Ocultos en cualquier rincón de este planeta, desde las planicies siberianas al hogar aledaño donde hoy un torpe albañil remienda alguna grieta, hay mentes de cuya depravada magnificencia no se conoce ni una brizna, y explico tal desgarrada advertencia porque cuanto vos leerá, en los minutos siguientes, a este párrafo desconocido, es todo mentira, personajes que no son quienes dicen ser y ciencia que el asesinato es su menester.

Fe deposito en que mi público sea inteligente, pues no escribo para estúpidos cual nacimiento fue funesta efeméride para la humanidad, y en tal margen de confianza entramos de inmediato en el gran arte de la literatura, yo frente teclado y visitante ante pantalla que le permite disfrutar de mi inaudita escritura.

Protagonista fue una joven veinteañera, preciosa mediterránea criada bajo el caliente sol de esas tierras, pero tenga mucho cuidado con su corrosivo mal carácter, que atraviesa armaduras de soldados como colmillos de sierras. Su larga melena castaña y montesa remolina a los varones babosos, adulan transeúntes con piropos cándidos y los borrachos dedican cortejos libidinosos, ¡es en vano!, a los mancebos deplora y a la escoria les blasfemia con un lenguaje que su fama le condecora. Ojos son de aquel glauco diamantino que anhelan amantes en su tórrida fuga, pero al querer saber dónde se ubica el prado en el mapa les desprende una mirada de pantera que su osadía les subyuga. Cintura contorneada diría ha moldeado artista maestro de arcilla, y en mi generosidad quisiera describir al milímetro, ¡pero fíjese qué mala leche!, un grito me expele, ¡cállate ya!, soy yo la reina y tú el pelele.

Jerga gárrula habrá visto posee la moza, escandaliza a las damas de alta alcurnia, y ceñido a su normativa encarrilo mis letras a la cronología, dado es mejor tomarse las broncas con filosofía. Fue en una época cuya calor sofocante derretía los pétalos de las rosas, desecaba en unas tonalidades escabrosas. Herramientas que alivian como lloviznas desertaban de estas latitudes, y aquellas sequías cíclicas que son típicas de nuestro clima se instaló egoísta en la cima. Asolaba al unísono una crisis que vaciaba bolsillos de empresas y ciudadanos, y chica sin un céntimo se apresuró a la caza de billetes, urge al menos para agua y filetes.

Con tal propósito recorrió solitaria calles urbanas que son pesares por tanta turba, durante las desfiladas diurnas es un trasiego caótico y al anochecer siempre irrumpe el fiestero o drogadicto o maleducado que el descanso perturba, mas indistinta la hora vigile al cruzar de acera, pues en la paso de cebra o con el semáforo en rojo puede aparecer chiflado que su pedal acelera. Por andenes el riesgo son las bicicletas o patinetes, circulan con unas maniobras imprudentes, y en el caso de poder esquivar todos los incidentes sepa aún debe torear las hordas de delincuentes, a ese le han birlado el móvil, a la otra han estirado del bolso, aquel le han sisado la cartera, y por moda el robo de relojes son fechorías frecuentes.

Sorteando trances con peripecia, huérfana preguntó en panaderías si requieren hornera o tahonera, se ofreció de camareras que estoicas soportan el vacile repugnante de mentecatos por el mero café o su tostada, en nuestro país hay peña ridícula que de idiotez va sobrada. Llamó a timbres de cristales opacos con su cartel de neón, valoró tareas domésticas o para mocosos insolentes ser su niñera, pero afónica abandono de tanto fracaso, la rechazaron desde secretaria a barrendera.

En rambla céntrica probó la fortuna de pedir limosna, pues la afluencia de turistas le asegura propinas altruistas, pero al quedarse dormida le afanaron documentos y credenciales que portaba en su riñonera, sospechosos hay desde banqueros a vagabundos o taxistas. Desorientada meditó su reacción, y aun abatida vinieron dos policías de la guardia local, ¡aquí no se puede mendigar!, y apresando su mísero vaso de plástico requisaron sus denarios y sestercios, gastarán en marihuana y alcohol los sabuesos necios.

Trayectorias suyas zozobraban sin rumbo fijo, deambula por la vereda del barrio y a cada propietario o mayorista o mercante repite la plegaria baldía. Negativa afronta con valentía, cambia de ribera por transitar sobre aquellas baldosas que la esfera solar incendia, trepa por la calle empinada donde en la próxima esquina tuerce a diestra, pero su buena voluntad la muchedumbre le defenestra. El único sonido afable es el revoloteo de las aves por las copas de los árboles, ¡menudo jolgorio!, debe ser un colibrí o loros en celo, mas al menos queda el consuelo de ser los pájaros felices, celebran un banquete de semillas o lombrices.

Pululaba en aquella urbe pantanosa por callejones y avenidas que no sabe su nombre y una mierda le importa alias que se le dio en su bautizo, la única huella que imprimirá será haberse apalancado sobre un banco de roble macizo. Paréntesis es efímero, prosigue la andadura cual navío surca el océano hacia otros continentes, ¡reconozco exagero!, zapatillas dirige al poblado donde cacique esquila al vulgar cordero. Habrá de invertir hasta el quinto dígito del cronómetro, pero completadas dos leguas, en uno de esos giros de peonza inesperados que ofrece la vida, se topó con la universidad, y por recobrar la energía desgastada se pidió un bocadillo, hambriento lo engulló a toda velocidad.

