos en los altavoces de la propaganda autoritaria, decían que salvaban vidas, pero es mentira. Desde el primer día se usó como pretexto para el autoritarismo que ese virus de la pandemia no tenía tratamiento, no tenía cura, no había medicamento, no había cura, y sin embargo te decían que habían curado gente en el hospital. ¡Pues ya me diréis cómo lo hacían! Porque la propia cúpula dictadora decía que no había cura hasta que no hubiera vacuna.

Yo creo en el destino, y se salvó quien el destino dijo que no le había llegado su hora de morir todavía, pero los médicos no salvaron a nadie. Muy al contrario, yo llegué a ver en televisión, o a leer en medios de comunicación digitales, personas que habían muerto por no haber sido atendidas por los médicos o por no ser diagnosticadas a tiempo, por lo que si pienso en las afirmaciones deduzco que murió mucha más gente de la que debería de haber muerto en verdad, y muchos de los muertos han sido causados por la actitud negligente e incompetente de los médicos y el sistema sanitario español.

"Seleccionaban a quién salvaban y a quién dejaban morir"

Corrían unos inquietantes rumores de que se dejaba morir a ancianos en las ucis y en los hospitales, para dar preferencia en las camillas a la gente joven y adulta. La causa de la rumorología estaba basada en una lógica simple matemática. A modo de ejemplo numérico, decían que se enviaban más de tres mil personas a las ucis, pero también decían que la capacidad de la uci era de quinientas personas. Los números, tal como podéis ver, no cuadran. Eso significa que tendrías que meter seis personas conectadas a un tubo, y eso es imposible.

Se extendió el rumor de que a los ancianos no se les conectaba. Se daba prioridad para, presuntamente, salvar vidas, a la gente que todavía era útil, y los abuelos que ya les quedaban pocos años de vida por ser viejos se les quitaban de la máquina, y los dejaban apartados esperando a que se murieran. Nunca ha salido un máximo responsable reconociendo que era verdad. Nunca ha salido nadie pidiendo perdón por lo que es un crimen, pero tampoco nunca se ha negado esta versión. Ha habido algún caso donde se ha disimulado, y me acuerdo que contaron por televisión un abuelo que no quiso ser conectado voluntariamente, y dijo que dieran su cama a una persona joven que le hiciera falta. ¡Que casualidad! Preguntar si es cierta la versión es imposible, porque ese anciano está muerto, pero me parece cuanto menos llamativa, por no decir sospechosa, la coincidencia cercana de ambas versiones.

"Ancianos murieron con total indignidad y tortura inhumana en los hospitales"

La cúpula dictadora, liderada por el dictador y el secuaz autoritario al mando del delincuente Ministerio de Sanidad, dieron orden y prohibieron que las personas pudieran ser visitadas en el hospital. Nadie, absolutamente nadie, ni sus padres o hijos o maridos o mujeres o cualquier otro familiar directo, podían ir a verlo, visitarlo y ver cómo estaban. La gente entraba sola enferma en los hospitales, los aislaban encerrados en habitaciones solos, y allí se quedaban solos, sin compañía, sin visitas, en soledad.

Había abuelos y abuelas, octogenarios y de otras edades, que habían compartido más de 60 años de su vida con su marido o con su mujer. Habían compartido toda la vida juntos, sus momentos felices, sus momentos duros, las alegrías, las tristezas, los sueños, el trabajo, las aficiones, las ilusiones, los pensamientos, las intimidades, y todo lo que es una vida completa, y en el momento de su muerte resulta que un criminal de guerra ordena que no se les permita verse ni despedirse. Simplemente, cuando se muera, ya le llamaran a su pareja del hospital y ya se lo dirán. Murieron en total soledad, tristeza y tortura, sin poder decirse adiós, abandonados y sin ningún testigo ni prueba que pueda descartar la sospecha de que fueran asesinados.

Porque, una vez muertos, centenares de miles de esas personas que murieron solas fueron incineradas cumpliendo las órdenes de la dictadura. De haberse cometido un crimen, una negligencia, un asesinato, el propio Gobierno ocultaba el crimen, y destruía las pruebas sin practicarles autopsia ni ningún tipo de examen forense. Rápidamente, con unos Juzgados cerrados por la dictadura, sin capacidad operativa, unas instituciones policiales asignadas a perseguir niños pequeños que no salieran a la calle, un pueblo secuestrado encerrado en casa, y una prensa al servicio de los intereses de la dictadura, convertía a los muertos en ceniza, y así no dejaban ni rastro de sus atrocidades.

