Fábula arranca en las entrañas del hogar paterno, chabola putrefacta que en mi infancia representó la réplica del infierno. Entresijos le describo con desidia, alcoba mía fue un congelador, vivo en el ártico o se ha helado el reino satánico, y al indagar veo del minúsculo salón romboidal su ventanal abierto, ¡déjeme probar si acierto!, la loca matriarca invita al vendaval, pretendía yo enfermara para mamá ser la heroína en el genocida hospital. Reclamo cierre la cristalera por el riel, pero huye la cochina a la cocina por untar rebanada de miel, súmele una rodaja de pan y pechuga rácana de pollo, y tendrá en el resultado matemático mi comida que famélica me da pánico.

Por cornisa veo al horizonte una serranía, ya de adulto descubrí que almendros e higueras y piñoneros escondía, pero entre la barandilla y su arboleda se interponía un panorama desolador, son terrados que abrasan en verano repletos de antenas y tendales, dado al vivir en el ático queda a la saya la abrumadora mayoría de fachadas y fanales. A babor oteo la calle, su notable pendiente dibuja siluetas de vecinos andar cual torre inclinada, y a estribor verá inversa su empinada.

Cercano hay un templo, tan acostumbrada estoy al repicar de su campana que a su redoble debo tener alma de cicatero, pues me mantengo inmutable resuene por la boda o el bautizo o el entierro del cordero. Justo a la izquierda del santuario, como roca que se erige mariscal en el acantilado, se ubica mi colegio, profesoras religiosas paranoicas que enseñaban a base de azotes con la vara, ¡dé gracias!, que la sargento daba puñetazos en la cara. Nombre tenían las diablesas, pero de arpías las recuerdo por su mote, jamás las burras lo descubrieron, fuimos astutas las alumnas al torearlas con el capote.

Triste es aquella etapa, mas entenderá que alejarme de esas pocilgas atestadas de hienas fue decir adiós sin amarguras ni penas. Partí fecha que omití señalar en el calendario, de onomástica nada hay para celebrar, pero le añadiré un inciso, puse en epitafio que me hubieran castigado las monjas por el blasfemo vocabulario. Tríada de maletas llené, caprichos y juguetes pueriles arrojé a la basura, que no me daba el equipaje suficiente espacio y tampoco dispongo de soberbia musculatura.

Aquel amanecer nació en la rutinaria sordidez de un barrio pobre, imagen de estreno al cruzar el portal de la finca es un vagabundo rebuscando entre los contenedores su chatarra y los hilos de cobre. Autobuses pueden quebrar, míseras tartanas arribo antes andando a cuyas estaciones ferroviarias comulgan los sueños, para mucho obrero su pesadilla, por las deterioradas infraestructuras que descuidan sus dueños. Andén mío es un número par, desciendo escalones con las ruedas de los bártulos que en los trompazos se van a desencajar, pero mérito ostenta de lograr en su descenso los neumáticos salvar. Vagón mío es central, y allí me pregunta un viajero aturdido por las plazas donde tiene parada, ¡señor!, cuestión se la plantea al revisor, que yo sólo soy peregrina harta de un gobierno inquisidor.

Viaje emprendo aventurera a un país extranjero, veré desde el asiento el crepúsculo y toda la noche hasta el alba, ¡álcese turistas!, ante ustedes se asoma cuyo futuro mejor se ansía en sus conquistas. Oficios de emigrantes son en tareas domésticas, algunos se contratan de jornaleros por cuatro reales en los huertos o fontaneros, y en cuanto a mí atañe, universitaria licenciada en bellas artes, me he fijado distinta agenda, idioma suyo nativo aprendo el lunes y trabajo aplazo al martes.

Conceptos básicos ya me he instruido por diccionario traductor, y el saludo de buenos días he desarrollado en un tono seductor. Belleza mediterránea es mi aliada, largo cabello azabache que popularizó actriz en película de temática apache, ojos cuyo claro pardo rivaliza con los lobos esteparios, y las restantes facciones de mi rostro sudan tinta los poetas por definir, rebuscan tesoros en el baúl de sus recursos literarios.

Edad supero la veintena por la misma cantidad que puntos cardinales abarca la brújula, de altura emerge mi glabela del pelambre casposa que extiende la turba curiosa, y cintura tengo cuyo contorneo avispado me envidian las gordas con su mirada codiciosa, ¡suprime los pasteles!, y obtendrás en el esfuerzo una recompensa generosa. Sinceridad habrá comprobado es mi virtud, plebeyos dicen agradar, pero al ser objetivos se rasgan las vestiduras, duelen las verdades como colmillos que se hincan en las silvestres mordeduras.

De mí es sobrada biografía, hablemos unos párrafos escuetos de la arquitectura que en esta metrópoli predomina, es un vasto abanico que su legendaria época carolingia y la moderna etapa contemporánea compagina. Visito arcos y obeliscos, palacios y torres que conservan la magnificencia de su siglo, y de camino a la catedral me detengo en recinto que torna la pálida neblina en un fulgurante paraíso, es público adolescente de mi generación con su música a tope y una diversión al galope. Fisgoneo indiscreta, me sirve de trinchera la hilera de vehículos aparcado, que me muero de vergüenza si me pillan alcahuete, y vislumbro un chico con chaqueta a la cual ha rubricado un lema, reivindica su ideología ante algún problema. Mozas que parlotean con él lucen rapado y un teñido caoba, alguno con cresta y aquella luce ingente colección de tatuajes que tan sólo ha dejado sin tintar la cicatriz dactilar. Muchedumbre me atrae, y a paso relajado me dirijo al espacio limitado por tabiques, ambiente liberal es extraordinario tan lejos de perturbados caciques.