Ambiente es de jóvenes bobalicones y mal mimados, aquel adolescente pregona desvergonzado su incultura a volumen que separada cuatro mesas percibe nítida su vocabulario, orgulloso se muestra por su intelecto de parvulario. Féminas presuntuosas se han pintado de hollín las pestañas, es del mismo tinte que el carbón en las castañas, y esa pava engreída se ha puesto un collar de púas, le falta la correa de perra para exhibirla en masoquistas rúas. Con falda de margaritas se viste un paje, su novia es un maniquí donde colecciona tatuaje, y la feminista radical sermonea que llamarla guapa es un ultraje.

"En panel de la universidad vio anuncio que despertó su atención"

Sarta de gilipolleces tiene suficiente, y a marchar tras una breve digestión encarriló los pasillos, zigzagueó entre burros y pillos, y de pronto, desde cuya atalaya se distingue la luz de la salida, vio una mísera hoja de papel, clavado en el panel de anuncio por una insignificante chincheta, y al leer sus líneas esbozó un sentimiento de esperanza, apuntó con bolígrafo su ubicación, y rauda emprendió la mudanza.

Arrancó rótulo de la tabla, estrategia fue para evitar zorra que se adelantará, y tan decidida estuvo que ya podría haber habido tormenta en el firmamento, o aquel viento huracanado que es un tormento, o ese terremoto cuya magnitud resquebraja la tierra y el cemento, o genocida dictadura cuyos sicarios sanitarios fusilan en su crimen sangriento, que luchando contra inclemencias y traidores tomó peregrina cual arroyo le encamina a la sede, exigencias a desempeñar puede.

Llegó a horario abierto, ¡buenas días!, exclamó en recepción, ¡me ofrezco candidata para esta perversión!, y tal frase imagino impacienta a mi lectora y afín, ¡estese tranquilo!, sabrá ya vos y el delfín. Se rio la secretaria, ¡señorita!, es un ensayo clínico para el cual se busca voluntaria, mas quien lo lleva a cabo es ginecólogo licenciado, y no un psicópata degenerado. Diferencias no aprecia, salvo la bata blanca y el instrumental, añado algún otro dato ornamental. Básicamente, se refería a que el hospicio privado presentaba un aspecto impoluto, esplendor del mostrador al sofá es absoluto, e inmersas en un rosario de carcajadas extrajo la oficinista un formulario, cumplimentó sin falta de ortografía en el abecedario.

Cumplido el ritual de la rúbrica, subió a la planta tercera, cruzó el pórtico de cancelas abatibles, y entró desenvainando un ímpetu inconfundible. Aguardaba una joven enfermera, rondando la treintena, uniforme de blanco radiante cual novia al fatal altar, traje ya le sirve si se quiere casar. Caída del disfraz corta su tela donde el músculo del recto anterior, y cinco botones, abrochados el último a cima del esternón, disimulaban la desfachatez de no lucir blusa o falda debajo, matará a los enfermos con ese desparpajo. Cabello dorado luche planchado, esmalte en sus dientes refulge que debe ser por el barnizado, y tras el saludo cortés y un escueto diálogo de bienvenida la acompañó al despacho del doctor, apellido trabado en placa es un jeroglífico foráneo que requiere de traductor.

Estancia tenía la apariencia de ser las sádicas salas de la inquisición, pues los utensilios expuestos hubieran sido el sueño utópico de cuyos verdugos torturaron con devoción. Apacigua la congoja esa iluminación que aniquila recovecos donde amagarse las arañas, y al fisgonear por tanto trasto se levantó el sesentón de su trono, explicó el uso desde las pinzas al cono. Piezas emplea por investigar el orgasmo femenino, de los latidos cardiacos a las contracciones del suelo pélvico, dado hay hembras con el clímax sublime y mujeres de apogeo anémico.

Muchacha respondió se dejara de rollos y de ventas de batallas, si está bien pagada se abre como una puerca, y meta el catedrático el cilindro y la tuerca. Consentimiento tiene expreso y válido, y de un cajón del escritorio sacó un sobre de pigmento pálido. Abrió la solapa, y extrajo un fajo suculento de dólares en efectivo, quintuplicó de la intrépida su poder adquisitivo. Asió fulgurante sin dar margen a retirada, guardó en su bolso ensimismada, y al inquirir cuándo ostias se empieza concretó lacónico el facultativo, ¡ya mismo!, masculló compulsivo.

Mocetona se dio la ducha previa, se evita con tal estratagema alterar el análisis por hongos o suciedad u otra bacteria, y con una frescura espontánea se dirigió desnuda a la camilla de parto, aquel catre es donde nacen desde el sabio al lagarto. Se tendió supina sobre su tapizado, setenta milímetros en su transpirable anchura y su material vinícola la comodidad augura. Aductores y gemelos aterrizaron sobre dos soportes que, accionando un dispositivo, desconozco si eléctrico o hidráulico, se alejó en direcciones opuestas, ¡dónde vas, so bestia!, orzas flexionadas no dan más de sí abiertas. Pies puso en el estilóbato de acero, elevó el respaldo los grados necesarios por trazar aquel ángulo cuyo chute no detiene el cancerbero, visión oblicua del techo, y al ver la diversión por el juguete se entretuvo con el botón, alza y rota y frena y regula cuanto le apetece al mamón.

