Estos torrentes muy pocas veces van llenos, y sus cascadas sólo se llena en lluvias torrenciales. Duran pocos días, y en estos momentos no te puedes colocar en la cascada. La fuerza del agua arrastraría a las personas como si fueran hojas caídas de un árbol, y no hay que ser un imbécil. Hay que respetar siempre a la naturaleza.

La mayor parte del año estos torrentes, que hay miles y miles en esta zona de España, llevan muy poca agua, o incluso suelen estar secos, con su poca agua estancada. Ahora, tras las lluvias de las últimas semanas en todo el país, está bonito, y su caudal es seguro para poder hacer fotos, siempre usando el sentido común, porque esas rocas mojadas resbalan como si fuera una pista de patinaje, y en sus pequeños remansos de agua acumulada puede llegar al medio metro de profundidad.

La gente es muy imbécil, lo sé, y le hace gracia resbalar, caerse, tropezarse y hundirse. Se graban y se ríen, y además lo suben a las redes sociales para demostrar su imprudencia y su torpeza, pero yo no veo nada gracioso en resbalar sobre rocas que perfectamente pueden causar graves lesiones. No lo entiendo. No me gusta nada la gente y sus tonterías, por lo que tampoco voy a hacer ningún esfuerzo en entender sus estupideces.

Nosotros nos pusimos en este rincón, porque me gusta la forma de estas rocas y las raíces del grueso árbol que llegan junto a la orilla, con ese aspecto selvático y salvaje que cada vez es más difícil encontrar por culpa de la presencia humana por todos sitios. Usamos las cuerdas fucsia, porque su fibra resalta en este paisaje, y decidimos darle mayor toque de misterio con los ojos vendados. Es una zona muy sombría, oscura, y quise mantener el realismo del escenario, con el límite suficiente de poder ver bien la fotografía, y me gusta el resultado.