El martes pasado estaba de excursión por la montaña cuando, de repente, vi a un centenar de metros de distancia a Caperucita Roja. ¡Que sorpresa! A pesar de la lejanía fue muy fácil divisarla, porque vestir una capa de color rojo destellante no podemos decir precisamente que sea ir de camuflaje por el bosque.

Todavía era temprano, y dado que no tenía prisa me encantó la oportunidad de poder saludarla. Un minuto después, o incluso menos, ya nos separaban sólo tres metros de distancia, y lo llamé. Era preciosa, y me sonrió.

Simplemente le pregunté dónde iba, y al instante me contestó que a casa de su abuelita. ¡Hay que joderse! Siempre va a casa de su abuelita, y ya me suena raro que siempre va al mismo sitio. Esto es como una excusa. Pensaba que estaba de excursión, siguiendo algún recorrido de un punto a otro, pero ¡no! ¡Iba a casa de su abuelita!, otra vez.

Se río, porque me dijo que se me habían puesto los ojos grandes como lobos. ¡Que graciosa! Por lo visto, tiene mucho sentido del humor, pero no le hice mucho caso, y le comenté que la he visto muchas veces en la televisión, en el teatro y en la literatura… ¡y su respuesta fue llamarme tonto! ¡Vaya con Caperucita!.

Se descojonaba de risa, al tiempo que me decía que tenía la boca grande como lobos. ¡Lógico! ¡Estaba boquiabierto! Pensaba que Caperucita Roja era dulce, amable, agradable, pero esta Caperucita se estaba burlando de mí. ¡Muy graciosa!.

Además, me preguntó si yo era su lobito, si me la pensaba comer, y Caperucita Roja lloraba de risa. ¡Esto es el colmo! ¡Indignante! Me dio la impresión de que no era en realidad Caperucita, porque era demasiado traviesa. Le dije que yo no muerdo, ¡que yo ato! ¡Dicho y hecho! Saqué cuerdas de mi mochila, tomé un par de largas cuerdas, y sin oponer resistencia até sus brazos a la espalda, rodeando el cuerpo por toda la espalda.

Ya atada, volví a preguntarle dónde iba de verdad, para empezar de nuevo la conversación, y me comentó que llevaba comida a casa de su abuelita, al mismo tiempo que reía a carcajadas, y me llamó ¡lobito perverso! ¡Que paciencia!. Saqué un bozal ballgag y la amordacé para no llamarme lobito de nuevo y contarme sus cuentos. ¡Eso ya lo sé de memoria!.

Con Caperucita Roja bien atada y amordazada, le dije que como castigo por sus burlas iba a estar atada un buen rato, y así iba a saber lo que es bondage Caperucita Roja. Me senté junto a un árbol, y aproveché a comer y descansar, mientras Caperucita Roja se divertía a mi lado intentando desatarse, lógicamente sin posibilidad de escapar por las firmes ataduras.

Sólo rompía de vez en cuando el silencio de la montaña algunos de sus murmuros amordazada, buscando el reto de desatarse. Era divertido, y ella disfrutaba de sus esfuerzos hasta rendirse cansada. Fue entonces cuando aproveché a cambiar un par de cuerdas y atar sus brazos juntos a la espalda, muy atada. A ella le gustaba, y aquel nuevo reto todavía fue más imposible poder desatarse.

Al cabo de mucho tiempo que nos pasó muy rápido a ambos, le quité la mordaza para darle la oportunidad de confesar quién era de verdad.

Me respondió que es Carnaval. ¡Carnaval! Le comenté que la había confundido con Caperucita Roja, y ella se río de nuevo. Me confesó estar contenta, porque le encanta el bondage. Me pidió que todavía no la desatara. Abrió la boca, bien abierta, y le volví a colocar la mordaza. Mantenida igual de atada y amordazada, emprendimos el camino de regreso andando por esa montaña solitaria, yo disfrutando de la belleza, sabiendo que esto es la magia del Carnaval, y ella gozando de las ataduras.

Al final del camino la desaté. Compartimos risas, y me dijo que Carnaval no había terminado todavía. Me ofreció volver a vernos, y yo acepté encantado. Celebramos Carnaval a nuestro estilo, convirtiéndolo en un nuevo BounDays que nos hemos inventado.

VALENTINE'S DAY BONDAGE

CARNAVAL BONDAGE

CHRISTMAS BONDAGE

HALLOWEEN BONDAGE

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