Policías en pandemia aterrorizando niños inocentes y ancianos desvalidos

Resulta llamativo que ya en la segunda década del siglo XXI todavía hay millones de personas, en la democracia española, que tienen el concepto de que es peligroso criticar y hablar de la policía, y que puede comportar problemas. Quizá debo de suponer entonces que España tiene una democracia fallida, o una democracia errónea, o una democracia moribunda, o una débil democracia, porque en una democracia real y sana, los ciudadanos y ciudadanas del país tienen el derecho legítimo de criticar, protestar, e incluso reclamar y denunciar, cualquier institución y organismo, sea la que sea, política, judicial o policial, y por supuesto mucho más derecho se tiene cuando son instituciones y organismos públicos financiados con los impuestos de los ciudadanos, y al servicio de la sociedad.

Dicho de otra segunda manera para si alguien no lo ha entendido, porque hay gente que le cuesta entender las cosas o no las quiere entender, los ciudadanos tienen el derecho legítimo a la libertad de expresión, de pensamiento, de ideología y de opinión, y por supuesto, de la misma forma que se tiene derecho a los elogios y las alabanzas, también se tiene el derecho a criticar y protestar contra quien sea, desde personas anónimas hasta instituciones, organismos o el propio Gobierno.

Hechos estos dos párrafos de introducción, advierto que sin ninguna duda y sin previo aviso, tomaré todas las acciones legales que estime oportunas, inclusive por la vía penal, contra quien pretenda coartar, coaccionar, intimidar, limitar, amenazar, prohibir o manipular, mis derechos fundamentales protegidos por las leyes de mi país. Una democracia se edifica y se construye defendiéndola y trabajándola, y mi compromiso y creencia con la democracia es firme, determinado e inquebrantable. Tengo plena capacidad y recursos jurídicos para emprender dichas acciones, las emplearé con toda la dureza y severidad, y estos textos iniciales son el único y válido aviso que voy a escribir en todo artículo.

Ahora ya toca comenzar con el artículo, y os voy a hablar de cómo se comportó la policía en la dictadura sanitaria.

"El periodo oscuro de la policía y la dictadura sanitaria"

España ya sabe lo que es vivir en dictadura. Vivió la dictadura franquista desde 1936 hasta 1975 para ser exactos, que fue la fecha cuando murió el dictador Franco. Durante esas décadas, miles y miles de personas que protestaron y se habían convertido en rivales ideológicos los encarcelaron y los metieron en prisión, simplemente por ir en contra de la dictadura franquista. Hubo personas que las condenaban a pena de muerte, y esa dictadura asesina, que no ha pagado por sus crímenes, mató a mucha gente, pero tampoco penséis que los años siguientes fue la libertad y la democracia viva y esplendorosa. ¡No, no! Este país usó la fuerza y la violencia, como hacen las dictaduras.

La policía de aquella antigua dictadura está llena de historias negras y horripilantes. Mi abuelo y nuestros antepasados, que ya empiezo a hacerme viejo, les llamaban los grises, porque vestían de gris, y esa policía detenía injustamente, te daba palizas, torturaba a los detenidos, amenazaba y reprimía. Hay muchas historias trágicas y repugnantes donde el protagonista de esa época era la policía, y muchos de aquellos personajes propios del Paleolítico se quedaron en la policía. No recibieron sanción, no fueron detenidos ni juzgados ni expulsados, y a fecha de hoy, casi 40 años después, todavía queda en la jerarquía de mandos policiales algunos de esos energúmenos que apoyaron la dictadura, sin pedir perdón y sin arrepentirse.

En la fecha actual, no hemos evolucionado mucho. Hace pocas semanas, este verano de 2022 que es cuando escribo el artículo, detuvieron a dos agentes de policía de los Mossos d'Esquadra, que es la policía autonómica de Catalunya, por detención ilegal, torturas y lesiones. ¡Gravísimo! Sin embargo, los medios de comunicación son cómplices y aliados de la dictadura sanitaria, y nada más han dicho del tema. No hay más detalles. Esta es la evolución informativa y transparente desde la dictadura franquista hasta la presente dictadura sanitaria, y han pasado casi 40 años.

No es el único incidente. Dos agentes de la Policía Local de Estepona, en Málaga, fueron detenidos por violación, y les podían caer 38 años de prisión, pero llegaron a un pacto entre las partes presentes del caso, la defensa y la acusación, y la ley prevé que si llegan a un acuerdo ya no hay juicio. No irán a prisión y no serán condenados, a cambio de pagar una indemnización económica a la víctima y asistir a una especie de cursos de orientación y educación sexual, y este caso también ha salido a la luz pública informativa este verano de 2022 concretamente.

Esta es la realidad de lo que ya sabemos que ha sucedido hasta la fecha de hoy, pero yo quiero repasar en el artículo lo que hizo la policía durante el mal disimulado golpe mortal a la democracia que intentó a partir de 2020 la cúpula de la dictadura sanitaria.

"El Ministerio de Interior confiscó las competencias de todas las policías del país"

En España tenemos mucha policía diferente. Tenemos la Guardia Civil, que es policía de ámbito de todo el país, salvo en algunos comunidades, donde las competencias de seguridad ciudadana las tiene las policías autonómicas. Aun así, incluso en esas comunidades autonómicas, sigue siendo la policía competente en cuestión de fronteras, aduanas, marítima y armas, por citar unos ejemplos.

