JORDI SÀNCHEZ y JORDI CUIXART No son presos políticos

03 de noviembre de 2017..

Hay algunos nombres que destacan por encima del resto de personalidades en toda la tormenta política y judicial desatada en Cataluña por los independentistas. En este listado de nombres, hoy vamos a hablar de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, conocidos popularmente como los "dos Jordis", y a fecha actual en prisión por los presuntos delitos de sedición.

Comenzaremos hablando de Jordi Sànchez, un activista político conocido que había tenido cargos importantes, aunque su notoriedad público alcanzó la cima de popularidad a partir de convertirse el 16 de mayo de 2015 en el nuevo Presidente de la ANC, siglas que corresponden a la Assemblea Nacional Catalana. Siempre ha sido una persona muy activa en el discurso independentista, y al frente de la ANC ha impulsado muchas movilizaciones del sector independentista catalán.

En cuanto a Jordi Cuixart, es Presidente desde el 19 de diciembre de 2015 d Omnium Cultural, entidad cuyo origen fue promocionar la lengua y la cultura catalana, así como unos derechos de Catalunya que hoy en día no deja ninguna duda de su deseo independentista. A partir de la crisis económica que azotó las economías mundiales en torno a los años 2009 y posteriores, y de la negativa al pacto fiscal en Catalunya, unió sus fuerzas con la ANC para colocarse ambas entidades al frente de las movilizaciones independentistas. Han organizado actos en Diadas de Catalunya, manifestaciones y protestas ciudadanas, siempre con un inequívoco mensaje del sector independentista.

Estuve hablando por última vez con los dos juntos el miércoles 28 de junio, cuando presentaron en las Cotxeres de Sants la nueva camiseta representativa de la Diada de Catalunya que se iba a a celebrar el 11 de septiembre. En esa fecha ya era notorio el declive estratégico e ideológico de un independentismo sin control, y había malas sensaciones en el ambiente. Estaba lleno de detalles que lo indicaban. Me acuerdo, por citar una anécdota, de la camiseta, color verde pistacho aunque según la ANC era el amarillo del "sí", y que yo dije que era el peor diseño camiseta de la historia. Les pedí a ambos que posarán con la camiseta, que se pusieran la camiseta que ellos pedían al público llevara puesta en sus manifestaciones. Es una petición lógica. Los líderes son los primeros que deben de dar ejemplo. Sin embargo, se negaron. No quisieron ponerse la camiseta, curiosamente la misma que ellos pedían a la gente que se compraran y se pusieran.

Aquel día les pregunté por aquellas cuestiones que ellos intentan esquivar. Jordi Cuixart, Presidente de Òmnium Cultural, es mucho más temperamental, y frivolizar le molesta. Es uno de sus puntos débiles que lo hacen vulnerable ante las preguntas. Le dije que ellos también buscaban esta tensión entre ambos gobiernos, porque vende tanto como la prórroga de un partido de fútbol. Esto le molestó, pero ese no es mi problema. No somos amigos, y tampoco quiero ser su amigo.

Tampoco se mostró muy cómodo Jordi Cuixart cuando le pregunté si realmente creía que el 01 de octubre iba a sacar las urnas a la calle, o sólo lo decían por la ilusión de la gente. Me da igual si le gustaban o no mis preguntas.

Jordi Sànchez, mucho más conocedor de los medios de comunicación, supo tener un comportamiento templado y calmado. Es consciente que yo no estoy a su servicio, yo no trabajo para él, y yo no hago masajes. No soy masajista. Aún así, fue inevitable percibir, en mi opinión personal, una actitud del independentismo propensa a la radicalización y a la confrontación, pretendiendo imponer sus propias normas, sin tener en cuenta la voz o expresiones de los demás. Daba la impresión de que habían tomado la determinación de ir hacia delante sin freno, a toda velocidad, sin hacer uso de esa razón que en muchas ocasiones es la herramienta humana imprescindible para indicarnos las decisiones acertadas.

Para mí no fue ninguna sorpresa que el lunes 16 de octubre de 2017, la jueza de la Audiencia Nacional Carmen Lamela, decretara el ingreso en prisión tanto de Jordi Sànchez como de Jordi Cuixart por un presunto delito de sedición, a raíz de las protestas que hubieron los días 20 y 21 de septiembre en Barcelona. Aquel día todos y todas pudimos ver las imágenes de Jordi Sànchez intentando negociar con los agentes de la Guardia Civil dentro de la Conselleria de Economia de la Generalitat de Catalunya, llevando a término su trabajo mientras seguía las órdenes de un Juez durante la Operación Anubis. La imagen de Jordi Sànchez, allí dentro, hablando con la Guardia Civil, me confirmó en mis opiniones personales.