Cruzado el umbral se centra en mí varones varios, me atraen bastantes pues su físico se diferencia con el macho ibérico en sus rasgos arios, abundan las greñas rubias y los focos de azul celestial. Abrazos y besos de amistad rompen las barreras de quien te es desconocido, y he de admitir que al inicio fueron sonrisas con el calco fingido, dado por tener fluidez en su jerga me falta mucho léxico, tengo del dialecto todavía un repertorio anoréxico.

A pesar de las trabas, consigo un par de citas, que las señas son válidas para entendernos, y del catálogo de convites he aceptado la propuesta de un muchacho fornido, es guapo y tiene el dorsal erguido. Argumentos son concluyentes, y con cierta impaciencia deshojé el almanaque las datas siguientes. Plazo se consumió, y faltando todavía un cuarto al cronómetro para el encuentro acordado llegué a sede de su morada. Timbre presioné, ascensor se lo cedo a los vagos repugnantes, y ya en el rellano vi al pretendiente, gracia nos hizo al percatarnos que del elevador estaba pendiente.

Sentados en su mullido sofá, la conversación giró en temas que se censuran birrias moralistas de la iglesia o sermones de vanidosa filosofía, prefiero sus costumbres o sus aficiones y su cultura en la homilía. Cadencia locuaz es ecléctica, somos de equipos rivales pero competencia llevamos con honesta deportividad, cantantes adoro yo la ópera mientras oponente escoge de estridentes alaridos propios de mutantes, y en sexo estoy dispuesta a probar, si quiere una demostración real dígalo ya y no se haga de rogar.

Sé que en tal comentario me tildará por desesperada, pero desde mi llegada en el mes anterior he tenido la cuantía de cero en escarceos amorosos, y toda la descarga son manualidades onanistas. Simio me sirve, comparto sus ideales ecologistas, y aguardo roce o caricia que por su timidez se demora. Riendas tomo con aquella maestría que como amazona me condecora, y del estandarte níveo de mi camiseta me desprendo, es la exposición de los pechos un gratuito arriendo.

Globos oculares se anclaron absortos en la cumbre del pezón, instinto en celo es similar al de un león, y a mí ese cortejo ya me satisface, se debe el aprobado a no ser yo exigente, culpa del bajo barómetro son las ganas de apaciguar la sequía incipiente, pero también me agradaría en el festejo dar un avance, ¡deja ya, coño, de mirar!, y ponte a tocar. Palpó entonces con mucho mimo mis flambeados, y envueltos en un halo de morreos efusivos a intervalos me fue despojando de toda la armadura, por la ira deduzco será un polvo con bravura.

Alzados cual vela en el mástil, indiqué ¡vayamos al plumón!, pero en su freno recondujo lascivo mi ruta, propuso apoltronado en la silla para avasallar mi gruta. Postura es morbosa, ¡de acuerdo!, desvístete que en el clavo me encajo, exclamé ingenua, y al instante de acallar vi actitud rara en el grajo, dado conservó el uniforme, se instaló en el trono de respaldo deforme, y con donaire mandón me indicó tenderme en su regazo, panza mía aplanada en sus muslos, mentón caído al precipicio y en tentáculos del jugador una pala y un mazo.

"Primera conquista le gustaban los azotes"

Un azote cayó sobre mi nalga diestra, ¡joder!, ha sonado cual idiota a perro rebelde adiestra. Técnica desaparece de mis modalidades favoritas, pero intrusa voy a consentirle los cachetes, jamás los he sufrido y no tengo testimonio de nadie que los haya vivido, y si usted como yo tampoco es ducho en la materia lea atentamente, es mi premio por haber sido paciente.

Sinfonía se repite por segunda ocasión, eco es inexistente porque yo callo y el verdugo se ha vuelto mudo, concentrado en la ristra que ya me avisara cuándo termina ese trato rudo. Va por el quinto, me exige contar y yo complazco, que de este modo aprovecho por repasar alfabeto numérico, pero en la cifra de la decena es como un cálculo homérico, que me descuento por su rosario cruento. Al error bramó el bandido, ¡empieza otra vez el concierto!, y digo yo que en su aldea ha de ser una broma irónica, dado noto un escozor chispeante, de ir en aumento se convertirá en secuencia icónica.

Culo quisiera verme en el espejo, ha de estar ardiente y rojo como un tomate, y estuve por advertir si había confundido mis glúteos con un tambor, azota a su zurda y la antónima y viceversa y al azar, de salir algún topo con la fusta lo va a cazar. Reprimo el griterío, pero con el ardor es inevitable suspirar, es como un bufido por aliviar la quemazón, y al proceder con el resoplo sus hormonas se enardecen, cae una lluvia de azotainas que me provocan suplicar, rezo mío al sufrir le hace excitar.

Un tono rosáceo se esparce por la forma esférica de mi pandero, pero sigue el patán, habrá creído que amasa el pan en su puesto de panadero, y de la insistencia se torna el pigmento un grado mayor de morado, daltónico discute por imponer su creencia de violáceo, mas el debate lo zanjo tajante, ¡llama al enfermero!, urge me recete pomada o ungüento que me alivie la paliza del mutante.

Doctor acude, ¡buenos día, señorita!, prefiero sádico al matasanos, mas ya que se haya en la consulta expondré mi dolor, es el tarugo que me vapulea y no me indulta, ¡deme su tratamiento!, diagnóstico del sicario es levantarme de su falda, pero use la razón, ¡pedazo de mamón!, que al ser condescendiente después resultaré agraciada, en su satisfacción tendrá la pértiga dura para ser horadada. Musitó el colegiado, soporte entonces estoica el sacrificio, si en la somanta que recibe le ve beneficio.

