Durante diez minutos me estuve recuperando del mareo, tras las fotos en el botalón. Tuka seguía a un ritmo increíble. Ella estaba de maravilla, comiendo, andando arriba y abajo del velero, jugando con su móvil, mientras yo estaba sentado controlando el mareo.

Me pude recuperar bastante, y continuamos con el bondage, que Tuka me estaba esperando. ¡Asombrosa! Tuka seguía manteniendo el arnés de cuerdas que le había hecho en su cuerpo para la sesión anterior, y decidimos hacer una sesión tranquila, atada en alguna de las maderas y barras en la cubierta del velero. Pusé cuerdas para estar atada a las barras del velero desde su arnés, con sus manos atadas por encima de la cabeza a un extremo lejano de la misma barra, una pierna atada doblada como si fuera un frogtied, y la otra pierna levantada atada por el tobillo a la botavara del velero.

Comencé a hacer las fotos, todavía ligeramente afectado por el mareo que sentía, aunque mucho más leve. En ocasiones, según cómo se orientaba el barco, el balanceo era mucho más intenso, y me impedía aliviar mi mareo.

El margen de movimiento, para buscar diferentes ángulos, era muy escaso. Aún así, fui buscando ángulos de todo tipo, sobre todo muy abiertos, que es donde tenía dificultades para enfocar.El velero era alargado pero muy estrecho, y no tenía margen en los laterales. Muchas fotos están hechas aguantando la cámara atada con la correa a mi muñeca, disparando sin mirar fuera de los límites del barbo, para poder captar la imagen completa de la modelo atada.

Hice diferentes alturas, me moví de babor a estribor (es decir, de izquierda a derecha), me subí por partes de la cubierta, me apoyé en el mástil, andé de proa a popa buscando ángulos, enfocando también hacia la costa con el mar enfrente, y entonces sí me mareé del todo. ¡Aniquilado! ¡Yo estaba como un pato mareado!.

Desaté a Tuka, y volvimos a puerto, para recuperar energía y sobre todo parar el mareo. No soy capitán de barco. ¡Tampoco soy marinero! ¡Se nota!.