Estas fotos en esta cascada han sido difíciles porque es una zona en la cual no entra el sol durante la mayor parte del año. Es muy húmeda, y en este tramo del río el agua baja con fuerza algunas semanas de los deshielos y en lluvias torrenciales. Las rocas están muy lisas, pulidas por la propia naturaleza, cubiertas de un musgo verde todo el año, y resbalan. Pisar esas rocas es como pisar hielo. Patina increíble.

El río está lleno de piedras irregulares y huecos. Se puede ir andando por el agua a la altura de los tobillos, y de pronto hay un agujero y se hunde la pierna hasta por encima de la rodilla. Hay que andar lento y con mucho cuidado.

Además, está plagado de mosquitos. Hay centenares de mosquitos. Hay miles de mosquitos. Son los mosquito tigre, pero en este tramo de río casi deberíamos llamarlos elefantes. Yo digo que no son mosquitos; son aviones de combate. Son enormes, muy grandes. Sin exagerar y sin equivocarme, son el doble de grandes en tamaño que los mosquitos típicos en las ciudades o en casa, , y en el momento de picarte estos mosquitos se nota. Duele. Se nota como un pinchazo. ¡Estoy acribillado! Yo salí acribillado a picadas de los mosquitos, y dos días después todavía tengo las picadas muy hinchadas, pican bestial, y tengo picadas en las dos piernas, en el cuerpo, en el brazo, e incluso tengo una picada en la frente.

La zona también es muy oscura. Suele oscurecer un par de horas antes porque está hondo entre dos montañas, pero las nuevas cámaras se están defendiendo muy bien en estas condiciones, sin necesidad de usar el flash. El resultado fue unas fotos muy bonitas, y ha sido difícil elegir qué fotos publicar. He decidido buscar variedad, como siempre, y he publicado tomas donde se ve la cascada completa, y otras fotos centrándome en Alexia, con un campo visual enfocado ligeramente abierto porque el agua y el escenario son primordial en esta sesión.