Esta cabaña tiene su encanto fotográfico. El paso del tiempo comienza a incidir en su forma y su estructura, pero resulta curioso ver cómo todavía se sostiene en pie, sólida, aguantando la lluvia, el viento y los excursionistas. Le faltan ya algunos troncos, y no tiene esa envergadura en su grosor de cuando la descubrimos el primer año, pero está muy bien hecha, porque resiste. No sabemos quién la hizo, pero se debe de reconocer su trabajo bien hecho.

Ahora empiezan a caerse las ramas y troncos secos que la componen, y algunos de los troncos que le dan su apariencia están muy sueltos. Sin embargo, las maderas esenciales, aquellas que aseguran su estabilidad y seguridad, siguen intactos.

Nosotros hace mucho tiempo que teníamos pensado hacer una sesión en esta cabaña, viéndose por el exterior. Como escenarios, presenta dos dificultades esenciales. La primera dificultad es la fuerte pendiente del terreno, que no se aprecia en la imagen, pero las fotos están hechas inclinándome hacia atrás, con la cámara recta y los brazos levantados para compensar la inclinación. Sólo la cabaña está reposando en un pequeño plano de la montaña. La segunda dificultad es el grueso pino que queda justamente enfrente, que hace imposible algunos enfoques fotográficos, y que os hemos querido mostrar en la segunda de las fotos que os hemos publicado.

Con ingenio, con capacidad de superación, con voluntad y un carácter competitivo, se saben compensar las dificultades. Nosotros no usamos estas excusas baratas.

Habíamos llevado cuerdas blancas, conocedores de que este rincón del bosque no tiene mucho sol y es muy sombrío todo el día, por la densidad del bosque. Las cuerdas blancas resaltan en estos casos, y con la intención de usar la presencia de la cabaña pensamos en una posición con Alexia atada en la entrada. La idea escogida fue de pie con sus piernas sobre un leño para dar perversidad a la fotografía, las piernas abiertas atadas por numerosos puntos a los pilares de cada lado, una cuerda larga en la cintura sin sobrecargar para no restar protagonismo a su sexy vestido, amordazada con cinta de precintar, los ojos vendados, y las manos atadas a los troncos que definían el final de la puerta de acceso a la cabaña.

Fue una sesión tranquila y fácil.