Otra policía es la Policía Nacional. También es policía de ámbito nacional, salvo vuelvo a repetir en aquellas comunidades donde las competencias de seguridad ciudadana se han delegado a las policías autonómicas. Sin embargo, sigue siendo la policía que manda en todo el país en cuestión de extranjería, inmigración o para hacerte el DNI o el pasaporte, por ejemplo.

Algunas comunidades autonómicas, como Cataluña o el País Vasco, tienen su propia policía autonómica. En Cataluña, donde yo vivo, son los Mossos d'Esquadra, pero por todo el país está lleno de policías locales, guardias municipales, agentes rurales y mil historias. Esta es una democracia que surgió de una dictadura cuyo poder violento era la policía, y en nuestro país la policía sigue siendo la vital arma represiva del gobierno e ideologías políticas.

Cuando se decretó el inicio de la pandemia, el Ministerio de Interior, liderado por un polémico Ministro que fue Magistrado y cuya trayectoria tiene sombras y denuncias, se incautó de todas las competencias que tenían todas las policías, incluso las de pueblos de montaña, y todas las policías estaban bajo su único mando y orden. La dictadura necesitaba la intimidación de la policía para masacrar la democracia.

"Policías persiguiendo que niños y ancianos desvalidos no salieran a la calle"

Arrancó así la burda excusa de la pandemia, arrancó la real intencionalidad de una nueva dictadura, esta vez bajo la tiranía sanitaria, y se obligó a todo el país, salvo trabajadores esenciales, encerrarse en casa y prohibido salir a la calle, excepto para ir a comprar al supermercado de al lado de casa, pasear el perro hasta la esquina, y poco más.

Agentes de policía añorados de esos tiempos antaño de la dictadura sanitaria comenzaron a perseguir un pueblo asustado, aterrorizado, inculto, aborregado y anestesiado. No perseguían delincuentes peligrosos, ¡no! No perseguían bandas armadas, ¡no! No perseguían ninguna sublevación, porque para sorpresa mía, el 98% de la población aprobó el confinamiento y las medidas, y se encerraron alegres en casa. Lo sé sobradamente porque yo no obedecí órdenes del dictador, y la gente te insultaba y te amenazaba desde los balcones y ventanas.

Os diré qué perseguían. Se dedicaban a perseguir que un pueblo inocente, pacífico y desarmado, no saliera a la calle sin causa justificada. Perseguían que los niños y niñas pequeñas no salieran a jugar al parque, o que no jugaran a la pelota en la acera con sus amigos y amigas. Perseguían que los ancianos y ancianas, abuelos y abuelas y viejos y viejas, no salieran a dar ese paseo matutino o diario que les garantiza mantener el bienestar y la salud a su longeva edad. Les obligaban a estar en casa, y a esas edades, pasarse 45 días sin salir de pisos de mierda pequeños con la mayoría de tiempo sentado en el sofá o en la silla, es condenarlos al deterioro físico y mental por ley de vida hasta la muerte.

Si esto os duele emocionalmente, no he acabado todavía. Justo acabo de empezar. Perseguían que los bebés o críos de uno o dos años, en esa etapa sagrada de los estímulos visuales, los descubrimientos, el aprendizaje y el desarrollo cognitivo, no salieran de casa, y comenzaran su vida viendo durante semanas las mismas baldosas, las mismas paredes, los mismos colores, las mismas voces, las mismas personas, el mismo tejado, afectando y dañando seria e irremediablemente un desarrollo cognitivo cuyas negativas consecuencias las comprobaremos cuando sean adultos.

Perseguían que la gente indefensa, la gente obrera, aquel trabajador o trabajadora que duerme mal, que madruga muy temprano para ir a trabajar, que hace milagros para pagar sus impuestos y sus facturas y sus deudas, que llega a casa molido y agotado de trabajar, y que se pasa el 70% de los días de su vida trabajando para sobrevivir y comer, no pudiera ir a trabajar, no pudiera abrir su negocio, y quebrara y se hundiera en la ruina y en la hipoteca.

Se ha de ser maravillosamente valiente o repugnantemente cobarde, para perseguir niños y ancianos para que no salgan a la calle. Yo lo tengo muy claro, pero como quiero que el artículo también sea un debate y estimule el pensamiento y el uso de la razón al lector y a la lectora, dejo a vuestra elección si os decantáis por la versión de valentía o de cobardía.

"Hubo incidentes de todo tipo patéticos e imperdonables con policías implicados"

Con la instauración de la dictadura sanitaria, comenzamos a ver imágenes y situaciones que siempre nos enseñan los periodistas cuando ocurre en Afganistán o en China, pero aquí también ocurrieron situaciones esperpénticas e intolerables. Ahora que me venga así rápido a la memoria, un agente de la Guardia Urbana de Barcelona amonestó a unos vecinos del barrio de la Villa Olímpica porque habían sacado los perros a pasear, que era una actividad permitida, a un parque lejano de su casa. Esas burradas hacia la policía en la dictadura sanitaria, pero hay casos peores.

Agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil habían multado ciudadanos porque habían ido a comprar sólo un paquete de arroz o una botella de agua o muy pequeñas cantidades, y los policías decían que no se podía salir de casa para comprar tan poca cosa. Cuando veían los ciudadanos salir de la tienda, esa vergüenza histórica de policías paraba a la gente, les obligaban a enseñar lo que habían comprado, y si sólo llevaban un paquete de arroz les multaban. Yo, si fuera político, haría identificar a esos policías, multarlos por un comportamiento indigno e inadmisible en democracia, estudiar vías penales como podría ser el abuso de autoridad, y echarlos sin ningún honor de los cuerpos policiales, con sentencia penal impuesta. Yo no quiero policías de esa calaña repudiable en ninguna institución policial, sea local, autonómica o nacional.

