Estas semanas pasadas hemos estado haciendo muchas fotos en cascadas, ríos de gran curso, y también con tractores y caballos. Hoy queríamos un día tranquilo, para llenarnos al máximo de nuevo de energía, y nos hemos acercado a este tramo del río que circula en estas fechas con mucha tranquilidad.

Su profundidad es ahora entre uno y dos palmos solamente, pero estas grandes rocas en medio de los ríos suelen formar pequeños hundimientos donde de repente el río puede alcanzar el metro o los dos metros de profundidad. Son profundidades repentinas, formada por la propia naturaleza, en la mezcla de la roca y el curso del río, y la idea fue con la modelo sentada encima de la roca, pero hundida en el agua de cintura hacia abajo. Las piernas atadas podían colgar perfectamente hacia abajo, y se conseguía esa apariencia curiosa de estar sentada en el río.

Elegimos esta roca porque también está en el centro del río, y queda mucho más bonito ver el agua circular por ambos márgenes de la fotografía. El suelo está lleno de piedras y rocas, con mucho desnivel, y hay que ir en cuidado de no tropezar, porque es muy fácil caerse y romper las cámaras, por lo que hay que tener mucha precaución, vigilar cada movimiento, reconocer el terrano y tener el máximo respeto por la naturaleza. No se puede tropezar. Hay gente que tropieza y le echa la culpa a la piedra por estar en el camino. ¡Será imbécil! La culpa es del patoso que no vigila y se cree que el río es el jardín de su casa. Nos sobran idiotas a decenas de miles y miles y miles en este país.

La sesión se prolongó mucho tiempo, porque hicimos las fotos sin prisas, y porque yo me movía con mucha calma dentro del agua. Estaba lleno de rocas, pero me muevo por ríos, naturaleza, bosques y montañas desde mi infancia. Tenemos muchísima experiencia, y salió perfecta y divertida.