MARIANO RAJOY La peor gestión política de la crisis independentista

Actualizado: 01 de agosto de 2018 ............ Escrito: 30 de octubre de 2017..

En un artículo anterior hemos escrito que el President Carles Puigdemont es culpable del deterioro en la sociedad catalana, pero esta culpa es compartida, a partes iguales, con Mariano Rajoy, que ha sido durante estos años el Presidente del Gobierno de España.

Entre los errores de su listado enfocado a los deseos independentistas de la mitad de la población de Catalunya, destaca sin ninguna duda la mala gestión política que hizo en el principio del problema. En este punto estamos de acuerdo millones de personas. No supo calmar los nervios cuando comenzaron los primeros síntomas, muy notorios en la manifestación masiva del año 2012 con motivo de la festividad de la Diada de Catalunya. Aquella manifestación era la expresión popular de un enfado social, azotada la ciudadanía por una crisis económica y donde en Catalunya no se había alcanzado ningún acuerdo en materia del pacto fiscal que reclamaba la Generalitat.

En aquellas fechas ya era el momento de sentarse y encontrar alguna forma para apaciguar los ánimos. Sin embargo, fue todo lo contrario. Por parte del gobierno español no hubo diálogo, no hubo muestra de comprensión o de escuchar, y el Govern catalán se obsesionó casi de una forma irracional y enfermiza con la independencia. La gente, enfadada, se sumó a unas proclamas sin meditarlas, y el Gobierno español siguió equivocadamente inmóvil.

Aquel año fue una hoguera donde se acumuló madera seca, y sólo se necesitaba una chispa para encender el fuego. El autor del incendio fue el desafío del Govern de Catalunya, ayudado por las organizaciones de la ANC y Òmnium Cultural, que dispararon su presupuesto económico y movilizaron la sociedad, mientras que el Gobierno de España siguió sin reaccionar.

Los años siguientes se consumó el desafío de un Carles Puigdemont crecido ante los errores continuos de su contrincante. La respuesta del Gobierno de Mariano Rajoy fue tarde y errónea, convirtiendo un problema político en un problema judicial. Empezó una lluvia de denuncias, demandas, recursos y demás estrategias del que se pueden hacer uso en los Juzgados. El Tribunal Constitucional emitió las sentencias que le pertocaban en sus obligaciones, y el problema se agravó demasiado hasta alcanzar las cotas insospechadas de las fechas presentes.

Este problema político llegó a convertirse en un duelo personal entre dos Presidentes de signos muy opuestos. Eran como dos trenes en dirección contraria por una única vía, pero ambos se han olvidado de los ciudadanos. Han llegado a afectar el día a día en Catalunya, han creado conflicto dentro de familias que no se hablan tras discutirse, y han originado un pánico en el que miles de personas no han dudado en sacar sus ahorros de catalunya y llevarlos a otra comunidad de España. Han dado inseguridad, ambos, los dos, y esto es una irresponsabilidad política muy grave, al que nos han conducido ambos dirigentes.

En ningún momento se percibió que existiera la posibilidad de dialogo entre los dos, y cualquier mínimo gesto sonaba como una excusa barata con la que esconder todo el mal social hecho hasta ahora por ambas partes. Se ha superado la línea roja que delimita la cordura, y mientras iban pasando los años sentíamos ver la segunda parte donde los hechos se rigen obligados por la espiral de locura que tiene estupefactos a la gran mayoría de ciudadanos y ciudadanas.

Quizá hubo un tiempo donde fue comprensible la actitud del Presidente de España, Mariano Rajoy. Es difícil dialogar con quien se ha pasado las leyes por el culo, y ha hecho lo que le salido de los huevos. No se merecía diálogo. Carles Puigdemont se ha olvidado que representa a todos los catalanes, incluido los que no le votaron, y ha optado simplemente por satisfacer las ideas extremistas de un determinado sector independentista.

En cierta medida, hubo aquel punto donde se podía estar de acuerdo en que no se puede, o no se debe, satisfacer de diálogo a quien no le importa lo que dice la Constitución, tratando las Leyes y el orden jurídico con desprecio y provocación, e insisto en que veo cierta lógica en que el Presidente Mariano Rajoy no quiera diálogo con Carles Puigdemont. En este nivel de despropósitos, ¡ya no!.

El diálogo debió de ser antes, muy al principio, desde los primeros meses. Ahora por desgracia ya ser tarde. El Gobierno español se vio obligado a aplicar el artículo 155 de la Constitución Española, tras la ilegal y autoritaria proclamación de independencia unilateral del Parlament de Cataluña del viernes 27 de octubre de 2017 pasado, aunque fue simbólica. Ese mismo día aprobó el Senado español la aplicación del artículo 155 citado, cesando a todo el Govern de Cataluña, incluido su Presidente y sus Consellers, así como otros cargos, y convocando elecciones para el 21 de diciembre.

En esas circunstancias, el Presidente Mariano Rajoy hizo lo lo que debe. ¡Hizo lo que estaba obligado a hacer!. Estábamos en una semanas donde el esperpento político de declaraciones y firmas y no firmas será objeto de burla en el futuro, o en el mejor de los casos ejemplo de enseñanza de todo aquello que NO se debe de hacer jamás.

Aún así, los políticos siempre deben de encontrar la fórmula para volver a la vía de la diálogo. Deben de buscar el camino que sea. Les votamos para dirigir bien un país para todos y todas. No les votamos para que se insulten y se enfrasquen en sus duelos personales, insistiendo en una peligrosa locura que parecía sin solución y sin buenas esperanzas en ambos lados. ¡Vergonzoso o triste, ambos!.

Finalmente, en España hubo una moción de censura al Presidente. Es un procedimiento legítimo de muchos países del mundo. Mariano Rajoy perdió, y dejó de ser el Presidente de España. Su susituto fue Pedro Sánchez, el nuevo Presidente de España, que ha abierto una vía de diálogo, con contacto directo ya entre el Gobierno español y la Generalitat de Cataluña. Es un buen gesto que genera expectativa, sin olvidar que Carles Puigdemont sigue con su política provocativa de la independencia unilateral y división en la sociedad, instalado cómodamente en Bruselas y con el apoyo financiaro de empresarios catalanes.

Por lo tanto, el párrafo para terminar este artículo es muy fácil de escribir con una sola frase, esta es, el vergonzoso espectáculo continua.