Expandió a continuación dos barras periféricas, cada aleta a babor y estribor de la goleta. Ejecutó con precisión gracias a los rieles motorizados, detiene regulado en los exactos noventa grados, y al apoyar doncella los brazos en su cuña dio conversación la comadreja científica, preguntó si es madre con un tino de alegría pírrica. De maternidad nunca ha sentido la llama, riesgo ha habido de engendrar un becerro en aquellas carnales hogueras, pero por prevenir el desastre se ha provisto con nobles mercenarios tras las trincheras. Vientre luce plano, es de silueta delgada que miran descarados el tarugo y el marrano, y versículos de sus viejos por ser abuelos se extinguieron por el pleistoceno, murió atropellada la cegata y su cónyuge despreció el buen consejo que el tabaco mata.

En oficio informó carece de contratos, en verano gana algunas pesetas en la huerta, y al llegar los ocres del otoños de los campos deserta. Subsiste con ayudas y trapicheos, es como el gorrión que picotea por los vergeles y jardines, va de suburbio a remoto distrito con las sandalias usadas de patines. Amigos descubrió es un falso rango que pende de un hilo, el mínimo suceso corta el cariño con su filo, pues al pedirles le cedan alcoba o hamaca por dormitar le conceden alguna madrugada, pero al cabo de una semana verá su faz malcarada, ¡óyeme!, mía es la angustia, es mi lozanía quien se marchita mustia. Dan plátanos y verduras en abril, y al pasar página en calendario ya tiene la bronca febril. Adversidades del mártir cansan al mandril, y por aquellas ironías que es difícil explicar se halla la paz sobre cartones en cualquier orilla pueril.

Confesó inocente de este modo secretos que son su tesoro, y al tener información el decano retrocedió unos pasos ufano, llegó hasta un carro arcano, y empeñando por el mango acercó el cachivache con un esfuerzo espartano. Debía de contener plomo, o el troglodita linda esa frontera donde ya la duele la ciática y el lomo, y por pura curiosidad inquirió la paciente, ¡qué hay en el recipiente!, si acaso cual truco de mago extraerá un sable o un palomo. Enigma se desveló veloz, alzó la tapa y un enjambre exorbitante de cuerdas extrajo precoz.

Explicó el médico son prácticas habituales, en psiquiátricos usan esas cinchas a mansalva, en hospitales de la península ibérica las aplican al díscolo y la anoréxica calva. Podrá estar la persona sana o enferma, pero con el pretexto trivial de la ausencia emplean sin piedad, y aun descontentos le inyectan o le suministran en bandeja un sedante para que duerma. Torturan y adoctrinan y asesinan bajo estas anómalas circunstancias, tiene el país aquellas repugnantes artimañas que heredó de su patria dictadura, ahora la enmascara bajo el apodo de democracia el tirano caradura.

Matasanos dio por supuesto otra versión, contó soberbio una fábula sobre el riego sanguíneo por la vena safena magna donde la pantorrilla, el flujo por la arteria poplítea por la espinilla, el torrente en la arteria uterina de la chiquilla, y su maquinaria ha de registrar el curso potente que discurre por la alcantarilla. Dijo quizá repercute de rebote en las cañerías braquiales y cefálica, y disertó es factible se aprecie una serie de fulgores en su sistema nervioso, del isquiático al pudendo y de los cutáneos al sural, y para la eficacia de tales pruebas ha de estar inmóvil cual estatua petrificada, compromiso leal se asegura al tenerla atada.

"Comenzó a ser atada sobre la camilla ginecológica"

Desplegó una soga, asió los dos cabos, y uniendo los filamentos en paralelo posó algodón en sus tobillos, enredó a cofia del maléolo medial atrapando la pata contra la férrea superficie de aquel armatoste, quinto giro fue en el perímetro del calcáneo, y a su sucumbir se coló en vertical por el talón con un viraje instantáneo. Trepó por cuya flecha indica ascenso el sóleo, diez pulgadas escalaba, y cual alpinista instala su campamento base otro quíntuple de vueltas daba, parsimonia es calcada al tejano que perfora por hallar petróleo o al pintor ensimismado con su cuadro al óleo.

Al circuncidar rodilla por su zócalo y tejado hizo una pausa efímera, dado tiene sed el camello, y ya con la joroba henchida volvió a la carga el plebeyo. Serpenteó por la inmensa región del cuádriceps, por sus hectáreas hay labriegos ilustres, cito el vasto externo y el semitendinoso y el bíceps crural, donde a su envés apretó el nudo, lacrado ha ungido con un tacto rudo. Fue tanta la presión resuelta que venció a todo músculo en su inútil retirada, ¡jura es verdad testigo a lontananza!, vio pelear la novata traviesa con aquel ímpetu que provocó un escalofrío confuso en su cerebro, pues por mayor brío que imprime no consigue abandonar ni desplazar ni arrastrar las pezuñas, sólo balancea aureola de las uñas. Insistió en su forcejeo, avivó tesón del sartorio y su séquito, pero desistió al percibir tenía la victoria en las antípodas, bribón ha operado el zurcido con mucho mérito.

