Nos encontramos con esta casa abandonada en una de nuestras excursiones. La estructura de paredes y techo está muy sólida, pero todo el resto está derrumbado y roto. Entramos, y al momento ya pudimos ver la presencia humana, con este asqueroso sofá bien sucio y la silla a su lado, mucho más limpia.

Hubo otra sorpresa en esta casa abandonada. Hay un estrecho túnel que se hunde en la pared y toma dirección ascendente al piso superior en completa oscuridad. Allí dentro había una colonia de murciélagos. Hay muchos tipos de murciélagos en este país, pero esto no es Drácula y no son vampiros que van chupando sangre, no, no, no. Hay que tener cultura. Son muy pocas las especies de murciélagos los que se alimentan de sangre. Aquí en nuestro territorio son murciélagos insectivoros, y se alimentan de insectos, en su práctica totalidad de mosquitos. Su presencia es vital, porque evitan las plagas de mosquitos. Es la naturaleza.

Estaban al fondo del túnel, arriba, y no podían verse, pero sí los escuchamos cuando al girar la cámara entró la potente luz del foco por el túnel. Llevamos focos en las casas abandonadas para alumbrar rincones oscuros que pueden suponer un peligro, y para poder ver el suelo en estas zonas, ya que pueden estar hundidos o haber pozos. También nos sirve para ver la profundidad real del lugar.

Detectada la presencia de los murciélagos, ya tomamos las medidas para no molestar y que no entrara la luz en su cavidad. Recordar obligatorio que los animales salvajes en la naturaleza no se tocan. No se molestan. No se cazan. No se les tira comida. No se les da pan ni patatas. Saben defenderse y vivir perfectamente solos. Los inútiles siempre son los humanos. Como máximo, los animales salvajes se ven, se graban sin molestarlos y se fotografían, si se puede. Nada más.

Colocamos la silla junto un gran ventanal por donde entraba luz natural, y las fotos fueron con Thyffany atada en la silla, los brazos atados a la espalda por detrás del respaldo, y amordazada.

En las piernas hice un antiguo bondage retro de mi adolescencia, en mis primeras prácticas con el bondage, hace ya más de 20 años. En aquella época, siendo joven y un saco de hormonas hirviendo, me gustaba el juego de la chica atada a la silla, y ataba los tobillos con unas cuerdas muy largas dando vueltas y vueltas y vueltas, a los tobillos atados. Ahora, con la evolución al bondage outdoor, agua, tractores, suspensiones, caballos y todo lo demás, tengo muy abandonado el clásico bondage atada a la silla, pero por esta fantasía comienza casi todos y todas los amantes al bondage, y he querido rendir un homenaje a aquellos inicios míos, que son recuerdos con mucha nostalgia y cariño.

Los murciélagos no molestaron para nada ni son ningún peligro. Los animales salvajes no quieren saber nada de los humanos, y muy bien que hacen. No nos necesitan para nada, y saben perfectamente que el peligro siempre son los humanos y la puta mierda de la gente. Yo estoy totalmente de acuerdo con los murciélagos.