Los Guardias Civiles que estaban desarrollando esa operación por orden judicial estuvieron aproximadamente 18 horas sitiados dentro del edificio, sin poder salir, mientras ambos protagonistas animaban a la multitud agolpada delante de la puerta a resistir en sus protestas.

También pudimos ver, en las imágenes de televisión, a Jordi Cuixart y Jordi Sànchez subidos encima de los vehículos de la Guardia Civil dañados por la gente, en una imagen muy triste que habla de forma muy negativa de la conducta de ambos. Nadie debe de subirse jamás en vehículos policiales, y mucho menos para dirigirse a una multitud encendida que había destrozado los vehículos hasta el extremo de dejarlos impracticables para su circulación.

Cabe añadir, para aquellas personas que no conocen el tema con profundidad, que a Jordi Cuixart también se le atribuye en este presunto delito el hecho de formar parte el 25 de septiembre de un grupo de unas veinte personas que en la población de Badalona, muy cercana a Barcelona, exigieron a la Guardia Urbana devolver carteles de apoyo al referéndum intervenidos por los agentes del citado Cuerpo con una actitud que se ha denifido como "hóstil".

Esas actitudes no son nunca positivas, no favorecen el diálogo, no ayudan a las movilizaciones pacíficas, y por supuesto cargos con responsabilidad, como son Presidentes, deben de evitar estos gestos que pueden tristemente ser copiados o halagados por la masa social que lucha por su causa independentista. Puede provocar una radicalización de su bando, y volver muy peligrosas las protestas.

Muchas personas se movilizaron los días siguientes para protestar por su detención. Están en su derecho de protestar. En una de estas protestas, en la Avenida Diagonal de Barcelona, los asistentes portaban velas que dejaron sobre el suelo, y que al derretirse la cera dejaron la calle que parecía una pista de patinaje para los vehículos. Estuvo casi 24 horas cortada hasta que se pudo recuperar la normalidad, pero las personas estaban en su derecho de expresar su opinión con esa manifestación autorizada, y la ciudad tiene servicios de limpieza pagados con los impuestos ciudadanos. No pasa nada.

Otra forma de protestar al llegar la noche fue repetir las "caceroladas", donde a las diez de la noche los vecinos sacaban por las ventanas sus cacerolas, ollas, paellas o el pote de la leche, con la cuchara o el tenedor, y ¡venga! ¡A darle! ¡Como quien toca un tambor! ¡La tecnología del siglo XXI en su máxima expresión!. Lo digo con ironía, con merecida ironía, porque no me parece bien usar una forma de protesta que se hizo famoso hace años a nivel mundial para protestar por la Guerra de Irak, que millones de personas estuvieron en contra. No se puede usar el mismo método de protesta para una guerra o para una detención de dos ciudadanos. Eso es una falta de respeto a la sociedad que protestó en aquella época por una Guerra. Demuestra ser muy poco correctos y tener muy pocas ideas.

También es cierto que centenares de miles de personas no han protestado, porque han entendido, muy correctamente según mi opinión personal, que esto no es ninguna represión política, sino que es una acción judicial, propia de un Estado democrático, y se debe de respetar las decisiones judiciales. El propio FC Barcelona, siempre tan dispuesto a apoyar el pueblo catalán, en este caso se ha desmarcado, y no ha permitido hasta la fecha de hoy exhibir pancartas en apoyo a estos dos presos, al contrario de lo que han hecho equivocadamente otros equipos de fútbol menores que buscan salir en las noticias.

Es, por lo tanto, un proceso judicial, de los miles que hay cada día en cualquier país o, en este caso, un país democrático como España con garantías judiciales. Yo no voy a entrar en el debate de si han cometido o no su presunto delito de sedición, o si la medida de la prisión provisional es correcta o extrema. No es por una cuestión de prudencia, pero este debate es más propio de aquella gente que necesitan llenan horas de habladurías para mantener su audiencia. Simplemente, en España hay un sistema judicial, unos Tribunales, unos Juzgados, que se merecen respeto, y ambos imputados tienen sus garantías de un Estado democrático. Tienen abogados de prestigio que les defenderán con fuerza. Tendrán su juicio, y el Juez/Jueza emitirá su sentencia donde se dirá si son culpables o inocentes del presunto delito de sedición.

Resumido en este último párrafo, son acusados del presunto edición de sedición, pero no son presos políticos. No son rehenes de nadie. Aquí no hay ninguna guerra. No hay ningún secuestro. No se pide rescate. No se pueden decir las barbaridades y estupideces que se han llegado a escuchar. Hay que hablar con sensatez y sentido común, que por desgracia se ha perdido en muchas conversaciones. Recuperar estas virtudes es la mejor opción para encontrar la solución a un hundimiento político e ideológico por parte de los dirigentes políticos que tiene a la mayoría de ciudadanos y ciudadanas perplejos, asombrados y decepcionados.