Lágrimas empañaron mis linternas, rodaron por el pómulo en cuyo torrente esboza el tabique nasal, van donde las engulle el pozo abisal, y un temblor inaudito acució mi maxilar, titiritaba con un escalofrío espectacular. Recurrí al método de hablar conmigo misma por resistir, ¡aguanta!, ya queda poco para finiquitar la tunda este loco, pues sobrepasa la saeta los quince minutos, y de alargarse van a salir llamaradas, que son constantes y brutos.

Se esfumó su arreo sin previo aviso, ¡alegría!, me yergo justo en el preciso instante que me da permiso, aunque permítame la concesión de un bendito reposo, que el flagelo ha sido ostentoso. Sólo pretendo un bálsamo momentáneo, ¡ves preparando la espiga!, que me arrojo sobre el campo de cereales como en pabellón irrumpe el narcisista espontáneo. Tipejo se me acerca, frota mi dorsal con aquel esmero de quien repasa el mármol con el estropajo, tiene el tinte a rúbrica y despedida, ¡dónde vas!, que se distancia y se marcha el espantajo.

Sola he quedado, villano ha prendido cuyo televisor retransmite un anodino partido de fútbol, refunfuña pues se ha perdido el saque inicial y a la falta sucia del contrincante injuria que es un clamor, ¡maldito egoísta!, me piro con desprecio deprisa por perderlo de vista.

Vos se estará descojonando, sepa estuve toda una jornada y sucesiva que fue un martirio ir por la acera andando, que el mínimo roce contra cualquier superficie me producía sentir como agujas de coser clavadas en las nalgas, y sentarme ya fue toda una peripecia, cojín en las butacas de mi choza y en las tertulias con estudiantes buscaba equilibrismo decantado al aterrizaje en taburete, ¡qué te ocurre!, preguntaban, escaldó mi inexperiencia un botarate con tal saña que no puedo ni sentarme en el retrete.

Quizá pensará usted que todo el mundo ha tenido un mal infortunio, pero ya puesta a confesar mi intimidad lea ocasión que le suplantó, fue con otro bello hidalgo al mes venidero, y a diferencia de su engreído antecesor, éste mostraba madurez de caballero, gracioso en las ocurrencias y vivaz en la conversación, flirteo tiene los requisitos que son obligatorios para mi seducción. Coqueteo se produjo en una plaza de peña holgazán, al norte hay un museo y en sus rampas aledañas se arremolinan patinadores oriundos de cualquier rincón, africanos y suecos e italianos y norteamericanos, son un ejemplo entre las franjas de mancebos a decanos.

Atmósfera se impregna de aquel inconfundible olor de marihuana, proviene sus nubes de todas bandas, ¡míreles!, se ve la tropa feliz con su mirada buscando la perdiz. Drogas rechazo, abstemia soy convencida, que no necesito ningún elixir ni alucinógeno para ser audaz y divertida, lo demuestra que en el diálogo le supero en habilidad y coherencia, y caída la víspera, tras varios mal disimulados roces y pérfidos frotes que la química estima, marchamos a trote impetuoso, ¡cotilla preguntó si nos podía acompañar!, respuesta dimos negativa, ¡vamos a una clase particular de esgrima!

"Segundo patán me quiere pasear como una perrita"

Dormitorio suyo posee un lecho digno de un sórdido prostíbulo, sábanas escarlatas, una tenue luz pigmentada de canela y carmín, y las murallas del cubículo pinceladas de un liviano matiz fucsia. Decoración colorista es hortera, pero cabaña es suya y la pueda adornar como quiera, yo he venido a saciar mi hambruna para ser sincera. En bomba me arrojo sobre el colchón, mas al querer pisar baldosas que delimitan frontera de su habitación sentí el centinela frenarme, un ritual de entrada tiene que explicarme.

De un cajón en el tocador sacó una correa, ¡ay, tu madre!, que he elegido marrano de fantasías raras, y cerrando su collar alrededor de mi cuello me ordenó colocarme a cuatro patas, ¡perrita me apodó!, con ese posado en el campo pensará labriego que busco patatas. Negarme incluí en la opción, pero la mullida piscina distaba a escasos zancos, y por el ansia de aplacar mi apetito sexual anduve cual batracio o ciervo cojo, que me domina el libidinoso antojo.

Avanzo palma adelante, pero cual ánimo produce un horrible regalo me guía en dirección contraria, todo el largo pasillo hasta llegar al comedor, volteo el mobiliario central donde se reúnen comensales, y al arrimo del diván simula la pausa de cuyo nómada en su destino se quiere apear, ¡decídete ya!, que estoy agotada de gatear.

Tampoco piense hice ademán de estar disconforme, aun siendo rol que me desagrada, y debió de ser producto de mi benevolencia que optó el piloto por entrar en la cocina, tomar un plato de la encimera, de agua llenarlo y colocarlo en el suelo, pretende beba a lengüetazos como una canina. Supuse será en plan ficción, y con tal concepto realicé una simulación, mas el grillado quiere verme absorber, ¡cencerro!, soy humana y no un becerro.

Insistió otra vez, y por acabar pronto ese enfermizo trámite decidí dar un leve sorbo, acabemos ya con la escena que es un estorbo. Arrimé los labios, y al inclinar el ápice se adentró el líquido acuoso por el vestíbulo nasal, surcó del meato a los cornetes, y un estallido de tosidos asaltó el patético erotismo, saltan alegres los duendes, por el cañón hagamos piragüismo.

Actividad prohibida, hazlo y la embarcación será hundida, van enfadados los nomos, mas ¡de qué os quejáis!, tarado me introduce en el lavabo, y a la orden de levantar una pierna pretende meara como una caniche. Altitud del cráter es inasequible, y mosaico lo friega después su abuela, pero canalla es terco cual dentista pretender extraer una muela y se mantiene en sus trece, aunque tras un rifirrafe se percató que de intelecto su mandato carece.

