Comienzo diciendo que a nadie se le ocurra hacer el imbécil y quiera copiar esta sesión. Esta es una de aquellas sesiones que sólo hacemos entre nosotros, y fue una sesión peligrosa y complicada, pero tenemos mucha experiencia, y conocemos todos los riesgos.

Por naturaleza, los ríos varían su caudal según la época del año y las lluvias. Cuando caen tormentas y diluvios los ríos cambian de forma muy espectacular su aspecto. Pueden pasar de ser un río agradable y seguro, a convertirse en un río bravo y desbordado que arrasa y se lleva todo lo que encuentra a su paso.

Aquí, en nuestro país, otro factor que altera de forma súbita y por sorpresa el caudal de los ríos son las presas y las centrales hidroeléctricas. Tenemos muchas en nuestras país, y pueden hacer que el río crezca muy rápido al abrir compuertas.

Aquel día nos acercamos a este río con un gran caudal que en algunos tramos alcanzaba los dos metros de profundidad, y había tramos donde no se podía su profundidad, pero superaba de hondo los dos metros que he dicho antes. Además, los ríos de montaña pueden tener ocultos hundimientos en las pendientes hacia abajo. Esto es montaña, el río baja por la montaña, y por lo tanto, el terreno dentro del río es como bajar una fuerte pendiente.

Sólo llegar escuchamos un ruido fuerte al otro lado de la orilla, dentro del bosque. Era imposible cruzar el río para comprobar qué había por su profundidad y sus corrientes, y observamos qué estaba ocurriendo algo extraño desde el otro lado. Los cuervos graznaban en las copas como cuando advierten de un peligro, del ataque de un halcón u otro depredador, pero no vimos halcones. Podía haber sido una serpiente grande, una guineo, u otro animal salvaje. Grabamos la orilla lejana, porque era imposible acercanos, y tengo que inspeccionar las imágenes.

Después entramos en el agua. Thyffany se colocó donde el agua cubría en torno a un metro de profundidad. Delante de ella había un descanso poco profundo, pero tan sólo dos pasos a su espalda el río ya tomaba dos metros de profundidad y seguía hundiéndose. No se podía ir más adentro. No se podía dar un paso atrás. La corriente principal pasaba entre Thyffany y la roca, con lo que llegar a la roca, que fue nuestra primer idea, era imposible. El río nos hubiera levantado, nos hubiera hecho flotar, y nos hubiera arrastrado como un flotador o la hoja de un árbol.

Los ríos te arrastran por varias causas. Te arrastran por la fuerza de lluvias torrenciales recién caídas, pero también te arrastran por corrientes ocultas. La imagen engaña. No es agua mansa. No está tranquila. Es corriente camino hacia abajo, y se mueve como una gran masa compacta. Esto da la apariencia de calma, pero ni mucho menos. Te arrastra como una hoja si te equivocas, y además hay efecto flotabilidad. Es decir, el río te levanta como si fueras un flotador, y se te lleva.

Estábamos haciendo las fotos, y nos dimos cuenta que el río estaba subiendo de caudal. Hacía sol y muy buen tiempo, y eso significaba que habían abierto la presa kilómetros más arriba.

Teóricamente, la apertura de las compuertas de una presa crea un crecida súbita, pero esta crecida es relativa y queda supeditada su mayor o menor ola a la anchura del río. Desde dentro del agua, se nota la apertura en que se percibe mayor presión en las piernas, como si el agua te empujara, por el cambio en las corrientes. Miramos los puntos de referencia de la orilla, y habían crecido. En estos casos, no se puede levantar las dos piernas, porque flotas y se te lleva. Se estaba poniendo complicado y muy peligroso, y decidimos salir del río con paciencia, poco a poco y con tranquilidad. Ya habíamos hecho todas las fotos que queríamos.

Después de una comprobación, el río estabilizó su nuevo caudal, y nos bañamos, pero esto es muy peligroso y son locuras nuestras. Yo probé de nadar en tramos más hondos, pero el río me arrastraba. Cuando un río te arrastra es una sensación angustiosa, porque no tienes la impresión de moverte, pero sí se te lleva. Hace muy difícil avanzar, e incluso es muy difícil acercarte a la orilla, porque los ríos empujan corriente abajo en su curso descendente. Vimos que era muy peligroso, y decidimos bañarnos en un pequeño rincón junto la orilla y muy lejos de la corriente, como hacen los peces pequeños. La fuerza de los ríos es muy superior, y hay que tener siempre el máximo respeto a la naturaleza.

Las fotos salieron geniales, y fue un día muy divertido y apasionante, pero no hagáis estas locuras. No lo copiéis. No hagáis el puto imbécil. Esto son historias nuestras, con muchas años de experiencia y secretos. Repito que son aventuras nuestras personales. Es nuestra vida y nuestra forma de ser, pero sí, es verdad, esto es muy peligroso, sí.