Historias surrealistas de reuniones bondage para perder el tiempo

Llevo muchos años quedando con chicas interesadas en posar como modelo de bondage. Han pasado más de 20 años desde la primera vez que ate a una chica para fotos, y me gustaría poder calcularlo para ser exacto, pero fue antes del año 2000 que, ¡fíjate!, puedo decir que comencé en el siglo pasado. ¡Dicho así suena a viejo total! ¡No, no! ¡Suena horrible! Creo que con la primera chica tenía ya 19 años, sin experiencia, sin práctica, y las fotos salieron una mierda. Además, era una cámara de carrete con negativos, por lo que están todas esas fotos tiradas a la basura desde hace un montón de tiempo.

Incluso a esa edad, siempre he quedado para hablar unos días antes de hacer las fotos. Mi sentido común por naturaleza siempre me ha indicado que para la temática bondage es imprescindible este paso previo, y lo he aplicado siempre. Yo pienso que las reuniones previas a las sesiones de fotos bondage son obligatorias para la máxima seguridad y legalidad, pero para no ser tan tajante, quizá diría que estas reuniones pueden omitirse con prestigiosas modelos internacionales, de renombre mundial, con experiencia de muchos años y que en sus fotos, en sus vídeos, y en sus trabajos con todo tipo de productoras, ya han demostrado un nivel impresionante. No es el caso de España, donde la cultura está muy atrasada, y hay demasiada estupidez con querer tener la fotito de mierda en el Facebook o el Instagram de cualquier tío que se ha comprado una cámara de fotos y unas cuantas cuerdas. No hay modelos todavía de la profesionalidad de Thyffany Young, con un nivel y experiencia impresionante, y las conversaciones previas son imprescindibles para hacer las sesiones con máxima seguridad para la modelo, para nosotros, y cumplir todo con la total legalidad de las leyes españolas.

He hablado muchas veces de estas reuniones en otros artículos, e incluso en el apartado de información de mi web, que pone Model Call.

Quedo con cualquier chica, obligatoria mayor de 18 años, interesada en posar como modelo, y en todos estos años he quedado con centenares y centenares de chicas. En tantas citas, es lógico alguna historia surrealista, la gran mayoría en esa primera donde todavía no había gran experiencia, y hoy os explicaré tres historias singulares, sin nombres por supuesto, y dos coincidencias colectivas.

Comienzo por las historias singulares.

"Las dos chicas borrachas y drogadas"

Comenzaré por una historia inaudita. Me llamaron dos chicas. Decían que eran pareja, que eran novias, que eran lesbianas, y que querían posar atadas juntas. Sonaba a la clásica broma del chico con mucho tiempo libre que piensa con la polla, pero quizá era verdad. El amor es válido en todas sus combinaciones, y perfectamente es posible.

Quedé con ellas en una plaza cerca de la Catedral de Barcelona. Yo estaba con Thyffany, y con diez minutos de retraso llegaron dos chicas que Thyffany quería irse sólo verlas. Yo me reía, y no podía darle crédito. ¡Qué borrachas iban! Venían gritando, y todo el mundo les miraba. Llegaron y me saludaron. Una chica se entendía, pero la otra chica no entendí nada de lo que me dijo. No pille ni una palabra. No coordinaba nada. La única palabra que supo decir bien fue una droga dura, que no voy a reproducir, y nos fuimos.

Poco hay que decir de esta historia, porque estuvimos con ellas dos minutos, el tiempo justo para despedirnos y decirles que no trabajamos en esas condiciones. Me insultaron, claro. ¡No fue tampoco ninguna sopresa, y no me lo tomé mal! ¡Estaban borrachas perdidas! Por supuesto, en las fotos y en las reuniones está prohibido cualquier sustancia que altere el estado sano y lúcido de las personas, y no trabajé con ellas. ¡Claro que no!

"La chica que se había fugado de casa"

Una historia muy extraña fue con la chica que se había fugado de casa. Habíamos quedado en una zona cercana de la plaza Urquinaona, pero la historia ya era extraña antes de quedar.