Mal rollo fue un mero lapso, irritado puede el supervisor obstruirse en su mental colapso, y emprendí presta rumbo a la hamaca con ese tranco de dálmata que se amaga o galgo que se fuga, soy de su yugo una tránsfuga. Velocidad imprimida le hizo perseguirme a trote, ¡qué escena patética!, pero la mejor solución es obedecer las leyes de la aritmética, ¡gire al primer cruce!, con el íntimo recinto me doy de bruce.

Sin aliento anhelo ya erguirme, soy mamífero bípedo como el chimpancé que me reja, pero enarbolarme me lo impide, quiere trepe al jergón al modo de un lebrel, con un brinco me refiero, yo en el procedimiento difiero. Por el ridículo esperpéntico de saltar en plan rana rehúso tajante, petición ya se engloba en el conjunto de aberrante, y recobrando la dignidad me tumbó tal cual hace usted sea su madriguera una cabaña o un palacio, ¡vaya ahora el zoquete despacio!, que de tanto paseo a terrenos allende por el manto de cerámica estoy reventada, falta fuelle y energía ha de ser recuperada.

Bastardo masculla, ¡te veo frita!, y por sentir pena promulgó aplazar el juego a otra cita. Tontería mayúscula ha dicho, es un letargo de aquel periodo tan longevo como cuartero de chasquidos con el índice y el pulgar, pero se obceca en posponer combate miércoles venidero en el mismo lugar. Replico yo cual gigante basilisco, me he arrastrado por tu pocilga que casi me destrozo el menisco, pero el hijo de puta se excusa en que mi cansancio es excesivo para meterme el obelisco. Me vestí de inmediato clamando una ringlera de improperios que de las hemerotecas borran los moralistas imperios, y en cólera marché, otro energúmeno que de la nómina taché.

Dirá vos estuve gafada, y por el clásico consejo piadoso me dirá que pronto tendré una nueva oportunidad, dado princesas de mi hermosura siempre tienen cola de su príncipe atractivo por profanar mi falsa virginidad. Razón ustedes tienen, me refiero al aspirante y en sospechar de mi ficticia castidad, y un viernes rutinario, ojeando el escaparate de una librería, se acercó pimpollo con el sigilo de un guepardo en cacería.

Novela de terror cual yo me había fijado fue su autor un prodigio de antaño, escribía que le recomiendo prescinda de su lectura si el domingo tiene ceremonia, pues sus líneas escabrosas causan pavor y daño. Devoré sus sílabas al milímetro, sabio se hubo de medir la temperatura del miedo con un termómetro, y parentesco en el estante es una patraña, argumento calamitoso se sustenta en el frágil espanto de la plebe, hay quien le da espanto los aviones o una araña.

Versado le vi en la asignatura, y por entablar conversación nos sentamos en un parque, espero discurra sin esa petulancia del erudito, hay en exceso de esta raza de cabrito. Fortuna sopló a mi favor, mortal posee un buen conocimiento de la temática y se expresa con un glosario de humilde bonanza, su métrica me inspira confianza. En cuanto a físico lo defino agraciado, de máscara es guapo y armazón flacucho, quizá buscan otras doncellas el prototipo gladiador, a mí ya me contenta sea majo el buen orador.

Agazapados en nuestra atalaya del césped, contemplábamos el bohemio que transfería al vuelo esas melodías de quien práctica con su guitarra, en la letra tiene alguna estrofa en verso, pero novicio toca acordes que la sinfonía socarra. Al sol se tuesta hembra nórdica con ganas de estar morena, luce vestuario diminuto con la intención inequívoca de atraer las miradas de cuyo analfabeto no sabe ni escribir la o como un canuto, pero vaya con cuidado con su pelaje albar, de abrasarse acudirá a la clínica con la sirena. Aquellos jóvenes entrenan sus malabares, emigrantes latinos celebran pomposos con adornos el cumpleaños de alguien, desconozco cuál individuo pues son una marabunta, ladra y corretea de vez en cuando alguna mascota jovial, y ceñido el anochecer en la bóveda el planeta me invitó a su residencia el profeta, acepté sin dudarlo, convertida por mi propio vicio impaciente en una marioneta.

Pórtico trazó el arquitecto con desgana en su bosquejo sobre plano, dado su estética producía un congojo que mi paso aflojo. Cruzada la arcada digo yo me encontraré taberna del averno con sus parroquianos por despojo, pero el canijo sonríe en mi comentario, cruza él sin incidentes a diario. Rellano es austero, un cubículo de dos metros cuadrados con los buzones que he de apartar la sien, repartidor despistado se puede meter corte que por sutura urgirá de sastre, ¡cuántos puntos le cosió!, querrá saber, del vértice al confín el total es cien.

Alojamiento es una caja de cerillas, mártires en las galeras de piratas gozan de mayores lujos, decoración es vulgar, baratijas horrendas que se pueden comprar en cualquier bazar y antiguallas cochambrosas extraídas de fábricas derrumbadas, pero yo no soy ningún perito, he venido por el hervor imperioso de follar sin tapujos.

Socio se aposentó en su poltrona, yo decido mantenerme vertical, que en sus almohadas veo mugre tal cual si el costurero hubiese forjado el armatoste en un estercolero, o ha sido acaso que el rufián lo ha usurpado del vertedero. Retiro entre ambos cabe un cadáver supino, y en esa frialdad impasible a la espera de algún tierno acontecimiento preguntó el garzón si le puedo deleitar con un sensual baile al desnudarme.

