GOLF PROFESIONAL Algunos detalles curiosos de este deporte

José María Olazábal - Miguel Ángel Jiménez - Sergio García

03 de enero de 2018..

He cubierto muchos deportes en todos mis años de experiencia como fotoperiodista. En mi lista he de reconocer me falta el bobsleigh y el curling. Los añadiré a la lista de deportes pendientes.

En todos estos años de fotoperiodista hay deportes que he cubierto muy a menudo, y otros deportes que no suelo cubrir de manera habitual porque tienen muy pocas competiciones del máximo nível durante todo el año en mi zona geográfica. Entre estos deportes que cubro de manera ocasional figura el golf. Tiene muchos detalles que, en las fechas actuales de escribir este artículo, todavía son muy desconocidos para el público.

Mi primera experiencia fue en categoría masculina, y me soprendió ver que el ambiente en aquel torneo era el de una gran familia. Yo había llegado al campo de golf un par de días antes de comenzar el campeonato. Estaba ya acreditado con accesos en días previos para determinado trabajo informativo, y yo no había estado nunca en un campo de golf, para ser sincero. No tenía ningún amigo que juegue al golf, yo no he jugado nunca al golf, y nunca he tenido entre mis manos un palo de golf. Recuerdo que, al acercarme al campo de entrenamiento, allí habían muchas pelotas de golf esparcidas a lo largo y ancho de la hierba, y quise comprobar cómo son de duras, y si eran pesadas.

De todos modos, la primera sorpresa fue comprobar el gran afecto y familiaridad que había entre muchos jugadores con los directivos, organizadores, y demás personal. Habían llegado jugadores de todo el mundo, grandes estrellas que siempre llenan los espacios de la televisión, y se saludaban con alegría de su reencuentro. Yo estaba acostumbrado a un trato muy distinto, en otros deportes donde los deportistas llegan en silencio, con la música en sus oídos, vanidosos, sin directivos cercanos, sin saludos y sin esa felicidad propia de volverse a ver entre quienes lo desean.

Me acuerdo muy bien todavía de todas esas sonrisas, bromas, abrazos y buenas palabras, entre todos los deportistas que iban llegando al club de golf. No es nada habitual este comportamiento en deportistas de fama mundial. También es cierto que el concepto de ser una gran familia lo deduje porque no había ninguna duda de que se conocían. Aquello no era falso. Aquello no era postura. No eran halagos de compromiso. Lo demostraba que conmigo se comportaron distantes y fríos. A mí no me conocían. Yo no soy de su familia deportiva.

Los dos días previos al inicio del torneo del circuito internacional oficial estuvieron rodeados de esa atmósfera, mientras yo estaba fotografiando todo tipo de detalles y conociendo los hoyos. El hoyo más importante lógicamente es el último, el número 18, donde termina el recorrido del jugador y la tensión es máxima. Sin embargo, hay hoyos en algunos campos de golf que son los preferidos de fotografiar, especialmente por el espectacular escenario fotográfico que se puede captar, bien sea con el mar de fondo, montañas o lagos, entre otros. Estudié los hoyos, la ubicación del sol, y la distancia. Los campos de golf son muy grandes en su totalidad, y del primer hoyo al último puede haber un recorrido de cinco kilómetros con total seguridad.

Comenzó entonces el campeonato, y entonces llegó la mayor sorpresa que suele llevarse todas las personas que no han ido nunca al golf en persona, y no lo conocen. Es justo en el momento que el jugador se concentra para golpear la bola de golf. ¡El silencio! ¡Un silencio impresionante! ¡Sepulcral! ¡No se oía nada!. El hoyo estaba todo acordonado. El público, miles de personas, se agolpaban para ver el golpe. ¡Impresionante! ¡Nadie hablaba! ¡No suena ni un móvil!. Varios voluntarios rodeando todo el perímetro del hoyo levantan dos paletas, donde esta bien escrito y muy visible la palabra "silencio". En inglés, "¡silence!" ¡Se respeta a rajatabla!. Hay más ruido en la ópera, en el teatro, en el ajedrez, el tenis y el cine, que en el campo de golf. ¡El golf es el deporte rey del silencio!:

Otros voluntarios vigilan que nadie hable. ¡Que nadie haga fotos! ¡Porque está prohibido hacer cualquier tipo de fotos a personas no autorizadas! ¡Y los fotógrafos...! ¡uf....! ¡Ni se nos ocurra hacer ruido!. La gran mayoría de cámaras fotográficas actuales no tienen modo silencionador, y hacen el sonido clásico del disparo de la foto. En nuestro caso de fotoperiodistas deportivos, podemos disparar entre 18 y 24 fotos por segundo, lo que da ese sonido similar a una ametralladora.

Sin embargo en golf, ¡ni se nos ocurra!.

El público general ha visto por televisión muchos deportistas en fútbol, baloncesto o béisbol, discutiendo o mostrando muy malos modales con los periodistas cuando se enfadan, o se molestan. Es su fama. En golf puede ser mucho peor, según el golfista. Hay algunos golfistas que ya te puedes preparar si les desconcentra la cámara con su típico sonido. ¡Prepárate!. Gritan con un cabreo espectacular. ¡Te hacen comer la cámara con patatas!. Paran el recorrido, van al fotógrafo, y la bronca es descomunal.