La siguiente escena fue insólita, pues asistentes en platea creyeron remendaba sus zuecos, dado con un fino cordel envolvió el cuboides y el cuneiforme, lio por los metatarsianos, y al apisonar en el sótano de la plancha soldó el hueso sesamoideo a cuya plataforma pisa, pero para la matrícula obtener restaba obturar el tintineo de los dedos, ¡tranquilos!, carencia finiquitó ovillando de la misma guisa.

Hombre ambicioso anduvo por el claustro con un donaire holgazán, emula aquel porte del aburrido patán, y en cuyos vaivenes esboza da la apariencia de ir desorientado, ha de ser producto de su avanzada edad o que va atontado, pues tenga por ejemplo que con un cable ha tropezado. Se salvó del tortazo padre por haberse apoyado en el tabique, ¡dónde va!, ha construido con la cerradura y falleba un dique, dado desconfía se cuele algún intruso, le da seguridad al dinosaurio permanecer en la soledad del convento recluso.

Al regreso solicitó a la princesa aposentara los brazos en los atriles descritos, y área de partida fue el flexor cubital del carpo, enroscó por el radio y su hermano hasta consumar el cuarteto del pronador cuadrado al redondo, y en tal cumbre ciñó que el surco de las lianas estratificó hondo. Rebasó aduana del codo, estrujó supinador, condensó en la absoluta longitud del húmero, y en la estación del deltoides tocó su silbato el ferrocarril, ¡viajeras y demás han de bajarse!, aquí termina el raíl.

Por rizar su maquiavélica maestría quiso que amarres la dejaran desamparada en su defensa, y otra liana cogió de la despensa. Debería de haber recelado, dado la miró con un brillo extraño en sus iris, colores que irradia ninguno se incluye en la escala del arcoíris, pero por lucir tarjeta o indumentaria de trastornado farmacéutico se le presupone erróneo un espíritu de trato terapéutico, ¡dígame porqué!, es un mamífero de cuya especie tiene por gloria ser un mortífero depredador, ¡dígaselo!, y comprobará sus virtudes como excelso orador.

Exhibiendo sermón cual en verso anterior he aludido, desenvaino manopla que por poder vos imaginar se asemeja a un guante de boxeo, diferencias radica en la mitad de la obesidad y en el robusto tejido que compone su resistencia con total impunidad. En funda del mitón se cobija los puños plegados, cincha se ajusta en la muñeca, delimita al milímetro en la divisoria con las ligaduras, y mediante esa fórmula eliminó la oposición de sus tentáculos, encerrados en esa prisión claustrofóbica de la que no hay escape, lo certifica las matemáticas con sus cálculos.

Envalentado, rememorando aquella juventud suya de su etapa prehistórica, espoleó a rehén con un pícaro reto, ¡desátate!, propuso como apuesta vandálica. Con un arrebato increíble lo intentó, y al ver entre guasas y mofas que su esqueleto se cimbreaba optó por agarrar silga cuya eslora se debería cifrar en milla, alcanzaría de la bodega a la buhardilla. Anaconda constriñó a boina de la cresta ilíaca, deslizó por el ombligo, gateó donde el apéndice xifoides, atenazó en el esternón, y prensó por la incisura yugular, ¡felicidades!, ha obtenido el título de campeón por su faena espectacular.

Consiguió en tal ardid la quilla de la columna soldada al acolchado, queda indisoluble su despegue desde la cifosis sacra hasta la lordosis cervical, y al comprobar que en hilván no había temblor delató su instinto animal. Se percibió en su antónima actitud, pasó de la simpatía a la ironía con acritud, pero ingenua pensó será versátil en la personalidad, y su mutismo repentino no le produjo ninguna inquietud. Tan sólo oteó a bando septentrional y austral, escasa disponía la rotación de la testa, yermo al sur y habitado al norte, donde vislumbra al zoquete asir objeto para taponar un boquete.

A cuyo agujero refiero es la cavidad bucal, mandó el gerifalte desencajar el mandibular, y al proceder con su abertura al máximo ubicó en el cuenco una bola de tamaño parejo a una pelota de golf. Arraigó tras las almenas de los incisivos y caninos, condujo ambas correas por las mejillas opuestas, encontronazo de los cintos se produjo en el cóndilo occipital, y al abrochar airado la hebilla consolidó la mordaza colosal. Fanfurriña de la fémina fue similar a una lengua muerta, un repertorio de consonantes donde abundan las efes y las emes, asisten al guateque algunas parcas vocales, y herencia de nuestros ancestros primitivos han de ser los gruñidos guturales.

Artista bellaco le ignora, proyecto sucesivo es cubrir su cabeza con una máscara opaca, arropara desde la bóveda del parietal al cartílago tiroides su saca, y un miserable ápice cual coincide con sus fosas nasales le permitirá respirar. Cándida reniega, es perceptible por los tumbos negativos de la chola, pero capataz engaña a la cautiva con una rara parábola, e imposible de zafarse sucumbe a cuyo cortinaje azabache, típico de lóbregas catacumbas, le prohíbe ver ni un rincón de la chabola.