Yo tengo mi opinión plenamente convencida e indudable. Yo opino que durante esa etapa se cometieron asesinatos, violaciones de los derechos humanos y crímenes de guerra que pueden ser considerados genocidio, dado afectó en una inmensa mayoría a los ancianos, tal como demuestran las estadísticas oficiales, todo con el beneplácito, autorización y protección, de la cúpula de la dictadura sanitaria y con el brazo ejecutor del sistema sanitario. Si de mí se tratase, y si yo fuese político encargado de sanar y restaurar la democracia, crearía una Ley específica para perseguir a esos criminales, uno a uno, desde quienes lo ordenaron hasta quienes lo aplicaron, desde el dictador a sus sicarios y esbirros, sin olvido y sin perdón, y aplicarles la sentencia condenatoria justa que se merecen por sus abominables delitos.

Haré un inciso. Hubo gestos deplorables, todavía más tortuosos y tormentosos, de enfermeras que a título personal decidieron usar el teléfono móvil, pusieron en contacto al anciano moribundo con su familia, para que se vieran a través de la pantalla del teléfono, y se pudieran despedir de la vida. Este gesto lo grabaron, lo pusieron a disposiciones de las televisiones, y los periodistas lo difundieron alabando la empatía y comprensión de las enfermeras, pero yo pienso todo lo contrario. Es un gesto déspota, despiadado, cruel e inhumano, y lo voy a explicar muy claro con una situación distinta que yo habría hecho. Si hubiera sido yo la enfermera, habría abierto las puertas del hospital, y abrían entrado todos sus familiares, para despedirse en persona, en la intimidad, en privacidad, sin grabar ni difundir nada por redes sociales, y ningún criminal enloquecido de la dictadura, ni el dictador, ni sus sicarios armados, lo hubieran evitado. Habrían entrado sin problemas. Ese sí hubiera sido un buen gesto y valiente. El resto son repugnancias.

"Los médicos y epidemiólogos buscando su fama y gloria"

Tanto el personal sanitario como los médicos fueron piezas claves en la dictadura sanitaria, y yo desde el primer segundo dije que sólo buscaban su fama, su riqueza, su poder y su gloria. Para ellos, la pandemia era su gallina de los huevos de oro. Les hacía poderosos, importantes, famosos, y además, ricos, porque les generaba más trabajo, más venta, más ingresos. La pandemia ha sido el mejor invento para el negocio económico de la salud y las farmacéuticas.

Yo critiqué a muchos de estos personajes que aparecían en televisión. No pude criticarles a todos porque me hubiera ocupado todos los segundos del día y sin descanso de tantos vanidosos y presuntuosos que salían por televisión, pero elegí los que creí causaban más impacto emocional en la salud de la sociedad, y los que aparecían con más ansia de protagonismo difundiendo las proclamas de la dictadura sanitaria. Les dije que eran la deshonra de la medicina, que no son los héroes de ninguna pandemia, que son los aliados y culpables de la dictadura sanitaria, y que los libros de historia, incluidos los libros de medicina, no van a halagar su trabajo. No les espera ningún podio, ningún premio, ninguna medalla. Hubo médicos que se fueron de las redes sociales, así que no pude criticarles más de forma directa, y otros médicos famosos y mediáticos televisivos me bloquearon. También me bloquearon asociaciones de médicos y de enfermeras. Todos son el vivo ejemplo de cómo se comportaba cobardemente la dictadura sanitaria.

He visto una realidad que es inadmisible, tanto científica como médica y éticamente, y ha sido este desespero, el ansia, y las ganas de protagonismo, de muchos médicos, doctoras y epidemiólogos, por querer aparecer en televisión, hablar para los medios de comunicación, y convertirse en personajes famosos de una pandemia que, en realidad, ha sido la zafia y ruin cortina tras la cual se ha escondido la instauración de la dictadura sanitaria y el mayor ataque a una democracia que se ha mostrado débil y cobarde.

Salían por televisión ante cualquier oportunidad. Muchos médicos y epidemiólogos han salido casi diariamente, y a veces en dos o tres programas al día, y sus declaraciones se repetían por los altavoces informativos sin descanso. Se presentaban como expertos, y jamás he escuchado ni un médico decir humildemente que él no es ningún experto. ¡No! Muy al contrario, les alimentaba su ego, su vanidad, su orgullo, se sentían famosos, poderosos y los héroes de la pandemia, pero no son ningunos héroes. Han sido los traidores de la democracia y los que se han puesto al bando de la dictadura sanitaria sin ninguna duda.