"Deleité con una seducción del arte de desnudarse"

Propuesta morbosa acepté encantada, que tengo esqueleto para triunfar y lencería para matar. Danza arrancó cuando baboso puso la canción, serenata escogida emite votación el jurado, van desde el suspenso al sobresaliente, creo que este miembro es su vástago o le conmueve una sensible nobleza que por caridad de la verdad se ha apiado. De la polémica me mantengo al margen, tan sólo digo, ¡sube el volumen!, que esa tibieza estropea la desvergüenza impúdica, y al preciso instante de aumentar los decibelios me sumergí en mi papel, contorneando mis calderas a cuyo ritmo hubiera enloquecido a los antiguos faraones, en presente actual el auditorio lo abarrota borrachos y cabrones.

Pieza superior subo lenta y pausada, ombligo se asoma al ser la bandera enarbolada, mas el proceso realizo con lentitud, mecido con aquel cimbreo que exhiben los bermejos pétalos de las amapolas en su fulgurante primavera, y en la elegancia consigo que el sosainas se desabroche botón de sus pantalones, siente por la región la llama de la hoguera. Trepo el algodón a linde con la escápula, y al lanzar la indumentaria cual cometa al universo se provocó aquel vaivén de la hojarasca en otoño, levita garbosa que distrae al bisoño.

Expuesta queda sin disimulo cuya coraza púrpura amaga mis melones, yo en el centro del cutre escenario y el pazguato en la platea, perezoso el mencionado y yo desinhibida en un meneo que por la magistral destreza me merezco un premio, arte mío envidian las entrometidas en el gremio. Giro y me volteo por completa sobre mi circunferencia toda la traslación, he soltado los corchetes fuera de su visión, y al librar los tirantes de su fijación cae el blindaje por la corteza de mi tronco, freno donde el busto para crear un suspense pornográfico, ¡prepárese!, pezón erecto ha de garabatear sin error ortográfico. Resplandor de las peras da la impresión que le deslumbra, pues en la ostentación parpadea cual pupila le ciega el sol o infausto a quien se le estrella mosquito en el ojo, le alivia el trance poner glóbulo a remojo.

Enaltecida por el agrado, detuve el progreso por restregar mis palmas por las carnes desnudas que bribón aspira sobar, pero se tendrá que esperar, dado ahora ocupa su sector las falanges en busca de cuya cremallera sostiene mi corta minifalda, un cofre de rubíes cuenta la leyenda que protege, y al asir la pestaña le insinúo con descaro se vaya preparando, ¡es un afortunado!, pues al perseguir su botín muchos ladronzuelos han terminado fracasando. Emoción se palpa en el recinto, se ha acordonado el perímetro para evitar asalto de intruso, y por la propia ley de la gravedad cayó al foso el tejido que al pervertido tarado le aviva su furia de abuso.

Zángano extrae el lauro de su periscopio, ejércitos enemigos de ese instrumento quieren acopio, que esa envergadura le condecora dotado a la criatura, pero debe de ser precavido con esos toques en la sesera, en exceso puede explotar la dinamita que yo quiero para mi tartera. Riesgo de su denotación aún es muy remoto, y bajo la lumbre liviana derramada por tres bombillas de cuarenta vatios yo me entretengo en un serpenteo que dispara el horno a esos grados que funden el hierro y el acero, y hasta el lírico juglar se vuelve grosero.

Grada anima vivaracha, ¡quítate el abrigo!, que a cíclope le late la remolacha, pero al instigador le recuerdo, tan sólo me arropa una espiga de trigo, y si estuviese atento a la función se habría percatado que el cereal ya ha sido recolectado. Por atuendo conservo los zapatos de tacón, descalzo austral y a continuación el septentrional, ¡deje de buscar musarañas!, mi efigie está libre de telarañas.

Avaro me indica que me siga contorneando, un rato de cara y turne con el revés, pero me preocupa que el primate aplica demasiado énfasis en su zanahoria, machaca en aquel bucle ascendente y reverso de quien martillea la zambomba, y tampoco quiero dar vueltas en vano como una noria, pero le otorgo ese crédito que se presupone en la madurez adulta, sabrá controlar los cañones que la manguera oculta.

Duda he de reconocer me asolaba, tamaño es insuperable y el tránsito vertiginoso es de simio que se masturbaba. Medité el proceder, preliminar sugerente es divertido pero el macaco va a todo trapo, ese frenesí va a provocar la rotura del gusarapo. Maldito egoísta estaba a mil de cachondo, y medité si zanjar el preludio por arrastrarlo a la camilla, seamos en el pesquero el patrón y la marinera de la cuadrilla, mas en la aureola de la tribulación escuché un respiro hondo, temor mío ya no escondo.

Comprobé al voltearme su jeta de placer, y estuve por abalanzarme para arrancar el trabuco de su puño, ¡suelta, engendro!, que yo también estoy en el dúo, pero reacción fue tardía, y en plena éxtasis le amonesto y refunfuño. Jodido cerdo, tenemos de palabra un acuerdo, pero su respuesta es un sofocado jadeo que le ensordece de mi queja, le presta mayor atención al balido de una oveja.

Exprimió el rábano que dejó la hortaliza seca, sacudió las postreras gotas, y al dedicarme ovación con un aplauso brotó en mí un instinto asesino, estuve por aplastarle con el jarrón su pepino. Mal humor mío el chimpancé no lo comprende, arguye que su testosterona de macho es irrefrenable cuando se enciende, ¡óigame mi querida lectora y lector!, si en sus armarios dispone de guantes boxeo le agradezco me envíe utillaje por correo, que a cual saco le zurran los púgiles prometo la misma ráfaga de ostias le arreo.

Intento se fue al garete, jamás hubiese sospechado que he de menester fortuna para la vida amorosa, dado en deseos a mago de la lámpara mágica no he pedido un virtuoso ni un semental, sólo un polvo elemental, pero las vicisitudes resuenan como una burla que me llevan a la frustración, estoy por publicar anuncios en portales o signar mi teléfono en murales.