Después de 45 días donde la dictadura sanitaria no acabó de consolidar su objetivo tétrico, permitió a la gente salir de casa, pero sin cambiar de municipio, siempre en su población, y entonces se ampliaron los casos de comportamientos policiales repulsivos con otros formatos. Se ponían policías a un lado de la acera, porque en muchas poblaciones del área metropolitana de Barcelona las aceras, las calles, o los carriles de circulación de vehículos, son las fronteras entre cambios de poblaciones. Cuando cruzaba la gente, les pedían la documentación, y si vivían en otra población distinta a la que ponía su documentación les multaban por cruzar la calle.

Yo me acuerdo de una anécdota que vivimos. Nosotros estábamos muy morenos, porque estaba todo cerrado, no podías hacer nada, y nosotros nos pasábamos los días haciendo fotos bondage por la montaña o casas abandonadas o granjas. Los días que no hacíamos fotos nos poníamos a tomar el sol, pero me acuerdo que esa primavera del confinamiento llovió espectacular muchos días. Una semana muy lluviosa estuvimos en Barcelona, íbamos andando por la acera, y llegamos a uno de esos controles de la Guardia Urbana de Barcelona para que no pudiera la gente inocente cruzar la calle. Estábamos muy morenos, como en pleno agosto, pero era finales de abril y el confinamiento, y la gente estaba pálida y blanca de no salir a la calle. A los agentes de policía se les pusieron los ojos redondos de asombro como si fuera la Luna Llena. Se quedaron parados, perplejos. Nosotros íbamos hablando de nuestras cosas, en nuestra conversación, y seguimos andando, pasamos a un metro de distancia, y no nos dijeron nada. Sólo nos seguían con la mirada, con una sonrisa pasmada en sus labios, pero estaban que no se lo creían. Fue muy gracioso. Tengo grabada la cara de ese policía que no se creía lo que veía.

"Controles policiales propios de regimenes talibanes y dictadores"

Ya que he hecho el comentario de los controles policiales, os voy a comentar este punto, porque los controles policiales, en determinadas comarcas, como la de Barcelona, eran muy habituales. La autoritaria Guardia Urbana de Barcelona, que se comportaba feliz de servir a la dictadura, montaba controles policiales que iban cambiando de punto en la ciudad a diario, cada día, y se iban cambiando de barrios y de ubicaciones.

En carreteras comarcales o autovías, también hacían controles dictadores los Mossos d'Esquadra, y nosotros, que no obedecimos y no cumplimos ni una sola orden de esta delictiva dictadura sanitaria, teníamos que tener en cuenta los controles policiales. Te los podías encontrar muy fácilmente, y algunos controles en carreteras eran fijos. Se pasaron semanas y semanas, 24 horas al día, pero de la estrategia me encargo yo. Esa es mi plena responsabilidad, me encanta, estoy preparado, y yo decido cómo se esquivan.

Os explicaré unos cuantos, omitiendo datos de nombres reales y alterando algunos detalles. En una autovía catalana, había un control fijo de la policía entre dos poblaciones donde la autovía no te permite desviarte, porque no hay salida por la orografía del terreno. Nosotros abandonábamos la autovía una población antes, unos cinco kilómetros antes del terreno. Te metías por una urbanización, por allí tomabas un desvío de pista forestal y rural, conducías unos diez kilómetros por esa pista, y volvías a la autovía ya después del control.

Me acuerdo de otro control cuyo truco era no esquivarlo. ¡Sí, sí, suena raro, lo sé! El truco era pasar por el control, pero tenías que pasar al mediodía. Estaba el control, los conos, las señales de control policial, el carril de velocidad cortado, pero no había policías, porque a esa hora tenían que comer. Es su cambio de turno, comen, y había como una pausa sin presencia policial, y podías pasar con total tranquilidad.

En otra población, la policía se dio cuenta de que había un desvío donde los vecinos abandonaban la carretera, y así evitaban el control, y un día, sin previo aviso y en plan trampas de dictadura, la policía puso un control sorpresa en ese desvío secundario rural, y caían como moscas los infractores, pero esa burda maniobra estaba prevista. Se sabía que tarde o temprano lo iban a hacer, y la forma de evitarlo era mirarlo desde un lugar que, debido a la altura de montículos, se tenía mucho campo de visión. Si estaban, daba la vuelta por las montañas.

En ocasiones habíamos hecho vueltas y rodeos muy grandes. Había un control policial en otra carretera distinta que era difícil de sortear, y lo que decidí es dar una vuelta de película, desviarnos completamente, y en lugar de ir al norte nos íbamos al oeste, para después subir pendientes, ir a una cota que no os cuento, y de allí volver a bajar, ya muy lejos del control. Eso significaba hacer más de 30 km de recorrido, sí, pero las carreteras estaban vacías, totalmente libres, no había atascos, no había tráficos, la gasolina estaba maravillosamente barata, por debajo de los 0,89 céntimos el litro, que aquí en Europa es un precio nunca visto, y no había prisa. Hacíamos 30 kilómetros de más, sí, es cierto, pero tardábamos lo mismo, o incluso menos, porque no había nada de tráfico. En 30 km te podías encontrar por esa carretera diez coches, y no exagero.

