Habíamos terminado la primera sesión en el agua media hora antes, y nos movimos unos centenares de metros, hasta otro tramo de agua donde la modelo pudiera estar más alejada de la orilla, para hacer una segunda galería. En este tramo las rocas permitían colocarse a la modelo más en medio con agua a ambos lados.

No había tiempo para adornar con muchas cuerdas. Lo he dicho en la galería anterior. Aquí hay mucha gente que viene a pescar, a nadar, a mirar el paisaje, pasear, e incluso hay policía que patrulla por los caminos y la orilla. En cualquier momento aparece una persona, y hay que vigilar con la mierda de los móviles, porque cualquier imbécil te puede hacer una foto con el móvil de los cojones, y no se puede ir regalando fotos, por intimidad, por profesionalidad, por privacidad y porque devalua las fotografías. Este riesgo existe, e intentamos minimizarlo al máximo extremando las precauciones.

Hicimos algo muy simple, fácil de deshacer y evitar este riesgo. Fue un arnés decorativo de cuerdas rodeando sus pechos, las manos atadas la espalda por las muñecas, y amordazada con un ballgag. No me importaba mucho la complejidad de las ataduras. No necesitaba mucha cuerda en esta galería. El escenario era muy bonito y protagonista también como la modelo.

Decidí que no tuviera las piernas atadas por seguridad. La modelo estaba alejada de la orilla unos dos metros, apoyada sobre rocas, y debe de poder tener su propia estabilidad y decisión de movimiento. De todos modos, si la modelo tropieza estamos preparados para sacarla del agua en dos segundos, sin margen de error, sea el rincón que sea. La máxima seguridad es imprescindible.

Otro de los grandes peligros del agua es que la modelo pierde temperatura corporal con el agua fría, porque es del Pirineo, y hay un margen de tiempo que hay que cumplir estricto y respetar en este tipo de sesiones.

Tuvimos dos anécdotas. Nos pusimos a tomar el sol, y a los diez minutos de haber terminado pasó la policía patrullando. Diez minutos antes estábamos haciendo las fotos. Quizá no nos hubieran dejado hacer las fotos.

La segunda anécdota fue que yo comencé a sentir picores en el culo y las piernas, en la zona de los muslos. Me habían acribillado los mosquitos. Tenía por lo menos 30 picadas seguro entre las dos nalgas, y eran enormes. Eran incontables. Se habían unidos los hinchazones, y tenía hinchazones de incluso cinco centímetros, de tantas picadas. A Thyffany no le habían picado. Eso es porque al tomar el sol debí de sentarme sobre una zona de cría de mosquitos o estos nidos extraños que hacen escondidos en tierra. Las picores me han durado dos semanas.