Depresión fugaz derribé tras dormir plácida, y armada de optimismo me dije, ¡merezco mi trofeo!, algún cabestro habrá, que me es indistinto sea lindo o feo, y en efecto, aquel cálido mediodía tuve un encuentro casual, sito en avenida céntrica de la ciudad, y por concreta ubicación una terraza de cuantas su presencia es habitual. Tomaba yo un refresco, y feligrés tabernero a mi oriente era un sutil forajido que me tentaba al cruce cariñoso de mímicas mimosas, cuencas suyas están pintadas de zafiro y el pelo de ámbar dorado, a corte de pijo rico lleva segado. Tandas intermitentes compusieron el preámbulo, y al pedir permiso para sentarse conmigo se acercó con una pirueta que sopese va ebrio o es sonámbulo.

En su timidez se justificó, ¡di cuanto quieras!, yo estoy pendiente de insuflarme aquel brío por vencer al infortunio, gafe lacrado se ha de interrumpir antes de junio. Coloquio es trivial, gira en torno al frío que muerde y la calor que tuesta, en predecir la lluvia por las nubes que se ciernes hacemos una apuesta, y al contar que ayer vio de las alcantarillas salir un ratón cayó el diluvio pronosticado, para fugarnos a su nido fue el momento soñado. De paraguas vamos desprovistos, y aunque nos resguardamos soto las viseras de los balcones es inevitable quedar empapados del sombrero a los calcetines. Zapatillas de suelas desgastadas es como llevar patines, pero los resbalones salvé de equilibrio, y ya en el domicilio tengo el motivo por desprenderme de toda túnica, desnudez la mía no es única.

Fusión de nuestros cuerpos no fue sentimiento, sino esa pasión acompasada por besos que se plasman con el calco de quien arde de lujuria, idéntica efervescencia ponen los clérigos en los clandestinos cócteles de su opaca curia. Mis pezones erizados se clavaron en su depilado pectoral, morreos entonaban el venidero jolgorio, y ya predispuesto al festín el uso del condón requerí, que el contagio de una enfermedad o el preñarme se lo prohibí.

En mi petición abrió el cencerro un cajón de su mesita nocturna, y de su estómago extrajo una insignificante cinta de tela, longitud es tanta cual del carpo a la clavícula, y en su entrega me asola la angustia de otra situación ridícula. Planteé yo una cuestión, ¡qué hago con la cincha!, solicitó el mendrugo se lo enrollara en su cuello, y si en ese prólogo le aprieto el pescuezo la salchicha veloz se le hincha. Asfixia descarto de mis preferencias, pero acepté por ser aplicado en el pringado, recíproco me hubiera negado.

"Cuarto galán derrochaba un instinto suicida y subnormal"

Tumbado como quien se cuece sobre la arena de la playa, constreñí floja la correa, que el mero roce en la garganta me da mucha impresión, y al verle bufar solté asustada, aun voy a ser por juez condenada, pero sin dilación alegó el degenerado, ¡sé lo que me hago!, controla el aliento que le es mutilado. Barra es cierto que se ha desinflado, y con empeño vuelvo a la carga, ¡sigue!, le escuchó mascullar. Su acento tiene aquella imitación de un amortiguado aullar, mas alardea de hábito, aconseja cómo presionar, y al acatar sus órdenes vi que inyectaba oxígeno a porciones. Contemplé con resquemor, que su semblante adquiere un aspecto camaleónico, es una gama carmesí que deriva en malva, ¡he de soltar!, o de la muerte no se salva.

Imbécil se molesta por ser precavida, ¡de qué te quejas!, de haber testigo habría acudido en tu socorro, gritaría ¡hay una criminal estrangulando al pedorro!. Sujeto me quiere persuadir, para que su porra adquiera el sólido temple la opresión he de repetir, pero yo le advierto del agobio que me provoca, si me paso de la raya y cae fiambre me volveré loca. Ríe el enfermo por cuanto a mí me abruma, detalla una paparruchada del diafragma y los pulmones, y al querer saber si es licenciado en medicina me contesta que es la usanza e inteligencia quien opina. De cálculos ser erróneos le comunico tendrá la moraleja, la soberbia es el fracaso desde los científicos hasta la comadreja, mas garantiza su lealtad a la cordura, no traspasara ese límite en que el conocimiento está ausente, huraño a esa frontera ya le pondrá clausura.

Con mucho reparo obedecí, he de acrecentar esa longaniza que tiene el tamaño enano de una tiza, y tomando los cabos de cada extremo apreté con esa ejecución que aplican los delincuentes homicidas. En olvido no puede caer el período prudente, tengo activada la alarma en quien del juego es mi compañero, y ruego que desconozca la propuesta un bandolero, que en cuya presión estoy aplicando me dirá el cuatrero que tengo talento, ¡olvídame!, de ver su pómulo cerúleo padezco en mi espíritu un embarazoso tormento. Faz ¡mírala!, entreabre el pico como un pez fuera del acuario, y el jadeo es el de un anciano moribundo a quien la guadaña del finiquito ya le acondiciona su reposo mortuorio.

Higo se me ha desecado, si se muere el gilipollas lo voy a maldecir eterno, y dado le veo atosigado debilito la compresión en el gaznate, no vaya a suceder ningún disparate. Búfalo resopla, ¡voy bien!, me comunica en ronca copla, pero algo de haberse atrofiado bajo la cúpula de su cráneo, ha de tener su cerebro un lisiado sucedáneo, que le falta ventilación y aún exige aumento en la dominación.