Los controles difíciles de evitar eran los de una lamentable Guardia Urbana que ha de pedir perdón a sus ciudadanos, a los niños y a las niñas, por la blasfema, intolerable y represora actitud, que tuvo durante esas nefastas fechas. Se cambiaban de sitio y se ponían en esquinas, o te venían y te perseguían por detrás como si fueras un delincuente, y cuáles fueron mis decisiones de estrategia para evitarlas no os las voy a contar por cuestiones de seguridad. La Guardia Urbana y yo tenemos un enfrentamiento serio que ellos ya saben muy bien de qué va, y las estrategias que yo adopto siguen siendo privadas, personales y confidenciales. En un futuro sí que os las explicaré, pero ahora mismo seguimos en guerra pacífica, por decirlo de algún modo. Tan sólo añadiré que igualmente Barcelona es una ciudad que detesto, que estaba completamente paralizada en el confinamiento, y no nos movimos casi nada por Barcelona. No tengo nada que hacer en esa mierda de ciudad que detesto y que no me gusta nada.

En las autopistas, básicamente los controles policiales se producían los fines de semana, para que la gente no se fuera a la segunda residencia, a su casita en el pueblo, y sobre todo a la zona del Pirineo o de la Costa Brava o del Empordà. Entre semana era bastante tranquilo, porque se tenía que garantizar el transporte esencial de los camiones. Los transportistas y camiones se les dejaban circular tranquilamente, porque había prisa ya que había el peligro de que escasearan algunos productos alimentarios o sanitarios, y yo escogía rutas de camiones para desplazarnos.

Mis márgenes de movimiento son muy amplios y nos movimos por muchas comarcas. Circulamos más que nunca, haciendo más de mil kilómetros a la semana, aprovechando el precio de la gasolina que estaba baratísima, pero también he de reconocer que muchas veces tuvimos que parar por la lluvia. Llovió muchísimo esa primavera, e incluso me acuerdo que una vez diluviaba tanto que nos salimos de la autopista para refugiarnos. Vi un puente, y nos pusimos debajo el puente, en una zona segura. Había un hotel, y tenía luces encendidas. Nos acercamos a la fachada, pero entonces vimos que era un hotel de ésos de carretera de putas, y preferimos quedarnos fuera bajo el puente. De todos modos, tenía las puertas cerradas, pero sí vimos una chica en el balcón trasero mirando cómo llovía. Creo que un poco sí que trabajaban.

"El terror y la psicosis que los policias crearon a los niños pequeños"

Resumiendo los controles policiales, que eran muchos y por todos sitios, nunca nos pilló ninguno y nunca nos paró ninguno, pero quiero comentar las consecuencias y los efectos secundarios que provocó tanto control y tanto acoso de los policías fanáticos de la dictadura sobre los niños y niñas pequeños e inocentes que no tenían culpa de nada.

En las fechas siguientes al confinamiento, cuando la cúpula delictiva de la dictadura ya dejó salir a los niños y niñas a la calle, los niños tenían un comportamiento extraño que yo jamás había visto en tanta coincidencia en todos mis años. Cuando los niños veían un coche policial, aunque solamente estuviera circulando como un vehículo cualquiera por las calles de la ciudad, corrían a esconderse detrás de los contenedores de basura o de los coches aparcados. Se escondían asustados de verdad, o se arrimaban a las piernas de sus padres, mirando a la policía con aquellos ojos espantados de quien ve un monstruo en la oscuridad de la noche.

Hay una incidencia que me acuerdo especialmente. Nosotros íbamos andando por la calle de Barcelona, y en la acera esperaban para cruzar una madre con su niña, que debería de tener unos cinco años, así calculado a ojo. Venía un coche de policía de la Guardia Urbana, y al llegar al semáforo se cambió a rojo. El coche policía paró, lógico, y la niña aterrorizada e inocente comenzó a gritar a su madre que era policía. Lo dijo aterrada tres veces, a grito pelado, y la niña le dijo a su madre que corriera y huyeran. La madre le dijo que se callara, y cruzaron. Los policías no dijeron nada, y me acuerdo que a los policías se les veía arrepentidos y avergonzados. No tenían nada que decir, salvo pedir perdón, pero estas aberrantes y déspotas instituciones policiales de la actualidad no han pedido perdón todavía. Lo harán. El futuro se lo obligará.

Dos comentarios os haré para los que estáis leyendo el artículo. El primero es que muchos padres torturadores y maltratadores, y habló de decenas de miles y miles y miles de padres, disfrutaron felices con la dictadura sanitaria, como la inmensa mayoría de la sociedad, y encerraron a sus niños y niñas en casa durante más de un mes, los 45 días seguidos, sin dejarles salir ni un segundo de casa. Es lo que ordenó los tarados líderes de la dictadura, y en el futuro sabremos historias vomitivas que sufrieron los críos con la escoria humana de sus padres. A fecha de hoy todavía son muy pequeños para explicarlo y salir a la luz pública, y la prensa tampoco les va a dar voz. De todos modos, tenéis un artículo completo en mi web dedicado a los menores y sus padres y la dictadura.

El segundo comentario que os haré es que a mí no me gustan nada los niños. No soporto los niños. No tengo niños, y no hablo con niños, ni aunque tengamos vínculos familiares. No me gustan nada los niños, pero a pesar de no gustarme hay algo que no tolero de ninguna de las maneras, y es abusar, burlarse, amenazar, intimidar o aprovecharse de los débiles. Esos gestos me parecen de lo peor condición humana, típica de la basura humana o la inmundicia de gente que no debería ni de existir, y en el concepto de los débiles englobo también por supuesto de los niños. A mí no me gustan y me alejo mucho de ellos, pero soy absolutamente incapaz de ordenar encerrarlos 45 días en casa, como mandó la dictadura, o de mantenerlos 45 días encerrados en casa, como hicieron centenares de miles de padres subnormales. Eso es algo que no soporto, no tolero, no permito, y este es un código sagrado que se aplica también en las prisiones. Incluso los delincuentes más peligrosos tienen este noble código, del que demostraron carecer policías y padres.