Ambiente bélico es clásico de guerra, maligno que bombardea y la dócil que se aterra, retumbos son de aquel chasquido inconfundible cuando el acero se bate y el humano demuestra su tendencia al disparate. Duelo se prolonga poco rato, desde el palco abuchean pues el combate es ingrato, tan sólo un amago de la vasalla afligida y el gladiador que acomete infalible sobre la gacela herida. Finaliza el asalto y del auditorio aguarda la ovación, tiene la rival que sus murmullos amordazada es una continua oración, pero platea se disgusta, ¡han pagado por ver morir la fiera!, y bellaco atiende complaciente, su martirio va a ser imponente.

"Ginecólogo psicópata preparó sus instrumentos de tortura"

En preámbulo acarició un pezón, ofendió con ese mimo por erizar su torreón, y al querer la presa mandarle a tomar por el culo comprobó la rigidez de su calabaza, con algún anclaje de cintos habrá procedido para fosilizar la esfinge de la rapaza. Gimoteó con aquel timbre que denota el sollozo, y el terror se transcribe con esas glosas caóticas que son un alborozo. Espanto se debe a cuya consulta ha derivado en su calabozo, y empeora la atmósfera esa estrambótica conducta del energúmeno, que sin mostrar ni una pizca de empatía sigue obcecado en sus deberes, inicio es acercar el ecógrafo y otros enseres.

De ser usted analfabeto en este aparato de diagnóstico, sepa ecografías escudriñan el feto con real pronóstico. Técnica de exploración es no invasiva, mediante ultrasonidos de alta frecuencia le permite visualizar los genitales internos de la mujer, y a tal efecto el primate ha forjado un plan macabro, es como el mayordomo asesino que atiza a la duquesa con un candelabro.

Herramientas de cirujano son complejas, tiene pinzas de tracción, hay rectas y modelos que durante su transporte le habrá pasado por encima un camión, pues sus varillas sinuosas presentan esos meandros que, si viene comercial en su promoción, pensaré ¡es un estafa!, o el zopenco me tima con la farsa del cofre y la garrafa. Removió sus estridentes metales, impactos producen unos ecos agrios que el poeta utiliza como sinónimo de agravios, y el silencio posterior advirtió de algún peligro, ¡qué ocurre!, un cacharro se introduce lubricado por la gruta, contrasta con la palabrota del bastardo, ¡le ha llamado puta!

Erudito que esté leyendo vaticinará ¡es un espéculo!, lo confirma el testimonio si tuvo la doncella esa sensación extravagante de las paredes ensancharse como un globo, dilata a tal envergadura que huésped perplejo se merece el título de bobo. Trasto bloqueó y allí puesto obstruyó, dado el pendejo hubo un momento en que por la selva de baldosas huyó. A berrinches de la gorrina es inmune, brega la víctima porque alguna súplica estimule su misericordia, tiembla y suspira enterrada en esa malla indestructible, peo verdugo ni le mira apenas, y en las efímeras anécdotas que contradicen esta afirmación es con sus pupilas embriagadas de un furor que hiela el coraje, supera su locura a cualquier bestia salvaje.

Fruto de su demencia corretea por el mosaico con el garbo de un cisne, canturrea una serenata de aquel adagio espeluznante cuando degüellan la gallina, aullidos de la esclava margina, y ofuscado en su traumática melodía indaga por cajones y gavetas por hallar aquellos artilugios que espolean desde el embudo a las tetas. Rastreo espira al topar con un pote y un pincel, hebras son ásperas como un cincel, y untadas del ungüento cremoso esparce su pasta aceitosa por el pozo desecado, disemina opulento antes de emprender otro recado.

Floritura cruel empapa el árido cenagal, y en tal arranque sólo percibe la náyade una capa mucosa, resbala por las vertientes y se almacena en la cuneta rocosa, mas al poco de su aplicación siente un escozor, temperatura aumenta y su canto aterrado es un clamor, pues el potingue da un ardor que dispara las grados, es como si un incendio arrasara los secos prados. Brama a los decibelios que le autoriza su bozal, anillo candente del céfiro ardiente ya calienta útero y el sacro celoso, ¡pon el termómetro!, marcaran su mercurio un número escandaloso.

Simio observaba atento el proceso abrasivo, se apoya en una linterna minúscula que alumbra toda la cripta, y en una libreta de siglos pretéritos anota su chillido y la metamorfosis del nido. Describe la irritación, gel es el culpable de la arena sofocada, y a medida que su bálsamo traspasa la capa se amplifican el berrido, en esta sede insonorizada cualquier letra es un símbolo perdido. Diría la cocinera que el huevo ya se cuece en la sartén, se irá friendo sólo en un santiamén.

Tiene por prioridad el babuino otro chisme, ¡qué será!, se percibe el rechinar particular en las canastas de supermercado, y cortesana un sobresalto sufrió al sentir un toque abominable, ha sido electrodo cutáneo, ¡qué ha pasado!, adhesivo se aferra sobre su vello púbico rasurado. Ha sido el líder del batallón, que le siguen decenas en la legión, desplegó ejército el comandante por el cuerpo perineal, a tres centímetros del introito, y otro aliado instala por pedestal de la sínfisis púbica, sabía el catedrático iba a provocar aquella contracción que alcanza el estatus de mito.

