MARIANO RAJOY La peor gestión política de la crisis independentista

30 de octubre de 2017..

En un artículo anterior hemos escrito que el President Carles Puigdemont es culpable del deterioro en la sociedad catalana, pero esta culpa es compartida, a partes iguales, con Mariano Rajoy, Presidente del Gobierno de España.

Entre los errores de su listado enfocado a los deseos independentistas de la mitad de la población de Catalunya, destaca sin ninguna duda la mala gestión política que hizo en el principio del problema. En este punto estamos de acuerdo millones de personas. No supo calmar los nervios cuando comenzaron los primeros síntomas, muy notorios en la manifestación masiva del año 2012 con motivo de la festividad de la Diada de Catalunya. Aquella manifestación era la expresión popular de un enfado social, azotada la ciudadanía por una crisis económica y donde en Catalunya no se había alcanzado ningún acuerdo en materia del pacto fiscal que reclamaba la Generalitat.

En aquellas fechas ya era el momento de sentarse y encontrar alguna forma para apaciguar los ánimos. Sin embargo, fue todo lo contrario. Por parte del gobierno español no hubo diálogo, no hubo muestra de comprensión o de escuchar, y el Govern catalán se obsesionó casi de una forma irracional y enfermiza con la independencia. La gente, enfadada, se sumó a unas proclamas sin meditarlas, y el Gobierno español siguió equivocadamente inmóvil.

Aquel año fue una hoguera donde se acumuló madera seca, y sólo se necesitaba una chispa para encender el fuego. El autor del incendio fue el desafío del Govern de Catalunya, ayudado por las organizaciones de la ANC y Òmnium Cultural, que dispararon su presupuesto económico y movilizaron la sociedad, mientras que el Gobierno de España siguió sin reaccionar.

Los años siguientes se consumó el desafío de un Carles Puigdemont crecido ante los errores continuos de su contrincante. La respuesta del Gobierno de Mariano Rajoy fue tarde y errónea, convirtiendo un problema político en un problema judicial. Empezó una lluvia de denuncias, demandas, recursos y demás estrategias del que se pueden hacer uso en los Juzgados. El Tribunal Constitucional emitió las sentencias que le pertocaban en sus obligaciones, y el problema se agravó demasiado hasta alcanzar las cotas insospechadas de las fechas presentes.

Este problema político llegó a convertirse en un duelo personal entre dos Presidentes de signos muy opuestos. Eran como dos trenes en dirección contraria por una única vía, pero ambos se han olvidado de los ciudadanos. Han llegado a afectar el día a día en Catalunya, han creado conflicto dentro de familias que no se hablan tras discutirse, y han originado un pánico en el que miles de personas no han dudado en sacar sus ahorros de catalunya y llevarlos a otra comunidad de España. Han dado inseguridad, ambos, los dos, y esto es una irresponsabilidad política muy grave, al que nos han conducido ambos dirigentes.

A estas alturas de combate, hablar de dialogo entre los dos es como una excusa barata con la que esconder todo el mal social hecho hasta ahora. Se ha superado la línea roja que delimita la cordura, y esto es una segunda parte donde los hechos se rigen obligados por la espiral de locura que tiene estupefactos a la gran mayoría de ciudadanos y ciudadanas.

En parte, es comprensible la actitud actual del Presidente de España, Mariano Rajoy. Es difícil dialogar con quien se ha pasado las leyes por el culo, y ha hecho lo que le salido de los huevos. Ahora no se merece diálogo. Carles Puigdemont se ha olvidado que representa a todos los catalanes, incluido los que no le votaron, y ha optado simplemente por satisfacer las ideas extremistas de un determinado sector independentista.

En cierta medida, entendemos que no se puede, o no se debe, satisfacer de diálogo a quien no le importa lo que dice la Constitución, tratando las Leyes y el orden jurídico con desprecio y provocación, e insistimos en que vemos cierta lógica en que el Presidente Mariano Rajoy no quiera diálogo con Carles Puigdemont. En este nivel de despropósitos, ¡ya no!.

El diálogo debió de ser antes, muy al principio, desde los primeros meses. Ahora por desgracia ya ser tarde. El Gobierno español se ha visto obligado a aplicar el artículo 155 de la Constitución Española, tras la ilegal y autoritaria proclamación de independencia unilateral del Parlament de Cataluña del viernes 27 de octubre de 2017 pasado. Ese mismo día aprobó el Senado español la aplicación del artículo 155 citado, cesando a todo el Govern de Cataluña, incluido su Presidente y sus Consellers, así como otros cargos, y convocando elecciones para el 21 de diciembre.

En las circunstancias actuales, el Presidente Mariano Rajoy ha hecho lo que debe. ¡Hace lo que está obligado a hacer!. Estamos en una semanas donde el esperpento político de declaraciones y firmas y no firmas será objeto de burla en el futuro, o en el mejor de los casos ejemplo de enseñanza de todo aquello que NO se debe de hacer jamás.

Ha sido vergonzoso el comportamiento político de Carles Puigdemont, y es probable que en el futuro deba de asumir su responsabilidad en los Juzgados. Si alguien comete un delito debe de pagarlo, y someterse a los Tribunales de Justicia. Nadie democrático lo duda. Todos y todas debemos de cumplir las leyes, y al mismo tiempo, debemos de cumplir con la responsabilidad de nuestros puestos.

Si todo esto es lamentable, la peor noticia es que la peligrosa locura continúa, sin solución y sin buenas esperanzas en ambos lados. ¡Vergonzoso o triste!. Muy probablemente, ambos.

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