Resultó que habíamos quedado hablando por teléfono. Eso fue temprano, y una hora más tarde vuelve a sonar el teléfono. Me dijo que era una amiga de ella, y que su amiga se había dejado el teléfono móvil en casa. Me preguntó dónde habíamos quedado, porque quería llevarle el teléfono y dárselo. ¡¡¡Vaya excusa más cutre y barata!!! Le dije que no, que no le iba a decir dónde habíamos quedado, y claro y directo le dije que me sonaba la mentira más ridícula que me habían dicho en años, y le pregunté quién era.

Me contestó que era su madre, que habían tenido una discusión en casa, y que su hija se había ido. ¡Más creíble ya! Aun así, eso es su problema personal, y yo no le iba a decir dónde habíamos quedado. Ya arreglarían los problemas por la noche, pero yo no pensaba ser cómplice de ninguna trampa ni ir a favor de nadie.

Llegó la chica acompañada de un chico. En aquella época ya no permitía compañías, y anulaba al momento esas reuniones, pero aquel día hubo una razón mayor y especial, que fue comprobar la veracidad de la historia.

Abreviando, le dije durante la conversación que me había llamado alguien que se presentó como su madre, pero que yo no le di dato ninguno. Por lo que me contó, su madre la había encerrado en su casa, y llevaba tres meses cerrada con llave sin salir de casa. Quería que su hija ingresara en un psiquiátrico, a lo cual ella se negaba, y aquel día se escapó de casa con ese chico.

En esa peligrosa inestabilidad, yo no podía trabajar con ella. Le comenté que podía presentar denuncia, acudir a la policía, o lo que quisiera, porque era mayor de edad, pero tampoco iba a dar consejo ni recomendación. Es su vida personal, y nunca más supe de ella. No tengo ni idea de cómo terminó la historia.

"La chica que había sido violada en el local cannabis donde trabajaba"

Otra historia que me encontré hace pocos años fue con una chica que quedé por el centro de Barcelona. Como siempre, las reuniones es hablar, preguntar, comentar, y ver si se puede hacer la sesión o no. Estábamos hablando de las cosas que podían preocupar a la chica, y me comentó que la habían violado hacia pocas semanas.

Fue en un local en el que trabajaba. Se había despedido, o la habían despedido, no me acuerdo perfectamente. Acudió para cobrar dinero atrasado que le debían, y en ese momento me comentó que la violaron, y lógicamente aún estaba afectada por los hechos. Le comenté si lo había denunciado, y me comentó que no. No voy a desvelar sus razonamientos, porque no quiero que nadie tome mala nota, y porque forma parte de su intimidad, y es su vida personal.

En este tema no hay debate sobre si era verdad o era mentira. Este debate está fuera de toda línea de trabajo, porque lamentablemente, por cuyas causas sean y que no voy a comentar, existe esa realidad de las violaciones que no se denuncian. Yo siempre digo que todas las violaciones se deben de denunciar, pero la decisión es plenamente de ella.

Su conducta en las semanas siguientes fue muy errática y extraña. Pasaba de la euforia y estar animada, a no acordarse de responder y estar desanimada. Lunes estaba convencida, martes no, miércoles sí, jueves no, y cuando presentan dudas o ánimos inestables no es aconsejable hacer fotos con ellas, porque pueden arrepentirse y convertirse un día bonito en una experiencia traumática, y las sesiones bondage han de ser plenamente convencida. En esta temática no valen dudas.

Explicadas las tres historias singulares, ahora os explico dos conductas habituales colectivas.

"Chicas que son meros objetos y marionetas en manos de sus novios"

Al principio de mis primeras sesiones, y hablo de más de 20 años ya, había permitido que las chicas vinieran acompañadas de sus novios, y de todas esas citas hay dos historias que se me quedaron muy marcadas. Ya las he explicado en otros artículos, pero las vuelvo a poner.

La primera fue con una chica que había quedado en aquella época por la zona de Plaza España. Hace mucho tiempo que no me muevo por allí. Vino un chico con ella, y nos sentamos en un banco. Al principio todo normal y buen rollo, pero después el chico comenzó a hablar más y más, y hablando de si las sesiones son pagadas me dice que la chica puede hacer muchas sesiones y puede follar si se paga bien, que se tenía que operar las tetas. ¡Pero lo dijo él! ¡No ella! Ese imbécil era un proxeneta de mierda o un puto machista que usaba a su novia de objeto. Yo era joven e inexperto. Lo vi raro aquella conducta, y no hice sesión con ella, pero era para llamar a la policía y denunciarle. Han pasado unos 20 años más o menos, que hace mucho tiempo ya y no me acuerdo.

