Partimos de puerto temprano, y nos fuimos mar adentro. Yo quería colocar el velero en una zona tranquila, lejos de otras embarcaciones, desde donde pudiera hacer fotos viéndose el mar de fondo, pero también la costa a la lejos.

Comenzamos por el botalón del velero. Los vientos térmicos hacían que el mar no estuviera con mucha calma, y se notaba el balanceo del velero. Era difícil mantener el equilibrio en el botalón, y era mucho más difícil atar a la modelo en el botalón, estando en alta mar y su oleaje. Por eso decidí hacerlo enfrente del botalón. Quedaba muy bien. Pusimos la modelo sentada sobre la caja del ancla. Habíamos comprado unas cuerdas rojas preciosas, muy vistosas, que quedaban genial sobre el fondo del mar.

Reconozco que yo estaba un poco mareado, pero todavía era un mareo controlado.

La sesión fue con Tuka atada sus brazos a la espalda, sentada sobre la zona del ancla, con las piernas atadas juntas, un par de cuerdas atadas desde su cuerpo a las barandillas de los laterales, y amordazada con un ballgag.

Nunca había atado a una modelo con el barco moviéndose en el balanceo del mar y yo ligeramente mareado. Estaba atando, y el barco me hacia perder el equilibrio e ir hacia los lados del estrecho y alargado velero. ¡Así son los veleros! ¡Fue todo un reto! No podía moverme mucho, vigilando no caerme por la borda del barco, y comencé a hacer las fotos.

El balanceo del barco hacia que tenía que estar pendiente del horizonte y mantenerlo recto. Mi mareo también era una dificultad. Yo soy animal terrestre, y Tuka estaba maravillosa. Impresionante. Ella estaba perfecta. Me ayudó increíble. Impecable.