Espectacular sesión bondage atada en un barco, simplemente hecha con tres cuerdas de cinco metros, atada en suspensión boca abajo desde el botalón del barco.

Habíamos hecho las primeras sesiones atadas en el barco en alta mar. A plena tarde de un día muy caluroso de verano, los vientos térmicos habían alterado el oleaje, y yo estaba como un pato mareado, con aquellos sensación de vomitar hasta la papilla de hace años por el mareo en el barco.

Decidimos regresar a puerto, que tardamos casi una hora, donde no hay oleaje e incluso se puede poner pie en el suelo y recuperarme. La modelo, Tuka, estaba perfecta. Ella estaba de maravilla en el barco. Tuka es chica de mar. Yo soy más animal terrestre, de pies en el suelo.

Al llegar a puerto me recuperé muy rápido, en cinco minutos, y Tuka propuso hacer una suspensión atada en el botalón del velero, boca abajo. Esta sesión es casi imposible hacerlo mar adentro, en este Mar Mediterráneo, porque el sólo balanceo del barco hundiría la modelo en el agua y podría provocar graves lesiones y problemas, y eso está terminantemente prohibido. Necesitaríamos un mar en calma absoluta, que no fuera verano para evitar los vientos térmicos, y la única posibilidad era en puerto.

En el puerto vino el gerente del puerto. Todo parecía que íbamos a tener una dura discusión. No fue simpático, pero yo tampoco soy muy simpático en estas situaciones. Tuvo una actitud no amistosa, pero yo también tengo un carácter muy duro, preparado para reaccionar al instante de forma justa, necesaria y proporcional. Yo tampoco soy fácil de carácter. ¡Esto es la vida! ¡Discusiones, denuncias y batallas cada día hasta la hora de la muerte! ¡Lo asumo! ¡Esta es nuestra sociedad! ¡Enemigos por doquier! ¡Tengo miles! ¡Ni los cuento!.

Pensaba que nos iba prohibir hacer las fotos. Sin embargo, por sorpresa de todos, nos permitió hacer esta sesión en puerto. ¡Sólo ésta!. Eso sí, estuvo mirando todo el rato, y todo el tiempo estaba preguntando si estaba bien a la modelo. ¡A mí no! ¡A mí… que me den por el culo! Yo le caigo mal a mucha gente por mi carácter, pero estoy acostumbrado y me importa una mierda si les caigo bien o mal. No voy a hacer amigos.

La sesión fue espectacular, atada en un velero, atada en suspensión boca abajo del botalón del barco, y el mar debajo. Diez minutos. Tampoco nos iban a permitir mucho más tiempo, con los nervios que tenían los espectadores del puerto. Estaban muy incómodos todos los espectadores. Esto es España, y no tenemos suficiente cultura artística comparada con países europeos, asiáticos y norteamericanos, donde saben que es un arte libre y personal.

En mi opinión, es una de las sesiones más impresionantes y complicadas que he hecho en todos mis años de bondage.

 

 

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