"La policía persiguiendo con helicópteros a la gente y su propio pueblo"

Muchos días nos movimos por las montañas. Estaban prácticamente desiertas, sin gente haciendo excursión o visitando lo que sea. Pudimos hacer sesiones de fotos bondage en lugares impensables, pero no os creáis tampoco que fue tranquilo. ¡No! No había gente. Nadie venía por estos rincones, y cuando digo nadie es nadie. ¡Cero! No se escuchaban los alaridos becerros de los ciclistas que hablan a grito como si estuvieran en la discoteca o se hubieran comido un megáfono. No se escuchaba ni un motor, ni de coches ni de motos ni quads. El silencio era espectacular.

Pero, de repente, se escuchaba un vuelo, y eran los helicópteros de la policía. Cada día, sí, sí, cada día, sobrevolaban parajes rurales y montañas, mirando el paisaje y si había presencia y actividad humana. Cada día, ¡el helicóptero policial de turno! Yo adopté las medidas para escondernos. Tampoco son helicópteros sofisticados. No son helicópteros militares con tecnología avanzada militar. Son civiles, y por lo tanto, están limitados, y hay formas para esconderse. La gran mayoría de estos helicópteros no llevan cámaras térmicas para detectar el calor humano dentro del bosque. Esas cámaras tan peliculeras las usan cuerpos como la Guardia Civil para perseguir el narcotráfico y las drogas, pero son caras y esto es España.

Escuchábamos el helicóptero, e íbamos rápido a escondernos. Yo diría que nunca nos vieron, porque nunca nos llegó multa, ni vino coche patrulla a buscarnos, ni se acercó policía, así que diría que nos escondimos 100% de efectividad. Pero sí, la dictadura sanitaria usó helicópteros para vigilar si algún ciudadano indefenso, pacífico y ejemplar, estaba en el monte buscando espárragos o andando. Esta es la patética realidad.

Os explicaré dos historias graciosas y emocionantes. Un día estábamos haciendo fotos bondage en un río. Son las fotos en las que Thyffany está atada dentro del río de agua ocre por sus sedimentos y las características del terreno. Está atada dentro del agua pero junto la orilla, a los postes de pesca. Estábamos haciendo las fotos, tranquilamente, y mientras estaba atada dentro del agua escuchamos un helicóptero. Había tanto silencio que se escuchaba todo muy de lejos, pero este helicóptero sonaba que venía directo hacia nosotros. No me daba tiempo a desatarla y sacarla del agua antes de que llegara el helicóptero.

Por el ruido, el helicóptero venía recto hacia nosotros, y preparé las cámaras para grabar el helicóptero. Cogí el plan de emergencia que tenemos para salir rápidamente, pero aguanté porque no se veía el helicóptero. Venía por la otra orilla, y volaba muy bajo. Se le escuchaba casi a ras de suelo. Llegó el helicóptero hasta la otra orilla. Sólo nos tapaban los árboles altos y el bosque de ribera. Estaba ahí, al otro lado, a treinta metros, casi tocando el suelo, pero entonces se fue. Escuchamos cómo se alejaba. Se fue, sí, pero diez minutos después más o menos volvió. ¡Otra vez! Las aspas del helicóptero sonaban delante mismo, al otro lado de los árboles. Si no hubieran estado los árboles, nos habríamos visto cara o cara, pero iba muy bajo, casi tocando el suelo, y otra vez escuchamos las aspas alejarse. ¡Y así cuatro veces se repitió! Sin vernos.

Semanas después le expliqué a un vecino lo que nos pasó. Me pareció rarísimo, y me explicó que esos días había helicópteros, no sabían si de salvamento o bomberos, haciendo prácticas de vuelo, venían de su base, hacían entrenamiento de bajada a ras de suelo, llegaban hasta un llano grande que había al otro lado del río, y se volvían a ir, y que con el confinamiento habían aprovechado para hacer muchas prácticas de vuelo en ese sitio. ¡Ahora lo entiendo! Le expliqué que estábamos al otro lado de la orilla, que sólo nos tapaba el bosque, justo enfrente de donde bajaban, y que no nos vieron. Fue algo increíble.

Hubo otra experiencia. Habíamos hecho unas fotos bondage con Thyffany atada a un árbol sombrío, ya buscando que no fuéramos visibles desde el aire. Justo habíamos acabado las fotos, con Thyffany todavía desnuda, llegó por la banda norte del cerro un helicóptero fotográfico. Son helicópteros que fotografían montañas y paisajes en plan espionaje como la Gestapo, y esto hace muchos años que pasa en nuestro país. Ya lo sabemos.

Thyffany estaba en un claro abierto, tomando el sol desnuda, y salió corriendo hacia donde le había dicho. Nos escondimos en el lugar planeado segundos antes de que pasara el helicóptero, pero el helicóptero pasó a escasos diez metros de nuestra cabeza. El ruido de las aspas fue bestial. Vimos cómo el helicóptero se fue a las cimas del otro lado del valle. Nosotros habíamos salido ya, pero entonces volvimos a ver entre los árboles que el helicóptero daba media vuelta y volvía. ¡Otra vez corriendo a escondernos! ¡Que vuelve! Pasó por encima de nosotros de nuevo, ahora un poco más bajo, con las aspas haciendo un ruido brutal, pero se iba hacia el oeste, y ya se fue. Este helicóptero también lo tenemos grabado, porque teníamos las cámaras a mano. Tenemos unos cuantos helicópteros grabados, así que para la gente incrédula que no se lo crea le puedo demostrar que es verdad.