Perpetuó conquista de sus tropas, regimiento que le suplanta es como la quijada de un caimán, mordisquea en el vestíbulo y por el arco tendinoso de la fascia pélvica, de haber podido ver rostro de la chavala habría contemplado una jeta de semblanza cadavérica. Fuente del llanto es el tremendo dolor que ni afloja ni se compadece, y la fuerza con la cual afronta la penuria se desgasta y se desvanece, pero ha de soportar, pues el granuja propina otra dentellada en cuyo abismo repercute al endometrio, ¡maldita sabandija!, es como si frotara su dermis incandescente con la saña de una lija.

Gruñía incesante la prisionera tanto cuanto podía, mudo en el despacho el erudito, que en cuya ventaja le otorgaban las severas ataduras osa palpar pechos al descubierto, exprime como si fuesen naranjas el muy cabrito. Fuelle de la oveja se exalta, pero nada puede hacer, y mameluco se regocija en pellizcar donde el plexo del terraplén y cofa de la cúspide, ordeña la mama que en su deformidad abstracta momentánea la apega con el serrato mayor, flambeará del alba al crepúsculo si se tercia, dado le satisface oír de la sierva su pavor.

"Activó el ginecólogo la máquina de los electrodos"

Hazaña guarda en sus deseos pendientes, ahora es primordial accionar el mecanismo por ver cómo soporta el martirio su organismo. Pitido tacaño es el pistoletazo de salida, y el hormigueo afable de los novicios compases es un espejismo, pues en aquel tramo de recta desde donde todavía se divisa la pancarta de buenaventura le asalta un calambre, y un macaco de tasca nauseabunda le espeta jocoso, ¡vas a ser fiambre! Molestias suplen al masaje, es como lago manso que, al invadir vos para pescar, se torna cual búfalo cabreado embiste su carruaje. Espigas pinchan con perfidia, y el cosquilleo ha sido una trampa, dado le desborda un daño que transforma la fantasía en su pesadilla, y el dolor inconmensurable la va a dejar papilla.

No obstante, graznidos se suavizan, equivocada conclusión extraerá algún juez machista, dirá que a guarra le encanta la tunda del terrorista, ¡ignoren a tal deleznable gusano!, es la afonía exhausta de cuyo miedo le infringe ese villano. Razón tiene justificada, pues por los filamentos de cobre corren descargas eléctricas que vibran y emiten alguna sacudida. Arguyen son leves los criminales, pero la táctica en el compás sostenido es su agotamiento, dado en la incursión de las saetas se incrementará el sufrimiento.

Valoración actual es una rea atada y desnuda, constantes vitales son óptimas, charco en su ciénaga es categórico y el martirio es lógico. Rendición es absoluta, pero hiena se niega a firmar tregua o tratado, replica es suyo el templo que ha usurpado. Al disentir se enoja, libera una cabalgata de groserías que es rutina en este tipo de palurdos, son adjetivos y apelativos de categoría burdos. Incluye al catálogo injurias denigrantes, índole es por humillar y abusar, es fácil intuir que el agravio se multiplica cuando somete a su captura soto unas restricciones de las cuales no hay fórmula por recusar.

Gaznápiro autócrata adjunta a vilipendio una factura, alimenta la cólera su diablura. Con estupor recibe afectada la noticia, es frágil la corteza de su coraza, tantas toneladas de tristeza le mortifican como el esbirro que le arranca su confesión con brasa y tenaza. Por la sima hay mineros ineptos en su oficio, martillean las vetas del yacimiento con la piqueta al revés, y cuando milagro hallan un diamante lo extirpan con cartuchos de dinamita, mas al rebuscarlo entre escombros se llevan la desilusión por pazguatos, perito tasa la bagatela al precio de una margarita. Crónica le comunica, pero al ogro no le achica su tesis, ya ha barajado los rezos por zafia hipótesis.

Voz tétrica resuena a escasa pulgada de su pabellón auditivo, homilía que le infunde es haber amplificado la potencia del artefacto, ¡para!, ya tiene el sexo tumefacto. Desobedeció el mequetrefe, y la corriente bifásica asimétrica emitió una gigantesca electrocutada que estremeció todas sus entrañas. Zafarse quiso de las telarañas, sastre ha urdido con su aguja artesana y ni huracán desplaza del andamio una fibra, ya sea con el armazón estático o el chasis que cimbra. Auxilio sólo le puede prestar el cernícalo, pero a quien señalo se postró en su garita, consigna de la dríada sus gritos que recuerdan al sánscrito o arameo extinto, ¡déjeme ojear, malnacido!, que a mi público quiero desvelar la escritura cuneiforme de su laberinto.

En sus folios he leído, respira en aquel descontrol que se merece sanción por el exuberante monóxido que fabrica, pero la bruja no es consciente, pues sacerdote daría por diagnóstico se le ha de aplicar un exorcismo, arrea los cordajes con ese arrebato del caparazón que está poseído. Umbral de tolerancia sensitivo ha rebasado, el dulce del pastel cual es un placer se ha amargado, y el epitelio trémulo desprende un aroma de sacrificio, aunque huele a chamuscado por el sagrado orificio.