A su plegaria cedo, compruebo conserva los signos vitales de fuerza, y aplasto que me dirá vendedora si ha sido mi escuela el empaquetar, de querer trabajo está interesada en mi contratar. Agradezco su oferta, pero del lance tengo tantas ganas de acabar que estrujo cual carnicera amarra el jamón, sólo persigo que se excite sobresaliente el mamón. Faena realizo con esmero, el problema es ese colorido mezcla de lívido y violáceo, sus córneas salidas de órbita y las bocanadas que aspira con dificultad, ¡basta ya!, ¡que se muere el subnormal!, he de cortar por la heredada cualidad primitiva de la piedad.

Decisión tomé eufórica de mi bondad, ¡recapacita!, le susurré, ya tienes el chorizo rígido, ¡demos uso a la escotilla dirigido!, pero a nardo le afecta el apagón, ¡no me jodas!, ha quedado miniatura cual reproduce en la anchura del meñique el icono de un dragón. Fiasco es de aquella envergadura que la esperanza enajena, y pienso que quizá haya cual raíz sensata al payaso le redime. Consagro la expectativa en el lenguaje civilizado, borrego me pide meterla mientras le ahogue, y al percibir su verborrea asumo he de consolar a mi férvida ambición, ¡apaga tu llama pura!, que este devaneo se torna en amargura.

Decepción es difícil de cualificar, tengo tal vez un maleficio que disfruta en putearme, o seré la marioneta de un vándalo bufón, digo yo que si se aburre se compre un hurón. Enciclopedia me resuelve el sortilegio, capítulos de conjuros y fórmulas son algorítmicas teóricas, los redactan dramaturgos para sectas religiosas y católicas. Narrativa es estéril, y durante una época adopté la estrategia del amor en soledad, prefiero su seguridad a la fechoría aviesa, ¡hasta cuándo mantuve!, querrá saber, efeméride desvelo por eximirle de su padecer.

Fortuito me informó una camarada de fiesta exclusiva en una finca privada, vasallos y criadas es gente libertina y desenfrenada. Habrá invitados con vaqueros de cuero, damiselas en atrevidas transparencias, mazmorras para esclavas, y bacanales para orgías. Sede radica con la urbe en aquel firmamento que no se divisa, mas del trayecto me avisa, la milla póstuma es un calvario, son sendas rurales que en medio de la mística oscuridad tuercen sinuosas, a ratos planas y de repente un presuroso repecho, y en la planicie altiva que venera el paisaje se vislumbra las fogatas del castillo, dan la bienvenida desde su cortinaje azabache el augusto mochuelo y la sonata del grillo.

Hospicio es fascinante, hubiera sido la mansión que en mis delirios utópicos habría idolatrado, piscina a medidas casi olímpicas y en el océano estelar luce regente la circular luna plateada, novatos ornamentos me cautivan ensimismada. Jardín tupido se rebasa por las losas de pizarra, sendero lleva a un candil inmóvil, y al ceder los goznes del portón se accede a una sala fastuosa y opulenta, organice si quiere pachangas de beisbol o torneos de baloncesto, hágalo a diario o anual o bisiesto, que su diámetro cumple con las medidas reglamentarias exigidas por federación, se conformarían con una ínfima porción cualquier equipo modesto.

En convite contemplo una jauría depravada, adefesio y verdulera retozan en público con tal desvergüenza descocada que los he de sortear, flexiono las zancas por encima de sus cuerpos enganchados para evitarles pisar. En canapé déjeme contar, se han encajado como mejor han podido la pendón, el fanfarrón, la cotorra y la ramera, y se babosean cual arrumaco de caracoles, ésa con él y éste con ella y la otra y el aquel, ¡qué lío!, en tal estrés van a confundir la secretaria con el buzo y el conejo con el merluzo.

Un enmascarado exhibe a su sumisa, con un collar y una cadena humilla a su crisálida desnuda de esa guisa, lleva la vista gacha y está callada, y al interesarse por su relación los comensales le ordena su califa postrarse arrodillada, acata dócil y disciplinada. Observo yo con perspectiva retirada, que me agrada el erotismo intrépido pero la personalidad no permito subyugar, es mi estampa cual consiento arrugar. No obstante, estoy de acuerdo en su comedia, les veo gozan magníficos y es innegable he venido a buscar algo similar a su estado emocional, y en batidas me pregunta un paleto si le quiero acompañar al altar, ¡ni pensarlo!, sólo busco revolcarme por el hangar.

Cazurro que me halaga es de mi generación, melena selvática, y un iris barnizado de un inaudito cobalto, debió confundir la brocha el pintor en su creación, mas el desliz estoy segura le colmó de satisfacción. Extrovertido y charlatán, fue muy fácil conectar, y producto de esa empatía o de la apetencia sexual imantamos el chasis que nos pertenece, suyo con el mío y mutuo, ¡dónde nos ponemos!, le planteé, ¡ven!, acotó al responder, en el sótano hay una estancia cuyas paredes impiden oír el vocifero de las multitudes y sus chirriantes baladas que a los tímpanos sacudes. Laberinto traza un recorrido que se requiere de mapa, si nos perdemos habrán de acudir en nuestro rescate, pues lleva a un subterráneo cuyo cuartucho da toda la apariencia de haber sido antiguamente un calabozo medieval, lóbrego y umbrío que al prender los cirios que le enfocan se crearon una legión de sombras tenebrosas, las rendijas de los azulejos parecen boquetes por donde se filtran los espectros de sus funestas fosas.

"Me encantó su fantasía de estar atada"

Sin embargo, el entusiasmo que nos ha llevado a su barriga nos eclipsa, y olvidados de quiénes somos nos despojamos de todo el atavío, no dejamos ni una hebra que pueda perturbar nuestro desvarío. Olla silba en su ebullición, ¡corramos encantada a la acción!, rimas guárdese para otros folios y escuche frase que el fulano me ha susurrado, me quiere prohibir escapar de sus fauces, y con dos cuerdas que halló a disposición de los clientes las muñecas me ha atado. Querrá saber usted dónde me ha amarrado, es al cabezal de barrotes, cada jarcia a las barras laterales, deposita mis brazos a las esquinas, y al querer auxiliarse comprueban las leguas son abismales.