Además, en sus declaraciones televisivas se han escuchado auténticas barbaridades, y me encantaría que en el futuro se recopilaran todas sus afirmaciones, que se demostraran las grandes mentiras que han dicho, y que se humillaran las equivocaciones médicas que son fruto de la incultura o de la avaricia, pero hoy en día ese tipo de investigaciones es totalmente imposible. Todavía hay centenares de miles de personas que disfrutan y les encanta la dictadura sanitaria, y no hablo de la loca que lleva aún doble mascarilla y guantes de plástico cogidos en la gasolinera. ¡No! Hablo de policías, de periodistas, de abogados, de políticos, de jueces, de la panadería, del que tiene el restaurante, del obrero, de la tienda de ropa, y de centenares de miles de partidarios de la dictadura que no tienen el mínimo interés ni ganas en demostrar las mentiras médicas dichas en radios y televisión y prensa escrita y medios digitales. ¡No! No van a hacer nada para restaurar la perdida y moribunda democracia.

"Los médicos negándose a curarte y dejando morir si no te ponías mascarilla"

Siempre hemos escuchado esas épicas historias de los tiempos de la I Guerra Mundial o de la II Guerra Mundial, con enfermeras y médicos curando incluso a soldados enemigos heridos. En la pandemia ha pasado todo lo contrario. Los médicos sólo han curado y atendido al pueblo aborregado y anestesiado que adoraba y proclamaba entusiasmado la instauración de la dictadura sanitaria, y al bando rival, identificado porque te negabas a ponerte mascarilla, los médicos no te atendían, no te curaban, e intencionadamente te dejaban enfermar y morir mediante el método de la desatención y el abandono.

Suena duro, pero os la verdad, y para demostrarlo os voy a explicar incidentes de mi propia vida y experiencia, que me han ocurrido desde que empezó la dictadura sanitaria, y que requerían atención médica en su momento, y os voy a explicar varios. No os un solo día, ni un solo caso, y os demuestro en estos párrafos que no fue un hecho aislado.

El primero que os cuento me ocurrió en verano de 2020 aproximadamente, pero os advierto que, por cuestiones de estrategia y de la batalla judicial que tengo organizada y preparada, algún dato no es exacto. Forma parte del campo judicial donde se perseguirá a estos criminales, es sorpresa y es defensa y ofensiva jurídica, y esos datos importantes los omito. Me leen mis seguidoras y seguidores, pero también me leen mis enemigos, y el texto ha de tener sus líneas calculadas.

De todos modos, la estructura es correcta y real, y no afecta a la veracidad, y el primero que os comento fue un problema muy serio al sufrir un ataque físico de un sujeto del bando de la dictadura sanitaria. Omito describir el lance, pero su ataque produjo alguna herida que ha dejado su cicatriz. Al ir al médico, para suturar o aplicar puntos y curar, me dijeron en la puerta que es obligatoria la mascarilla y ponerse gel en las manos. Le dije que una mierda, ni una cosa ni la otra, que eso lo han impuesto los talibanes sanitarios, y respondieron que no atienden a la gente como yo, por protocolo sanitario de la pandemia.

No entré, y se tardó unos tres meses en curar las heridas haciendo curas propias y personales, pero se logró, y aquí tenéis la foto de una de las heridas. Ahora ya está cicatrizada, y curada.

Otro suceso que os explico. Con todo esto de la globalización y de que todo el mundo se cambia a vivir a otro país, se marchan, vienen, viajan, turismo y mil cosas, se ha modificado notablemente la flora y la fauna, y sobre todo, los insectos. Hablo de los insectos porque un insecto tiene que ver con este segundo incidente.

Ahora hay mosquitos de todo tipo, el tigre, el común, y otros mosquitos que no conozco y no había visto. Me pican miles al año, y estoy acostumbrado desde que era un bebé, por haberme criado y crecido por ríos y montañas y naturaleza y parajes rurales. Mi pareja también ya está muy acostumbrada desde hace muchos años, y es una rutina diaria. También hay arañas nuevas, y avispas, que es el insecto protagonista del incidente que os cuento.

Existen las avispas de toda la vida, las comunes, pero ahora además ya tenemos en nuestro país la peligrosa avispa asiática. A mí me picaban mucho las avispas cuando era pequeño, pero aprendí pronto a correr y apartarme y tener cuidado con las avispas.

