La penúltima sesión fue colocando las mesas de tableros de ajedrez separadas entre sí, individualizadas, y con Yakima Squaw atada sobre uno de los taburetes que había en aquella sala. La posición fue atada con su barriga apoyada en el asiento, los brazos caídos por el extremo frontal y las piernas cayendo por el otro extremo, y tanto sus muñecas como sus rodillas atadas a los hierros. Elegimos esta vez la cinta de precintar para estar amordazada, y añadimos el detalle de tener sus piernas dobladas con las cuerdas que empujaban desde sus tobillos hacia el cuadríceps.

Llevábamos un par de horas de sesión, y mi fiebre, tal como sospechábamos, iba en aumento, por lo que me fue genial la colaboración de Alexia. Ella ató a Yakima, y en realidad a esas alturas decidían ambas la sesión fotográfica a sus propias ideas. Yo comenzaba a notar el empeoramiento por el virus de invierno que os he explicado en las fotos de las primeras horas, y que me había atacado con fiebre alta y una garganta enrojecida. Tenía las fuerzas muy justas, me encontraba muy cansado, la barriga me obligaba a estar muy cerca del lavabo, y estaba casi sin voz.

Me limité a hacer las fotos, mientras ambas modelos hacían sus posados con un exquisito repertorio de jugar juntas, insinuaciones sensuales, seductoras y pícaras. Yo no tenía fuerzas para guiarlas y tampoco para asesorar, pero no es necesario con modelos de esta experiencia. Además, estaban muy divertidas y muy cómplices compartiendo el agrado por la temática.

Me hubiera gustado estar en plena forma y bien de salud, porque hubiera hecho un trabajo de cuerdas muy completo y también mejores fotos, pero con la fiebre alta mis brazos estaban débiles y mi cerebro muy lento. Aún así, las fotos salieron geniales, pero hay que reconocer que fue gracias a la implicación profesional de las dos modelos.

 

 

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