No suele haber constancia de estos incidentes por el extremo control que se realiza en sus prohibiciones de grabar y hacer fotos, pero esto ocurre en un número de veces asombroso.

Hoy en día, el golf ha evolucionado, y para evitar estos incidentes son los propios cadies los que gritan y te envían a la mierda si hace falta. ¡No se van a reprimir! ¡No, no! ¡E imponen que no hagas fotos cuando golpean!. Sólo hay dos formas de poder fotografiar con total seguridad la competición. La primera de éstas es llevar objetivos 400 o superior para disparar a mucha distancia, de tal forma que el deportista no escuche la cámara fotográfica. Es el mejor método si se quiere captar el momento exacto del golpeo. El segundo de los métodos es fotografiar justo instantes depués de que el golfista ya haya golpeado la pelota, para buscar sobre todo su expresión, de júbilo, decepción, o cual sea. Una vez ha golpeado, ya se puede hacer ruido, ovacionar, aplaudir o mostrar la decepción.

Esta premisa se debe de aprender antes de comenzar. No es agradable pasar por esta experiencia. Yo fui informado y no he tenido estos incidentes, pero aún estando advertido me sorprendió la severidad del silencio y el mal genio de algunos golfistas que se enfurecen como Hulk de "La Masa" ante cualquier ruido mínimo que moleste su concentración.

Superadas estas dos sorpresas, me impresionó el público. En la final hay miles de personas en el campo de golf. ¡Miles de verdad!.

Tal como os he dicho antes, los campos de golf profesionales del circuito internacional son enormes. Son kilométricos. Los golfistas tardaban casi cuatro horas en completar todos los hoyos, y me sorprendió que mucho público sigue a sus ídolos todo el tiempo. Van andando por los caminos exteriores que rodean el perímetro exterior de los hoyos bajo el sol, porque en muchos campos hay muy poca sombra. ¡Los 18 hoyos! ¡Todos los kilómetros! El sol era abrasador, y yo ya iba bebiendo por el segundo litro de agua, y el público continuaba incansable.

Terminados los hoyos, el público está ansioso por ver a sus ídolos, y ellos se acercan. Les firman su autógrafo en los sombreros, las gorras, libros, pósters, fotografías impresas o incluso en los móviles.

Por el contrario, en el circuito internacional femenino es muy distinto. En el fondo, esta desigualdad ocurre en casi todos los deportes. Hay mucho mayor seguimiento en las categorías masculinas, y algún día escribiré algún artículo con un profundo debate sobre el por qué de estas diferencias. Hoy hablamos simplemente de golf.

En el circuito internacional femenino siguen habiendo las mismas curiosidades que, una vez descubiertas, ya no nos sorprenden lógicamente, pero todo el ambiente que rodea las competiciones femeninas es mucho menor. Hay mucho menos público, y el nivel organizativo es al mismo tiempo muy inferior.

En los primeros días de competiciones me encontré con hoyos que no había nadie, ¡literal! ¡cero personas contemplando el golpe de la golfista!, y las jugadoras también tienen una actitud muy diferente a sus compañeros masculinos.

Falta mucho apoyo al golf femenino, y destinar mucho más recursos. He cubierto torneos del circuito internacional masculino, y torneos del circuito internacional femenino. La diferencia en ambos casos de la organización oficial se nota desde el mismo instante de entrar. Llegué a tener la impresión de que el golf femenino recibe desde las propias federaciones y organizaciones un trato amateur, aún no siendo ésta su condición, pero sería la conclusión que habría alcanzado si hubiera hecho entre ambos una valoración comparativa.

Esta soledad o desigualdad hace que las golfistas femeninas sean a la vez más cercanas, tímidas en ocasiones delante de la cámara, y sin embargo entrenan y compiten con el mismo ímpetu y sacrificio que los golfistas masculinos.

En las fechas presentes, el golf sigue siendo un deporte que no cubro mucho, porque sólo cubro las máximas competiciones con los nombres grandes mundiales, y aquí en España no disfrutamos muy a menudo de la presencia de Sergio García o de Miguel Ángel Jiménez en los campos de golf, por citar dos españoles ilustres de este deporte. Es curioso, porque en España hay un número exagerado e impresionante de campos de golf. ¡Excesivo!. Esto es debido gracias a nuestro clima cálido, de inviernos predominantemente templados, a diferencia de los rigurosos fríos en otros países de Europa, y también a la especulación inmobiliaria y el turismo. Los campos de golf son fáciles de mantener en estas condiciones y se pueden rentabilizar, dado que España es atractiva para que los aficionados y aficionadas amateurs con muy bajo nivel de juego pero mucha palabra presuntuosa puedan disfrutar del buen tiempo y la calor. Es la condición humana, por todos y todas sabida y que, ¡esto sí, no nos sorprende en absoluto!.