Planeamos una sesión que tuvieran de algún modo relación con la inteligencia, y dicen que el ajedrez es el juego, o el deporte según cada cual lo considera, donde se usa mucho el cerebro. ¡Decidido! ¡Una tarde con sesiones de chess bondage! ¡Ajedrez y bondage!.

Una de las modelos de aquella tarde fue Yakima Squaw, en un escenario por supuesto idóneo para ambientar la sesión. No servía un simple tablero. Somos exigentes en la cuestión de escenarios. Siempre hemos dicho que los escenarios son muy importantes, y cada vez que tenemos oportunidad intentamos cuidarlos al máximo.

La posición elegida fue unir las suficientes mesas de tablero para que Yakima pudiera tumbarse encima, atada con las piernas y los brazos abiertos a los extremos formando una cruz en forma de "x", con las cuerdas tensas atadas a las patas de las mesas, amordazada con un bozal de bola verde y vestida con un catsuit que teníamos en nuestro vestuario desde hacia tiempo, y que al finalizar el día le regalamos a Yakima. Las piezas de ajedrez, curiosamente, tan sólo tuvimos que apartar donde quedaban sus tobillos atados. El resto de piezas, torre, caballos, peones y demás, pudieron quedarse en sus casillas.

Fue la primera de las sesiones de un día que, cabe decirlo, yo estaba enfermo, superando los 38º de fiebre en el momento de la sesión. Soy propenso a fiebres altas desde mi infancia, donde en varias ocasiones había llegado a los 40º de fiebre. En esta ocasión, estaba enfermo por uno de esos virus en la llegada del invierno que me había afectado la barriga y la garganta, e incluso al final del día, terminada la última sesión, tenía una gran afonía que apenas me permitía hablar, o entenderse lo que yo decía.

Cada año sufro uno de estos virus de fiebres altas, y me sacrifiqué. No pude deleitarme mucho con las cuerdas, porque las fuerzas y me energía eran las justas para resistir toda la tarde, pero valió la pena, porque esta fue una de las bonitas sesiones de aquella tarde.