Sus picadas son dolorosas, pero hace poco me picó una avispa asiática en el cuello, y el dolor es bestial. Es muy superior a la picada de la avispa típica del país, pero este verano ha aparecido una nueva avispa, que yo no he visto jamás y que la he visto por primera vez en 2022 para ser exacto.

Recordando que omito algunos detalles reservados para el combate judicial, os comento que una persona sufrió una picada de esta extraña e insólita avispa, y comenzó a los pocos minutos a mostrar los síntomas de una reacción alérgica. Las reacciones alérgicas son peligrosas, y cuando la reacción alérgica es excesiva o muy fuerte puede provocar la muerte de la personas. Hay personas que mueren por picadas de avispa, por la reacción alérgica que les causa, y la cura es tan simple como poner una inyección, pero en urgencias se niegan a dejar entrar y no atienden si no quieres ponerte mascarilla. Resumido en pocas palabras, sin mascarilla, muérete. Te dejan morir por abandono y desatención, y no les importa nada lo que te ocurre. Sólo les preocupa que desobedeces la dictadura sanitaria, y a nuestro bando no nos curan.

El cómo lo curamos os voy a explicar solamente la parte final de mi estrategia. Fuimos a una farmacia, pero las farmacias son como los médicos. No te dejan entrar y no te atienden si no te pones mascarilla, aunque hay farmacias que son más permisivas y tampoco son tan radicales extremistas, pero donde nosotros vivimos habitualmente son todos los farmacéuticos unos locos fanáticos radicales amantes de la dictadura. Aquí no te venden ni una tirita, por lo que fuimos a otra población, nos hicimos pasar por turistas, y cuando la farmacéutica vio la reacción alérgica que se veía a simple vista en el cuerpo de esa persona nos vendió el medicamento que lo cura. Es lo que veis en la foto, pero lo tenía por todo el cuerpo. Sólo veis una parte.

Os explico otro tercero. En la primavera de 2022 fue este tercer caso. Nosotros nos movemos mucho por granjas, parajes rurales, edificios abandonados, y zonas de pobreza, con los riesgos que ello comporta. Omitiendo los detalles clave para el terreno judicial, os explicaré que un día me aparecieron estos granos, y fueron expandiéndose por las piernas. Picaban un montón, era bestial el picor, no se iban, y nada les hacía efecto, y salían muchos. Parecía un tipo de sarna, quizá contagiados de algún lugar sucio o de algún animal infectado, pero a las pocas semanas salió la noticia de la viruela del mono. Pregunté en un centro médico, ya casi preparado para risas y con más ironía que esperanza, si podían mirar si eso era sarna o viruela del mono a personas que no nos ponemos mascarilla ni la porquería de su negocio con el gel, pero me dijeron que sin mascarilla no atendían a nadie. Me lo imaginaba. Hace dos años que sé que los médicos dejan morir al bando rival de la dictadura sanitaria. Los médicos son los esbirros cómplices de la dictadura sanitaria. Tardé casi un mes en encontrar la fórmula personal de curar esa dolencia, pero no la voy a explicar. Esto no es una web de medicina, y no lo será jamás.

Todo lo que nos ha pasado desde marzo de 2020 nos lo hemos curado nosotros mismos, y sólo os he explicado tres problemas. Tengo más para explicar y demostrar, pero sería muy largo el artículo. Simplemente, estos tres ejemplos ya sirven para demostrar que no nos ha visitado ni se ha interesado ni un médico, y esto son tres ejemplos, nuestros, propios, reales, de experiencia vivida, en la que os demuestra cómo los médicos, hospitales y ambulatorios, no atienden sin mascarilla y sin gel, y no atienden a las personas que no obedecen las órdenes tiranas y genocidas que ha instaurado la dictadura sanitaria. Al menos, así es en mi caso por experiencia real vivida, pero estoy seguro que hay miles más, y miles de gente que se han visto obligados a ponerse mascarilla para que les curaran. Hay miles de personas que han cedido al chantaje y a la extorsión. ¡Nosotros, no!

Como podéis comprobar en los tres ejemplos, no es un hecho aislado, con un médico y en un centro concreto. ¡No! Son tres incidentes, en tres fechas distintas, de tres años distintos, y tres centros distintos. Aquí se ejercen prácticas como los talibanes en Afganistán, que eliminan las personas que no obedecen y no llevan burka. Aquí, en España, son más sutiles y disimulados, pero también se elimina a los que no obedecen y no están a favor de la dictadura sanitaria. Si no cedes, ellos tampoco ceden, y así muere el bando contrario. ¡O rendirse o morir! ¡No, no, no! Hay una tercera opción. ¡Ganar!