Autor del cuaderno ha de ser cateto, ha detallado fisuras donde ha clavado los ganchos, hay algunos torrentes rúbeos que por su asombro no afectan a las convulsiones de cuyo estudio es el paradigma de paleto. De maniquí confirma que emite un vítor amordazada, tengo mis dudas si son alabanzas o maldice la pena odiada, pero en su análisis da por triviales las hendiduras, y alguna pócima habrá en botiquín para soliviantar las quemaduras. Ha garabateado un punto y aparte, y con la pluma estilográfica sobre el mostrador se dirige tras la mampara, necesito el artilugio que trabuco al foso le estampara.

Rapsoda lo fotografía fidedigno, es un mazo compresor con un cañón satánico, sólo ver su estructura ya da pánico. Barrena coloca que acierta de lleno en la diana, circunferencia es elogiable en semental y lanza en ristre es, para el caballero del penacho negro, un proyectil mortal. Mísil es ideal para una yegua, pero se trata de un bípedo vertebrada, si matraca virulenta adelante y atrás quedará su mansión despedazada. De no creerme, observe la forzosa entrada y el graznido que simula gorrina en el matadero, díganme si el parásito es curandero o un carnicero.

Bardo se larga, tal barbarie que existe en la gente prefiere omitir en su romancero, ¡cobardes!, dile la verdad al genio y al chapucero. Cuéntales la epopeya, quitó la montura y en el espacio disponible introdujo el garrote, ¡qué falta!, tajos resquebrajados por donde fluían ríos de rúbea lava seguían destilando su elixir, y al no suturar obligó la virgen a resistir. Difícil es la empresa, dado embate como un tigre glotón o el frenesí chiflado de un león, y abatida por tanta paliza adoptó la pauta de nula oposición.

Estrépito de sus graznidos son un síntoma inequívoco de la cruenta escaramuza, pues arrolla hasta la guarida abdominal, y si considera mi leyente que hablo de un imposible tenga la siguiente certeza, chorrea un líquido a cuya gama cromática pertenece el granate y el cereza. Imploró indulgencia ante el asedio, que arremete a esa celeridad de cuanto usted efectúa un parpadeo de promedio, pero el chimpancé quiere lograr un hito espléndido en la medicina, es obtener un orgasmo en la moribunda cochina.

Pretensión ha desvelado, sentencia es firme, ¡de ahí no te mueves!, sea domingo o mañana jueves. En psiquiátrico encierren al tarado, en su profesión anhela el aplauso de las focas amaestradas, y por sumar tal trofeo es capaz de sumergir la suegra en la nieve, o a la furcia de la vecina mezclar en su brebajes dosis ingentes de veneno o morfina, y al ingresar en el hospital la hipotérmica o la drogada saldrá el héroe a la palestra, a los secuaces alardeará cualquier zumbada siniestra. Vaticinio de antaño hubiera yo hecho colgarán en la horca, dado entre la muchedumbre se esconden rucios subnormales, pero si repasa la onomástica verídica tendrá la base de un debate, cuánto imbécil hay dispuesto para secundar a semejante botarate.

Discuta cuanto le plazca, que yo mantengo el compromiso por desvelar cuyo suceso inquietante tuvo su orden, dado la marioneta seguía con el vigor suficiente por emitir aquellos jadeos en los que se capta algún insulto o amenaza, los hay en formato adverbio o sonetos lapidarios que prolonga como un proverbio. Alegato le devuelve en misiva infame, ha sustituido la zanahoria por un pepino ciclópeo, ¡válgame qué foca!, que de ir al dietista, sito el bufete en el mismo edificio, pedirá por ansiedad su despido fulgurante, morsas de este calibre le sacan de quicio.

Hortaliza pringa de un mejunje inflamable, tiene el mendrugo la teoría de que por la mera fricción se puede inventar una distinta combustión. Perfume que emana con la gasolina tiene parentesco, descarte el queroseno y suprima alcohol de maleantes, pero el paraje tras su romería es dantesco. Escuece sería un término de significado precario, picor resultaría un halago para el adversario, y calderas del infierno es el perfecto comentario.

Rugidos son de aquel timbre tremebundo que atraviesa el corazón en la profundidad de las tinieblas, e indígenas que habitan colindantes explican en sus canciones tradicionales que un invierno vino un explorador, esgrimía soldados aguerridos y la infantería de hierros temidos, y henchidos de su gallardía se adentraron por perseguir cuyas laringes producían los estallidos. Anciana vetusta les dio un beso y caricia por epitafio, ¡cuidado!, la guadaña que recoge la cosecha jamás se logra callar, pero general de división menospreció el consejo con su narcisismo zafio. Penetraron por la palpitante neblina, y desde entonces ya no trina la golondrina, ¡es cierto!, salvo un detalle, gorjea toda una orquesta de momias el concierto.

Sintonía voluptuosa calca el hada, alcanza los honores de soprano con el tronco que agrede en tal hostilidad que buitres desempolvan su tenedor y cuchara, bacanal se prepara. Astros buscan el lugar idóneo para situar la nueva estrella, y astrónomos van ajustando su mira telescópica, dado vileza sólo puede acabar en una suerte catastrófica. Cornetas de funeral ya han subido al estrado, pero para que la majestuosidad de su lección se cumpla ha de tener el dichoso orgasmo de los cojones, ¡aprisa!, pues por los desgarros monstruosos sangra a borbotones.

