Llegó Navidad, y yo le pido mis regalos a Mama Noél. Ahora, en estas épocas, ya no le escribo cartas. Los tiempos desde mi infancia han cambiado. Ahora le mando emails, y este año sobre todo le he pedido muchas cuerdas, pensando en proyectos futuros en beneficio del espectáculo, además de otros complementos, como son algunas mordazas, vendas para los ojos vendados, cinta y vestuario sexy.

Mandé el email a Mama Noél a finales de noviembre, y por fin es Navidad. ¡No me quedan uñas para morder de tantos nervios y emoción! ¡Quedan las de los pies, pero son demasiados duras!.

Adaptado también el sector empresarial de Mama Noél a los tiempos presentes, puse en el horario de entrega que lo ideal era por la tarde, temprano. A principios de diciembre me confirmaron desde sus oficinas en el Polo Norte que haría entrega Mama Noél de mi pedido a las siete de la tarde. De todos modos, a las dos del mediodía ya estaba mirando al cielo a través de la ventana, para ver si venían los renos, ¡impaciente que soy!.

Faltaban dos minutos para la hora acordada que sonó el timbre de mi casa, y allí estaba, Mama Noél, cargada con veinte cajas. ¡Había venido en autobús!. En este barrio aparcas los renos en la calle y te los roban en dos minutos. ¡O te multan los renos por aparcar en zona vecinos!. ¡Sí, sí, mejor en autobús!.

Le pregunté directo por las cajas que contenían los trescientos metros de cuerdas que había pedido. Ya sé que la magia es descubrir que caja contiene cada regalo, pero ¡que no! ¡que la magia para los magos!. Las tres cajas más grandes contenían todos los rollos de cuerdas. Estaban intactas, perfectas, y Mama Noél estaba muy guapa. Es curioso, pero cada año voy creciendo, madurando ¡no mucho!, adulto y hombre, y cada año Mama Noél viene más sexy, con menos ropa, más sensual y pícara. Es todo un misterio el por qué.

Me preguntó para que quiero tanta cuerda, y yo por supuesto le expliqué para hacer fotos bondage a modelos atadas. Me confesó que a ella también le gusta, y que tenía toda la noche libre, porque el resto de regalos de Navidad los reparte el barbudo de Papa Noél.

Yo estaba encantado. En mi Navidad no hay estas aburridas reuniones de familia donde hay que sonreír y poner buena cara al típico primo o prima o cuñado que es un auténtico imbécil. Tampoco hago o participo cenas de empresa que parecen concursos donde está el clásico estúpido que intenta ligar o hacerse el gracioso haciendo chistes subnormales, y no voy diciéndole "Feliz Navidad" al barrendero, al panadero y hasta las palomas. Eso es ridícula hipocresía, y por mí esta hipocresía se puede ir a la mierda.

Yo celebro la Navidad como yo quiero. El nivel de ridículez ha alcanzado la cota insólita de decirnos incluso cómo debemos de celebrar nuestros fiestas. ¡Que si tenemos que reunirnos familiares que ni nos acordamos de ellos... que si celebrar cenas con compañeros de trabajo insoportables... que si tenemos que cenar tal comida... y así una imposición tras otra! ¡Esperpéntico!.

Para nosotros, la Navidad es uno de nuestros BounDays. ¡Es un día de bondage! ¡Es Bondage Christmas!.

Así, pues, dejamos las cajas de los restantes regalos en el suelo, colocadas como parte del escenario, y Mama Noél se colocó entre los dos pilares de cajas, atada con los brazos abiertos en cruz a una de las barras que uso en los entrenamientos de suspensión. Llevaba un precioso vestido de la nueva colección Mama Noél, muy sexy, con las medias blancas sobre las cuales resaltaban las cuerdas rojas. La mordaza le quedaba genial, de ballgag rojo y muy efectivo, pues tan sólo le dejaba expresarse con el clásico murmuro amordazada.

Las fotos salieron preciosas. Ese rojo de su vestido quedaba genial con el fondo blanco.

Terminada la sesión, se ofreció para una segunda sesión, esta vez atada Mama Noél con las cuerdas blancas, y celebrar la Navidad juntos. Ella tenía toda la noche libre, con Papa Noél sin descanso viajando por todo el mundo, trabajando infatigable, y por supuesto yo estuve encantado. Su idea fue sentada en una de sus sillas, y apareció con un simple gesto de sus manos una silla afelpada con una tela de un rojo precioso.

Se sentó en su silla, y la até bien atada con las cuerdas blancas. Tardé media hora en rodearla bien atada, por las piernas, los brazos y el cuerpo. No llegué a contar cuánta cuerda usé, pero superé con creces el centenar de metros. Ella estaba muy cómoda, sin ninguna prisa, sin compromiso, y disfrutaba de estar atada y las ataduras. La amordacé con la cinta de precintar, tal como le gusta también estar amordazada, los ojos vendados, y comencé la segunda sesión fotográfica.

Al terminar abrí todos los regalos mientras Mama Noél seguía firmemente atada a mi lado. Estaba deliciosa y disfrutando, y en esta fiesta celebramos una Navidad fantástica, divertida y muy original.

Al desatarla, se despidió recordándome que, como cada año, la próxima Navidad vuelva a pedirle a Mama Noél mi lista de regalos. ¡Por supuesto que sí!.

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