También por esa época vino otra chica, y recuerdo de ella que casi no hablaba. Sólo sonreía, poniendo caras de chica buena y simpática, y todo lo decía el chico. Me explicaba que ella posaba desnuda, que enseñaba la cara, que sí a tal cosa o a tal otra, y yo todo el rato le preguntaba a ella pero respondía él, y ella seguía sonriendo y callada. La chica tenía una mirada que no se enteraba de nada. Creo que no sabía ni lo que era bondage, y por supuesto que no le llame y no escribí. No hice fotos con ella.

Tengo unas cuantas historias similares dentro de este grupo, todas en los primeros años de mi proyecto, cuando yo todavía era estudiante, pero me cansé muy rápido de esa estupidez. No puedo trabajar con esas chicas que son como un objeto de su novio. Legalmente, sólo sirve la decisión de ellas, y la opinión de los demás es su opinión, pero a mí me importa una mierda.

Corté por lo sano, dije que a tomar por el culo, y desde entonces nunca he permitido venir acompañadas de chicos. Así elimino los subnormales que usan a sus novias como si fueran un jarrón.

"Chicas que vienen para nada, o para hacer perder el tiempo tontamente"

Las que vienen para nada. Hablando de historias ridículas, tengo un montón de historias en este grupo. Son chicas que vienen, hablamos un par de horas, todo va perfecto, correcto, nos ponemos de acuerdo en todo, la conversación es agradable, simpática, correcta, todo en un ambiente genial, legal y divertido, y nos vamos cada uno a su casa quedando ya para confirmar día y hora. La gran mayoría de mis fotos son outdoor, y hay que mirar el sol, el calor y el pronóstico del tiempo.

Sin embargo, cuando les llamo o les escribo para confirmar el horario, no escriben y no responden. Nunca. Tampoco me llaman, y tampoco me responden. Nunca vuelven a escribir o llamar.

Las primeras veces que me ocurrió, hace años, reconozco me quedaba confundido, porque no entendía qué había pasado. Había llegado a pensar que a lo mejor las había atropellado un coche al ir a casa. También había pensado que tenían un trastorno bipolar que no me habían confesado. ¡No tenía ni idea!

Con el tiempo se aprende que son demasiadas casualidades, y tantas casualidades tienen un por qué. La razón principal es que son chicas inseguras, sin personalidad, que no han sido sinceras en la reunión, que algo han ocultado o en algo han mentido, y cuando se van se desentienden de todo lo dicho, que no van a ir, que no van a posar, y no tienen la madurez, la seriedad y el carácter suficiente para decir simplemente que no les interesa.

Otra parte de esas chicas vienen a espiar, por decirlo de algún modo. Les dicen sus novios o quien sea que vengan, o ellas por iniciativa propia, y quieren ver que les cuento para tomar nota, y quizá ella hacerse su propio blog, su web con su novio, o miles de otras razones. Advierto ya que conmigo esto es perder el tiempo. No doy nombres de nadie, no doy direcciones de nadie, no explico secretos, y no doy datos personales de nadie. Hablo mucho, sí, y hablo y hablo y hablo, y cuento muchas cosas, pero son insustanciales para espiar bien.

En realidad, después de tantos años y centenares de reuniones, me he dado cuenta que explico siempre las mismas historias, las mismas anécdotas, y me repito una y otra vez en las mismas bromas y las mismas ironías. Para la gente son historias nuevas, pero algunas están escritas en la web, y el resto de historias ya las he explicado en centenares de ocasiones. No son ningún secreto. Es información pública que, sin quererlo y sin pretenderlo, ya forma el conjunto de las explicaciones que doy. Sé los miedos de la gente, sé sus preocupaciones, sé sus dudas, sé sus preguntas, sé sus nervios, sé su inseguridad, y sé lo que tengo que contar. Repito que son más de 20 años dedicados al bondage.

"Y hay más historias"

Estas son las historias más fáciles de recordar. Tengo algunas historias más, pero éstas son curiosas y muy poco habituales. Esto también forma parte de lo que se llama tener experiencia.

 

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