Este lugar sería un bonito escenario con muchas opciones para ambientar sesiones bondage, pero lamentablemente está lleno de gente, que pasea con sus hijos, hijas, la familia, el perro, el gato y los móviles haciendo fotos en todas direcciones desde las cuatro orillas.

Estamos acostumbrados, y siempre tenemos en cuenta el factor de la gente. El problema de la presencia de gente haciendo turismo y paseando es que todo el mundo va haciendo fotos con la mierda de las fotos de los móviles, al agua, a los árboles, al paisaje, al cielo, a las montañas, a las piedras, a las hormigas y todo lo que se mueva o está quieto. En estas fechas del año hay mucho turismo por estos lugares, algo habitual en Cataluña, es lógico intuir que la gente haría foto si nos viera. No tienen ni la mínima educación de pedir permiso. Los móviles han destrozado el arte de la fotografía.

Así, pues, sólo nos importaba hacer al menos un par de fotos en este escenario. Hicimos unas trenzas decorativas con cuerdas, usamos la mordaza, unas rápidas y simples ataduras aptas para deshacer en apenas segundos y la modelo vestida, porque aquí la gente sale de entre los árboles del bosque, escondidos para cagar y mear como los típicos turistas.

Tuvimos cinco minutos de completa seguridad. Estábamos haciendo fotos en una orilla, y vino gente. Es fácil verlos. Vienen como si estuvieran en un concierto, gritando, los perros ladrando, y el silencio del paraje a la mierda. Cambiamos de orilla, cinco minutos de fotos, y otra vez gente, otra vez gritando. Yo no sé si la gente está sorda o ensayan para cantar en la ópera. Hicimos las fotos básicas, y nos fuimos a otro paraje lejano para continuar con las sesiones fotográficas del día.