"Policías persiguiendo ancianos que paseaban solos por caminos rurales"

Todo esto de los helicópteros ya indica que la persecución al ciudadano fue atroz, inaudita, exagerada y bárbara. También os he hablado de persecuciones en la ciudad, pero ahora os hablaré de parajes rurales, desiertos, donde había mucha menos presión y más tranquilidad. Mucha gente que vivía en esos lugares podía moverse más fácilmente, pero aun así tenías que vigilar, porque la policía se metía por caminos y senderos donde yo no he visto nunca policía en toda mi vida.

Sin deciros el nombre de poblaciones, un día estábamos en un pueblo donde vive muy poca gente, casas separadas y lejos, y está todo lleno de campos de agricultura. Nosotros estábamos en un lugar elevado. Vimos un señor de avanzada edad paseando por los caminos de tierra, y al fondo vimos que se le acercaba un coche todoterreno de la policía de los Mossos d'Esquadra. Ese señor estaba sólo. No había nadie. Sólo le rodeaban campos. Vimos que le paraban, bajaban los dos policías, y por los gestos era fácil intuir que le pidieron la documentación y le multaron por saltarse el confinamiento. ¡Ridículo y esperpéntico! La policía se olvidó que la gente que tenemos experiencia en estos terrenos sabemos que se puede controlar zonas desde kilómetros de distancia, y nos fuimos por otros caminos.

Aun peor era la Guardia Civil. Patrullaban en coches camuflados, es decir, coches de paisano, y cuando pillaban a alguien le amenazaban como lo haría un régimen autoritario y criminal. Nos contaron gente que le habían dicho que se fueran a casa ya, y si les volvían a ver les detenían. ¡Como si estuvieras en Rusia o en China! En este país hay mucho policía que manchan las instituciones policiales y que deberíamos expulsarlos del Cuerpo inmediatamente.

Yo ya lo tuve en cuenta desde el primer minuto de la instauración de la dictadura sanitaria y la masacre a la herida democracia. Cuando nos movíamos por montañas o caminos rurales, nos escondíamos ante cualquier coche ya tan sólo escucharlos. Todos, del primero al último, eran para desconfiar. Podían ser policías de paisano. Podían ser traficantes o delincuentes de todo tipo. Podían ser miles de opciones. Por eso, en las estrategias que adopté, una de esas estrategias fue no fiarse absolutamente de nadie, porque la gente estaba a favor de la dictadura. Ya nos ocurrió en la ciudad, que nos amenazaron con llamar a la policía. La directriz que yo marqué era que siguiera sin vernos todo aquel que no nos había visto jamás. Simple y fácil.

"Policías en contra de la dictadura sanitaria y sus órdenes"

Como último apartado para acabar el artículo, hay un punto que os va a llamar mucho la atención, porque os puede dar la impresión de que toda la policía fue la vergüenza policial de su oficio. En efecto, hubo muchos policías a los que hay que expulsar del Cuerpo de Policía, de todos, desde cuerpos policiales nacionales, hasta policías locales y autonómicos. Muchos policías son la deshonra, el desprestigio, y la abominación, de lo que ha de ser un policía realmente. Yo, si fuera político, prometo haría limpieza hasta dejar sus alcantarillas sacando brillo, pero he de hacer un inciso y enseñar otra cara policial.

En municipios habitados o en grandes urbes como es Barcelona, sí, nos encontramos policías, sí. Nos encontramos cara a cara. Ya os he explicado antes la anécdota de cuando estábamos morenos, pero hay más casos. Cuando era confinamiento cruzamos calles justo delante de coches de policía, o pasaron a un metro de nosotros, y no nos pararon y no nos dijeron nada. Cuando era obligatorio llevar el burka de la mascarilla nos encontramos con policías, cara a cara, de frente, y no nos dijeron nada.

Por cuestiones profesionales o personales que no os voy a explicar, también he hablado con policías. Yo hablo con mucha gente, paletas, ganaderos, chicas para modelos bondage, policías, abogados, Jueces, deportistas, y hasta ¡fijaros!, que el otro día hablaba con un chico que no es nada, no trabaja, no estudia y no quiere hacer nada. ¡Fijaros si hablo con gente! Mi vida personal y profesional es privada, secreta y confidencial. Esto sólo es mi web de afición al bondage. Sólo descubro lo que yo quiero, en texto estudiado y cuidado.

Sé que hubo muchos policías, cada día más mientras avanzaba la prolongación de la dictadura, que se negaron a obedecer las órdenes de la dictadura sanitaria de forma sutil. No lo dijeron abiertamente. No dijeron a sus superiores que no iban a cumplir las órdenes. Simplemente, no las aplicaron. No multaban a la gente, no paraban a nadie, y me acuerdo de una persona que me contó que iba en coche, llegó a un control policial, y cuando fue a parar el policía le dijo que siguiera, y así con todos los coches que estaban en la fila.