"Sangraba la chica a borbotones por la locura de ese médico"

Desolada y casi inconsciente, el bandido frota aquel vértice renacuajo que asoma exiguo, aguardando que la diva interprete esa aria celestial cuyo innato aprendizaje nos acompaña desde el preludio universal. Deberá estar en vaga, o quizá es demasiado temprano, pues los tambores siguen sigilosos en sus celdas, ¡óigame!, forense advierte es factible ir de viaje, ¡a dónde ha ido!, ¡vaya a saber!, pero en quinielas señalan apostantes la casilla de cual parque es inimitable, se decora con cuyos cipreses escalan los ángeles del sepulcro al cielo, hamacas son las nubes o espían los pecados terrenales al vuelo.

Incrédulo desafía las nefastas consecuencias de sus actos, y convencido de su esquizofrénica razón insiste en limar el pardillo, ¡séame sensato!, estará a mi favor si asevero contundente que al gorila le falta un tornillo. Falleció le han dicho, se acabó la recolecta en olivos andaluces, o esas encuestas a personajes fantasma donde por su capricho aleatorio falseaba las cruces, ¡entiéndalo!, nadie le dio reproche, denarios que recaudaba eran para su comida, dormía asidua junto basuras al amparo de un muro y un coche. Murió, ¡demente paranoico!, mas el gamberro tiene un serio problema, la corrida de ultratumba quiere en su currículo por emblema.

En galerías afuera de la muralla se rumorea que algo no va bien, lleva desde el mediodía la puerta atrancada, y sigue trincada en la víspera de la jornada. Druidas que son de su misma calaña se arremolinan al ártico de la arcada, afinan su tímpano por si oyen algún ruido, pero sólo se percibe el monólogo de un forajido que se amonesta a sí mismo por la torpeza con la que ha huido. Aporrean tablones con empeño, ¡abra quién sea!, gritan impacientes, pero de la mazmorra el malandrín se ha hecho dueño, y deniega silla a otros comensales, ¡porqué!, esgrime el salón es demasiado pequeño.

Duplicado de llave nadie dispone, ¡bravo, valientes!, son los mismos bellacos que matan en quirófano y cualquier lecho de su teatro, acude de propia voluntad por tos un quejoso y marcha en un ataúd horroroso, o al internado por una sencilla operación de amígdalas van sobrinos y nietos y familiares por insuflar ánimos ya en la habitación, ¡qué ha pasado!, es un diluvio de lágrimas su reunión, berzotas del anestesista lo ha fusilado como al militar en el paredón.

Avisan de urgencia al personal de seguridad, es un mamut cual ha de estar embarazado, o un obelisco se ha zampado, pues el bulto titánico de su barriga es como el satélite lunar, que si en su fase plena por su imperio la añora, ¡venga aquí!, se la tragó este elefante, ¡cómo sacarla!, pruebe al cagar o al estornudar. Cachalote calza al menos botas de puntera herrera, y a coces como un jaco sacude los leños, invierte una ráfaga que por su premura histérica me ha descontado, pero los chamanes europeos le congratulan, derribarla ha logrado.

Panorama los deja estupefactos, aquel ser inmaduro insigne de cuanto se supone es el remedio ha dilapidado su cordura, y yace inerte sin conocimiento una sujeta anónima con su intacta atadura. Majadero está hecho un basilisco, acusa a la ramera de tener insensible su marisco, pero allende de su coloquio resalta notablemente un horripilante fangal cuyo néctar es sangre, látex en sus zarpas ha revestido de ese inequívoco colorado, y vestuario entero del cárdeno caoba ha salpicado.

Saluda entusiasmado a la delegación, ¡mirar!, les comunica empachado de júbilo, ¡lo voy a lograr!, y al requerirle a qué se refiere confiesa habla del orgasmo al límite del patíbulo. Barrera ya ha franqueado, y con la suma elegancia que ese sapo no se merece le apartan del drama, pese a que el merluzo opone resistencia y brama. Túnica que en la despedida acicalará la damisela será una mortaja por la fútil ocurrencia de aquel corsario, de emitir yo la sentencia el sábado ya le arroparía un sudario, ¡pero espere!, ahora llega la traca sublime de cuyos hechos celebrará, el catorceavo día de marzo, su aniversario.

Sentado por un tribunal en el banquillo de los acusados, puedo explayarse en su versión, le resumo conciso su vomitiva elocución. Tuvo por iniciativa genuina y original grabar el clímax al borde del perecer, y su quimera divulgó en busca de alteza que al experimento se quisiese ofrecer. Aldaba resonó porque quiso la pordiosera, accedió libre a la galera, consintió las sogas que se sacó de la chistera, aferró a criterio mutuo la enredadera, y los accidentes en su negocio son aquellos gajes que hasta ratones y monos saben de su escollo en la litera.

Deliberó la curia hispánica, y político cual con su toga se disfraza de magistrado asió la maza, sentencia le declara inocente, ¡veredicto es abominable!, mas quizá ustedes, mis estimadas seguidoras, en género masculino también incluyo, dirá es sólo una patraña de pura ficción, ¡acepte mi reto!; repase archivos de ambulatorios, carpetas de los sanatorios, indague en los expedientes por asilos, diseccione cada grafía en atestados policiales o pandemias, ¡hágalo!, y verá cuyos acontecimientos reales son mucho peores, ¡tampoco se impresione!, llevan lustros los doctores mecanografiando su enciclopedia de los horrores.

 

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