Las normas básicas y obligatorias para practicar bondage

Hay unos límites y unas normas simples, básicas y obligatorias, cuando se practica bondage. Estos límites son los que marca el respeto y el sentido común que se supone tienen todas las personas, pero es innegable que la vida está llena de imbéciles, en todos sitios, de ambos sexos, cuyo sentido común e inteligencia parece que la perdieron cagando hace muchos años.

Los riesgos sí existen, y tienen un propietario, que es el ser humano. Forman parte del día a día de nuestra vida, cruzando la calle, en el trabajo, en casa, o en cualquier lugar, porque al fin y al cabo los seres humanos estamos en todos sitios.

Las normas del sentido común NO se dictan para volvernos cobardes, retraídos, inseguros/as, indecisos/as, temerosos/as o o aburridos/as. ¡No! Las normas dictadas por el sentido común para practicar bondage son la base imprescindible para hacernos disfrutar de unas aventuras, un arte, o una fantasía, divertida y fascinante, y continuar adelante, siendo valientes, atrevidos/as y decididos/as.

Estas normas son de obligatoria aceptación, y tal como he escrito en otros artículos, la primera de todas estas es hablar previamente. Se tiene que hablar sin vergüenza, con naturalidad, espontáneo, como quien habla de deportes o moda o teatro o cine. Se tiene que hablar de lo que os gusta, que lo que esperáis, de lo que deseáis, de lo que os da miedo, lo que os preocupa, preparar soluciones si hicieran falta, y coincidir ambos en todos los puntos hablados.

No cambia nada en la relación por hablar. No puede haber rechazo, ni risas estúpidas , ni pensar que eres un pervertido/a porque te gusta el bondage, y tampoco es ningún escándalo, que estamos en el siglo XXI por si no se ha dado cuenta. Si en la conversación da señales de ser inmaduro o inmadura, casi con una forma de pensar infantil, si aprecias que tiene prejuicios, estigmas, que se escandaliza o se avergüenza, o cualquier otra reacción que pueda generar inseguridad, quizá no sea conveniente practicar bondage con esa persona, o al menos todavía, hasta que suficientemente maduro o madura. El sentido común es muy útil en estos instantes.

La segunda norma es que siempre, en cualquier temática y concretamente en la que nos atañe en este artículo, ésta es bondage, debe de ser aceptada por todas las personas participantes de manera libre y voluntaria, ejerciendo su derecho a la libertad de decisión y por su propia voluntad. Practicar bondage debe de ser siempre consentido mutuamente, realmente interesados todos y todas en ello. Nadie, chico o chica, debe de ser animado, amenazado, convencido, coaccionado, chantajeado u obligado a participar en la práctica del bondage. Nunca.

La aceptación de la fantasía debe de realizarse en estado sano y lúcido. Sin drogas, sin alcohol, sin estar borrachos, ¡nada de nada!. Hay que estar completamente en perfecto estado, con especial atención en bondage.

El tercer punto a remarcar es informarte sobre bondage antes de practicarlo. Hoy en día no es como cuando yo empecé. Hay de todo, centenares de páginas, vídeos, foros, y mucho más. Veréis que bondage es, sencillamente, aquella práctica donde las personas encuentran su expresión artística, su fantasía, su aventura, su erótica personal, en la práctica de atar o ser atados a atadas. El bondage no es sado, y toda aquella persona que confiesa su atracción por esta fantasía, no significa en ningún momento que busca humillación y maltrato y dominación y sumisión y dolor. Hay centenares de miles de personas que les gusta el bondage por el juego de las cuerdas, pero NO quieren azotes, no quieren pinzas en los pezones, no quieren que les insultes, y NO son sumisos o sumisas. ¡No! Son personas que les gusta la imagen de un chico o una chica atada.

Bondage y sado son dos cosas completamente distintas. Hay personas que practican ambas, sí, es cierto. También hay personas que se comen la tortilla de patatas con ajo, y otros no. Ocurre lo mismo. Hay personas que practican bondage, pero NO practican sado.

El cuarto punto recomendable es el máximo respeto a la confianza que ha depositado la persona atada. Se tiene que cumplir a rajatabla los permisos que os han dado. Sí es sí, y NO es NO. Esto es muy claro. La confianza es otro elemento inquebrantable. Sólo se puede hacer aquello que os ha dado permiso expreso, claro y sin duda. Insisto también en el sentido común, la responsabilidad y la madurez, de la persona que ata. Hay personas que no les gusta y no practican bondage. Máximo respeto por el no. También hay millones de personas que sí les gusta y lo practican. Cada persona es un mundo.

Un quinto punto que también se podría mencionar es que en toda práctica bondage es muy recomendable, sobre todo para personas sin experiencia o que prueban el bondage por primera vez, establecer una palabra de seguridad para detener el juego inmediatamente ante cualquier problema. También se les conoce con el nombre de contraseñas, y por ejemplo podéis pactar la palabra "stop". Si la pronuncia la persona atada se finaliza el juego al momento. Puede encontrarse mal, puede ser que la presión fuerte de las cuerdas no le gustan, puede ser que el que ata sea un gilipollas y la persona atada está perdiendo confianza en él o en ella, o que no le gusta la fantasía. Cuando se pronuncia de seguridad se desata inmediatamente.

El listado de normas es muy grande, y os he escrito en este artículo algunas normas imprescindibles. Seguiría escribiendo un largo rato, pero en realidad tú mismo/a puedes añadir las normas que yo no he acabado de escribir, porque el listado completo te lo dirá tu propio sentido común y tu razonamiento, imprescindible en bondage, al igual que también en todos los aspectos de la vida.

Hay una historia que refleja muy bien el concepto de lo que es peligroso... ¡¡o no!!. Una chica me contó con un tono de voz nerviosa que le gusta el bondage, pero no había posado nunca en fotos bondage porque le daba miedo si le ocurre algo, pero justo a continuación me explicaba contenta que se iba tres semanas a Bulgaria con un chico que había conocido hacia una semana en Barcelona, y le había invitado a ir a Bulgaria con él.

Esto demuestra que el miedo es fruto de prejuicios, tabues, incultura e inmadurez.