Después de la primera sesión en una de los zonas derrumbadas de esta fabrica abandonada, continuamos la ruta por su interior. La fabrica todavía mantiene algunas partes en pie, aunque el suelo lleno de ladrillos, vigas, hierros, tubos y aislantes, nos indicaban movernos con cautela. Las ventanas, con sus cristales rotos, están abiertas y chirrian con un aire tétrico en medio de ese silencio mayúsculo. El suelo se ha hundido en algunos tramos, y hay caídas de un par de metros. Hay piezas del techo que se aguantan por dos partes.

De todos modos, con cuidado y seguridad podemos movernos sin problemas. A cada paso el suelo hace ruido. Es inevitable. Está repleto de trozos caídos del techo y las paredes con tanta cantidad que casi no se ve el suelo real de la fabrica en muchos tramos.

Había varias opciones de escenario para la sesión. Elegimos una columna, donde el techo sobre nuestras cabezas era seguro y se presentaba firme. Alexia está atada a la columna por los tobillos, las rodillas, la cintura y las manos, y los ojos vendados acentua ese misterio fascinante de estos viejos edificios abandonados en ruinas.