"Médicos y enfermeras actuando como los torturadores de la Inquisición"

En los hospitales, los centros ambulatorios, y todo tipo de centros sanitarios, excusándose en obedecer las órdenes que ha instaurado la dictadura sanitaria y su cúpula, obligan a las personas a ponerse mascarilla. Si no te pones mascarilla y te niegas a ponerte mascarilla, no te atienden y te echan del centro sanitario. Ya hay hospitales que tienen personal de seguridad en la puerta vigilando quién entra y quién no entra sin mascarilla.

Hay personas que les envían a la mierda y se van. Sin embargo, hay personas que están extremadamente débiles, severamente enfermas y con dolencias muy graves, y no tienen más remedio, dentro de su tristeza y dolor, que ceder al chantaje talibán de los médicos. El personal médico ya utiliza la mascarilla como forma de intimidación y sumisión, y a los pacientes rebeldes les dicen que si no se ponen mascarilla no pueden estar en el hospital, y no les curarán. Eso debería de ser considerado crímenes de guerra.

Actitud similar también la aplican los talibanes con el burka. Los talibanes provocan la muerte de las mujeres que no se ponen burka a través de las armas o de sus sentencias fanáticas. Aquí, en España, con la dictadura sanitaria, se provoca la muerte de hombres y mujeres, ancianos y ancianos, niños y niñas y adolescentes, que no se ponen mascarilla, a través de denegarles asistencia médica y no les curan. Unos, los talibanes, se excusan en razones religiosas. Los otros, los mascarilleros, se excusan en razones sanitarias, pero ambos matan al bando contrario. Unos actúan muy visiblemente y los otros actúan muy sutil y disimuladamente, pero el resultado es el mismo.

"Médicos atendiendo por videoconferencia incluso en su consulta y Urgencias"

Yo, desde que empezó la pandemia en marzo de 2020 para quien no sepa la fecha, no me ha atendido ni un solo médico o enfermera, y hay miles de cosas que pasan en los centros médicos de las cuales no me entero, lógicamente porque no voy al médico, pero el otro día escuché algo inaudito por televisión. En el reportaje se enseñó que actualmente, y desde la pandemia, muchos médicos visitan a través de videoconferencia, lo que sería la pantalla del televisor, casi podría decirse. Este es un sistema que puede ser válido en aldeas rurales remotas, zonas montañosas, o de accesos difíciles o lugares incomunicados, pero ahora también se aplica en municipios y ciudades urbanas, pero no me refiero con el paciente en casa y el médico en el hospital, ¡no! ¡No, no!

Os lo explicaré con más detalle. La gente va al centro sanitario, a su ambulatorio con el médico de familia de toda la vida, entra en la consulta, pero no hay médico. Sólo tienes una pantalla con una videoconferencia, y el médico o la doctora te atienden por la pantalla. Le explican los pacientes lo que les ocurre, y les hace el diagnóstico a través de la televisión, sin ningún examen físico ni exploración ni valoración en persona.

Salió el reportaje por televisión porque esta práctica, que por lo visto cada vez es más común y extendida, se realizó también en la Unidad de Urgencias de un hospital de Madrid, que es la capital de España. Es una ciudad cosmopolita y europea, y el suceso fue que una persona fue a Urgencias y le atendieron por videoconferencia. Lógicamente, el diagnóstico fue erróneo y un desastre, y tuvo que volver de nuevo al hospital.

Hacer un diagnóstico por videoconferencia y a través de una pantalla, sin realizar los exámenes físicos necesarios en persona, opino que es de una dejadez, una apatía, un desinterés, una negligencia, y un menosprecio y desprecio que ya se engloba dentro del surrealismo, idiotez y esperpento, de esta dictadura sanitaria. Opino incluso que este tipo de atención médica debería de ser ilegal, y debería de ser sólo aplicada en casos muy justificados e inevitables, y opino que es demostración más del genocidio que todavía continúa con el pretexto de la dictadura sanitaria.

Añado a este punto que, según noticias e informaciones a las que he accedido públicamente, cada vez es más habitual la atención médica por móviles o formatos diversos a través de pantalla, y esto no debería de ocurrir. Va a provocar muchos diagnósticos equivocados, muchos errores, y la muerte de muchas personas, y no se puede permitir. No atender correctamente a los enfermos en persona es como homologar y validar los asesinatos.