Me contaron algunos policías que tenían mucha presión. Sus superiores y el Ministerio de Interior controlaban qué Cuerpos y qué policías obedecían y quienes no obedecían a la dictadura sanitaria a través de las multas, y según el número de sanciones puestas, o no puestas, se sabía qué agente cumplía órdenes y cuál las desobedecía. Hubo agentes de policía que estaban hartos de esa presión y vigilancia comunista, y muchos pidieron la baja laboral. La mayoría fue por ansiedad, y este dato se puede demostrar. Podéis investigar cuántos agentes de policía pidieron la baja laboral entre el 14 de marzo de 2020 y el 14 de marzo de 2021, que es el plazo de un año, y compararlo con años anteriores. Veréis cómo hay un notable y muy importante incremento de las bajas laborales policiales. Esto se puede hacer. Periodistas, abogados, sindicatos, Jueces, etc, podéis mirarlo, y decirme si me equivoco. Si mi dato está mal, yo lo rectifico. Si no está mal, el texto actual seguirá íntegro, y como yo sé que es verdad, y dado yo soy el autor, sigue en el formato basado en mi experiencia, mi conocimiento y mi opinión.

También hubo un hecho muy preocupante. Dos agentes de policía me advirtieron, de buena fe y amistosa por relaciones personales, que tuviera mucho cuidado con algunos de sus compañeros en determinadas zonas y poblaciones. Habían escuchado rumores muy verídicos e historias delictivas protagonizadas por policías que les habían dejado estupefactos, les daban credibilidad, y había policías a quienes sus compañeros les retiraron la amistad y la relación. Simplemente, se saludaban lo justo por compromiso. Había tensión en algunas comisarías, y había miedo de que ocurriera algún incidente grave entre policías. Sabían que yo me saltaba todas las normas, y que tenía una actitud de activismo y protesta en contra de la dictadura sanitaria y su cúpula, y me advirtieron que algunos policías habían hechos cosas extrañas, y que vigilara mucho con ellos. Yo les hice caso, y evité algunas zonas, a las que ni tan siquiera me acerqué.

Si hubiera seguido esa tensión social, me contaron los policías que había riesgo de haber ocurrido algo inimaginable, porque la tensión creció a tanto nivel que alcanzó las jerarquías superiores, y allí los políticos se dieron cuenta del peligro que se avecinaba, y tomaron medidas para calmar los ánimos. Por ejemplo, dl mando del Ejército que salía por la televisión, como hacen las dictaduras militares y golpistas, lo envió el Gobierno Español a Estados Unidos, en un puesto de trabajo hecho a medida para tenerlo muy lejos del país. Se destituyeron a los altos mandos policiales que habían aparecido en las ruedas de prensa televisiva para informar de multas y detenciones. Hablo de memoria, pero diría que fue de los cuerpos nacionales, Guardia Civil y Policia Nacional, aunque lo revisaré para confirmarlo. El Ministro de Sanidad dimitió poco después, y se dio a la fuga para no ser preguntado ni investigado en el refugio catalán, donde históricamente hay siempre mucho voto socialista, y no habla del tema. Pasó algo escandaloso e imperdonable, pero ningún periodista preguntó por ello, y a día de hoy parece que nadie se ha dado cuenta. El pueblo está aborregado, y el periodismo está postrado súbdito a sus jefes políticos, pero sí, la historia en el futuro saldrá a la luz y se sabrá, porque hay gente que la sabe y la dirá. De todos modos, esas medidas calmaron la situación, se devolvieron las competencias autonómicas policiales, bajó la presión sobre policías, y se frenó a tiempo una situación terriblemente peligrosa que podía conducir el país al peor de todos los finales posibles.

"La versión del Ministerio de Interior sobre las obligaciones de los policías"

Tal como os he dicho, el Ministerio de Interior, tal como hacen las dictaduras golpistas y militares, confiscó todas las policías del país, autonómicas, locales, nacionales, etc, y todas las policías, fuesen de donde fuesen, pasaron a estar bajo el único mando del Ministerio de Interior.

Actitudes similares veréis en muchos golpes de Estado que se han producido por todo el mundo en las últimas décadas, y yo les escribí al Ministerio de Interior, pero como es de esperar no me contestaron. Tuve la intuición y la sospecha, dicho sea con algo que ironía, que no iban a contestar a rivales de su bando contrario,y dado acerté porque no me contestaron decidí contactar con ellos mediante otra fórmula, y entonces sí me respondieron.

Les escribí por una cuestión. La policía está al servicio de la Ley, y se debe a las leyes y a la jerarquía institucional, pero tienen su código ético y deontológico, válido, legítimo y legal, en el cual pueden desobedecer órdenes que atentan contra los derechos humanos y los pilares fundamentales de la democracia. No están obligados a cumplir órdenes cuando se violan esos derechos. Estas acciones y conductas también lo avalan las leyes democráticas y españolas. Un policía no puede vulnerar derechos humanos por orden absolutamente de nadie, ni tan siquiera de sus superiores. Se puede negar perfectamente a cumplir esas órdenes, y si le sancionan el policía puede denunciar a su mando, y ganará el juicio. Sin embargo, aquí había miles de policías entusiasmados que se creían el sheriff del pueblo, y destrozaron los derechos humanos en España en dos segundos.

De este tema hablé con el Ministerio de Interior. Tengo su respuesta preparada en personas jurídicas para ser puesta a disposición judicial tan pronto sea necesario, pero su respuesta fue que la última decisión de aplicar las medidas correspondía a las policías propias, quedaba a voluntad y responsabilidad del propio policía, y que podían no cumplirlas atendiendo al principio de imperiosa e imprescindible necesidad. Así, pues, el Ministerio del Interior, que lideró todas las acciones policiales y cuyo máximo mando fue un Magistrado envuelto en polémicas en años anteriores, se lavaba las manos, y decía que la culpa de las cosas mal hechas era de los policías, porque ellos podían decidir si aplicarlas o no.