Ciñe con tanto rigor que anula movilidad, por putearle forcejeo y brego en desatarme, luché con ahínco contra las ataduras, pero nudos tienen la misma solidez que el cemento, ¡ya puede follar!, es cuanto antojo y de mí no va a salir ni un aborto de lamento. Sonrió justo entonces pícaro y travieso, con otras dos lianas va a repetir su licencia crápula, enreda por los tobillos y empuja a las aristas inferiores, carece en este bando de verja, pero astuto lo enrolla en las oquedades de las patas, ¡venga!, me reta, quiero ver cómo te desatas.

Convertí el cuadrilátero en una tempestad embravecida, fue cual navío en los embates de huracán emprende una batalla fratricida, de verme exorcista invocará ángeles vengativos, ¡venir!, la bruja está poseída. Peleo con un furor titánico, crudeza roza la sangrienta barbarie, de lograr hazaña merezco el podio en el olimpo de los dioses, mas es cierto que todas las propulsiones por despedazar las espléndidas ligaduras son en vano, y en un pregón fariseo le imploro sexo al pagano.

Actuación elevó su garrote cual diseñó los prehistóricos trogloditas, ¡cuidado al maniobrar!, que en darle al vidrio con ese robusto aparejo no soluciona el desastre ni el pegamento ni tiritas. Trompa que asorda híncala por la caverna, yo estoy prisionera y sedienta mi cisterna, pero en una trama confusa veo retrocede varios pasos, ¡qué pretende!, aspavientos gesticula que le ha dado al pirado por hacer gimnasia o meditar, aunque su cariz cómica y fiera me indica que alguna estupidez ronda su cavilar. Huye a un chaflán de donde se agencia un taburete, y minimizando el ciclo efímero de los dígitos que menguan se avecina su proyecto en un periquete. Propósito es arrojarse sobre mí cual si fuese un delfín, y en este prefacio dar rienda suelta a nuestro festín.

Oportunidad me dije no se puede escapar, y ánimos me insuflé convencida, la nueva etapa comienza en este solapar. Subido en la banqueta, se preparó para ejecutar cuanto, en mi península retrógrada y machista, populacho le ha puesto de apelativo el salto del tigre, consiste en arrojarse sobre el catre de un brinco, mas yo considero que haría bien en desistir, esta pericia se desarrolla desde un trampolín.

Prepotente se lanzó adelante, y al ceder las columnas endebles de aquella tarima ocurrió la tragedia fulminante, que dado su masa no flota se estrelló la estructura ósea, ese crujido es de vara rota. Ojalá me equivoque, que en mi cruel ruina me quedo sin masaje del pulgar al seno, pero sus chillidos estremecedores delatan la catástrofe, ¡es terrible!, pues al levantarse veo el tramo de su brazo zurdo por encima de la epitróclea mirando a la aurora boreal, y de la tuberosidad bicipital en inferior enfocaba al antártico meridional. Salía astillas por toda diáfisis, con el periostio disfrazado de puerco espín, radio y cúbito descuartizados resumo por ahorrar mal trago a su digestión, destrozados como quien corta el pollo a salvajes hachazos antes de cocinarlo, trauma que me genera necesito lustros para curarlo.

Peña que vino a su salvamento se mostró compungida, y conforme le urgía el quirófano marchó un grupo en su labor de taxistas, ¡juventud, recordar!, que en la discordia soy la mártir inocente, me dejáis en la patria sola y atada, ¡tornar!, que pueda al menos por otro bellaco ser follada. Soledad se incrementó, en los fotogramas suplentes que le revelaron se amplificó, ¡palurdos!, que yo sigo aquí, grité enrabiada, ¡soltarme o mítica será mi venganza!, pero sólo el mutismo típico de catacumbas se afianza.

En abandono quedé, dado en la planta superior una furcia de lengua ágil y boca grande le prometió a bisonte una excelsa mamada, y se entregó a su petición exhibicionista con los seguidores en la grada. Aquella osadía fue el introito del escándalo, el alcohol hizo estragos avanzada la fiesta, y los rabos flácidos tenían ya la gabardina magullada y mustia cuando uno de aquellos ineptos preguntó quién me desató en el transcurso del sarao. Nadie respondió afirmativo, y al caer en la cuenta raudo bajaron a mi celda, ¡desgraciados de mierda!, ¡que os parta un rayo!, llevo atada que se debe haber celebrado la hipócrita navideña, vuestros disculpas no apaciguan el cabreo por dar leña.

Monja dígame si en su convento hay vacante, priora vieja se percata es una sorna vacilante, y al exterior del monasterio he de rumiar, dado rencores francos de nada me sirven, y la vergüenza que me invade atormentada se debate entre la clemencia o con la daga meterles estocada. Supongo me he de resignar, tampoco voy a llorar, pero me ahonda una tristeza por haber perdido ilusiones gloriosas que ahora están muertas, entregue si le place su palote a tuertas, que yo he husmeado por catálogo, aquí hay cuyo chisme a los gorilas sonroja, compro el original y trasto análogo.

Vibración me transporta al edén, mas me arrecia una pesadumbre, que he querido vanagloriar mis pecados con hombres y el resultado obtenido ha sido una hecatombe. Tropiezo mío habrá sido elegir el género, parásitos tienen el gusano escacharrado, y en el cambio de tercio pondré por colegas del relato erótico a cortesanas bisexuales o lesbianas, prometo se van a divertir, pero odiseas describo en otra saga, que de este crónica ya cierro sus persianas.

 

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