"Los libros de historia se avergonzaran y repudiaran la medicina actual"

Los médicos han sido el aliado imprescindible de la dictadura sanitaria. Los médicos, doctoras, enfermeras, y el sistema sanitario, han sido cómplices, verdugos, súbditos, esbirros y misioneros, de esta dictadura sanitaria a la que hay que investigar muy profundamente para demostrar que ha cometido crímenes de guerra y un genocidio espantoso.

Yo estoy convencido de que la historia futura dirá la verdad, y estoy seguro que no habrá halagos ni alabanzas para los médicos. No les espera ningún podio, no les espera medallas, y no les espera ningún honor. Muy al contrario, tal como ocurre ahora con errores de la humanidad cometidos en el pasado, las futuras generaciones profesionales habrán de pedir perdón por lo que ha hecho la bazofia presente, y repudiaran a toda esta tropa que ahora mismo vive en un delirante olimpo dentro de su propio mente.

Los libros de historia no los escriben los periodistas, y mucho menos lo va a escribir un periodismo en el peor momento del oficio desde que se creó en siglos pasados. Los libros de historia los escribe el destino, y en sus páginas no manda ningún humano, y estoy muy convencido que la condena enérgica al aborrecible y execrable servicio de los médicos en favor de la dictadura sanitaria va a ser épica, contundente y legendaria.

En mi opinión, los médicos, doctoras, enfermeras, etc, no se merecen ningún homenaje, no se merecen ninguna felicitación, no son héroes de nada, y yo, desde el primer segundo de esta masacre a la democracia, a las libertades y a la humanidad, no les he dado ni un solo aplauso. No se lo daré jamás, e incluso opino que no pueden salir impunes legalmente. Hay que investigar los increíbles aludes de muertes en residencias y hospitales. Hay que investigar las economías médicas, tanto de fortunas personales de doctores y epidemiólogos como de empresas y Organismos. Hay que investigar los nombres y relaciones de empresas y autoridades sanitarias con productos como las mascarillas y los geles. Hay que investigar, uno a uno, las fichas forenses de defunciones, y mirarlas muy con lupa.

Hay mucho por investigar sobre el nefasto y oscuro momento de la medicina y los médicos en la pandemia, pero soy realista, y sé que ahora, con la dictadura sanitaria extendiendo sus tentáculos desde la prensa hasta la policía y los Juzgados, no va a fructificar ninguna investigación ni denuncia, salvo pequeñeces irrisorias. Pero el término "ahora" es presente. El futuro, tanto inmediato como su justicia en los libros de historia, no está escrito, no lo escriben ni periodistas ni Jueces ni policías ni charlatanes vendidos al autoritarismo, y el final no será el soñado por la dictadura sanitaria. La dictadura sanitaria, sus médicos cómplices y todos sus adoradores, defensores, aliados, colaboradores, partícipes y adeptos, tendrán el resultado que se merecen, y no puede haber para nadie de todos ellos y ellas ni perdón ni clemencia ni olvido. Será por justicia histórica de la humanidad. Así ha sido desde la Prehistoria, y así está escrito por el destino que sea siempre para la eternidad.

 

Todo el contenido es de mi propiedad y autoría, y yo soy el único autor de todos estos artículos.

Está estrictamente prohibido su reproducción, comercialización, copia, publicación, y cualquier otro uso no autorizado previamente por escrito. Cualquier interés que tengas, sea cual sea y seas quien seas, es obligatorio mi autorización previa por escrito.

Se emprenderán inmediatamente todas las acciones legales que se estimen oportunas contra cualquier persona, portal, foro blog, web, perfiles, periodistas, medios de comunicación, grupos, empresas, e incluso Administración u Organismo, sea oficial o no oficial, del ámbito público o privado, que vulnere mis derechos, y haga uso prohibido y/o no autorizado.

En caso de estar interesado/a en este artículo, escribe para solicitar la autorización a mi dirección info@exoticbondage.com

Escribe con el asunto "Autorización uso artículo", especificando el artículo de tu interés, y facilitando toda la información completa, lugar exacto de publicación, fecha de publicación, y por supuesto tu nombre y responsable de la petición, con tus datos de contacto directo.

Periodistas y medios de comunicación, indistintamente sea radio, televisión, prensa escrita o digital, deben de contactar a través de la sección "Press", en la barra inferior a pie de esta página.