"Reflexión la actitud y la ética policial"

Para terminar, diré dos puntos. Nunca jamás se debe de repetir una situación tan horripilante, inverosímil, dictatorial y autoritaria, pero ya sabemos en España que en nuestras policías todavía quedan mandos que son herencias de la dictadura franquista, que usó la policía como fuerza para atacar, reprimir, apalear y aterrorizar, la nación española.

Opino que los máximos rangos policiales deberían de salir a la luz pública, y sin excusas ni peros ni pretextos de ningún tipo deberían de pedir perdón a todos los niños y niñas que mantuvieron encerrados 45 días en casa con sus padres, niños y niñas a los que vigilaron que no salieran a jugar al parque o la acera, y también han de pedir perdón a los ancianos octogenarios que necesitaban de su rutina diaria, su paseo y su parque, para mantener el bienestar y la movilidad básica de su edad. Miles y miles de estos ancianos, más de dos meses encerrados en casa, sufrieron un deterioro físico y mental tan grave que fue irreversible, ya que la ley de la naturaleza dicta el proceso de la vejez, y nunca más volvieron a ser los que fueron. Sólo les quedó esperar a morirse.

Las instituciones policiales pueden pedir perdón de dos maneras. La primera manera es de propia voluntad, reconociendo los errores y prometiendo que no volverán a ocurrir jamás, en una demostración de sinceridad, honestidad, reflexión, ética, y servicio a la democracia y a la ciudadanía, que es a quien se deben. No trabajan para golpistas y dictaduras.

La segunda forma es esperar al futuro, esperar a que los niños y niñas cuenten los maltratos, torturas y vejaciones, que sufrieron encerrados en casa por culpa de su propio ámbito familiar, que es un ambiente muy habitual en el maltrato a menores. Mirar las estadísticas judiciales, y veréis que es verdad. Saldrán todos los escándalos que avergonzaran y escandalizaran las generaciones futuras, que obligará a investigar en el futuro las actuaciones policiales del presente, si hace falta agente uno a uno, con toda la prensa en contra, toda la sociedad en contra, y con todos los políticos, ¡¡sí, sí!!, los mismos políticos que los han usado de marionetas, también en contra. La dictadura es egoísta, y no entiende de lealtades.

Yo, en mi opinión, si fuera policía y fuera mía la decisión, optaría sin ninguna duda por la primera opción, pero no soy policía, y no es competencia mía esta decisión. También es cierto que yo no hubiera detenido a nadie, ni perseguido a nadie, ni multado a nadie.

En cuanto a mí, por supuesto que a mí no tienen que pedirme perdón que nada. Yo no he firmado tregua ni paz, y en estas condiciones no hay perdón que pedir ni aceptar ni que tenga valor. Yo no obedecí. Adopté estrategias a la situación autoritaria, y mis medidas funcionaron a la perfección. Soy muy bueno en estas cosas.

"Posibles repercusiones y consecuencias por escribir mi opinión libremente"

Dicen de mí que soy complejamente estratégico, y que todo lo escribo, tanto lo bueno como lo malo, está pensado, planificado y estudiado. Dicen tantas cosas de mí… también dicen que estoy muy loco, que soy un genio, etc. Menos normal y aburrido, me llaman de todo.

Es cierto e innegable que este artículo va a cabrear, enfadar y molestar, a muchas personas, y muchos policías se han a sentir muy heridos. Yo siempre he dicho que cuando se tiene la conciencia manchada y hay remordimientos, cualquier palabra duele, y soy consciente de que puede haber represalias. Es lamentable que en una democracia se pueda sufrir represalias por haber hablado de experiencias reales mías vividas y de mis opiniones, pero estas idioteces suelen ocurrir en una democracia fallida, errónea, falsa y moribunda.

Sin embargo, quien me conoce ya sabe que les estoy esperando feliz y encantado. La vida son combates desde que se nace hasta que se muere, salvo para cuatro ricos afortunados. Hay que aceptarlo. Así lo escribió el destino, y yo creo en el destino. Tengo enemigos desde el día que nací, y forman parte de mi vida desde siempre. ¡Ningún problema! ¡A sumar otro a la lista! ¡Donde caben 527 enemigos, caben 528! Y así será hasta el fin de los días.

Os podría explicar y razonar conceptos jurídicos de diferentes índoles, pero esto no es una web de leyes. Esto es bondage, y mi defensa, u ofensiva, jurídica y legal, es secreta. Quién sabe, quizá estoy preparado, formado y lo tengo todo planificado. Los policías siempre dicen que en todas las líneas de investigación no se descarta nunca ninguna posibilidad. Yo digo que en el campo estratégico, todos los imprevistos han de estar previstos, incluso los más fantasiosos, y me encanta esa frase.

Tan sólo os diré, a mis queridas y queridos lectoras y lectores, que las dictaduras y los autoritarismos se alimentan del miedo de su pueblo. Si no tienes miedo, no hay dictador, y yo me mantengo firme, determinado, inquebrantable, y completamente convencido, al bando y a favor de los valores democráticos, y no he obedecido, ni obedezco, ni obedeceré jamás, tiranos, golpistas, autoritarios, dictadores, imitadores, copias y demás. No he obedecido, ni obedezco, ni obedeceré jamás, dictaduras de ningún tipo, sanitarias, militares, políticas, y lo digo en persona, en mi artículo, en mis conversaciones, en mis redes sociales, en televisión, en radio, en los Juzgados, en los libros de historia para la eternidad, y ante el diablo del mismísimo infierno. Las opiniones y convicciones no están en venta a ningún precio.

 

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