Este tipo de estructuras, con la barra paralela al suelo y todo el centro vacío, me encantan porque se pueden hacer grandes ideas de bondage. Sin embargo, el problema es que son zonas de juego públicas, y siempre está lleno de gente, sobre todo jugando a fútbol, y por desgracia hay muchos niños. Hay gente y niños en estas zonas de ocio todo el año, de enero hasta diciembre.

Nosotros siempre nos alejamos de los niños, por evitar problemas legales, porque no pueden ver estas escenas, y también porque a mí los niños no me gustan nada. ¡Todos bien lejos!.

Además, delante hay casas, un restaurante con terraza, un camino por el que pasan ciclistas, gente corriendo, perros, y mil historias, por lo que es muy difícil poder hacer una sesión espectacular.

El riesgo más molestoso es que venga gente con los móviles de mierda a hacer la puta foto de turno sin permiso. La gente no tiene educación, y esta situación sería muy molestosa. No se puede ir regalando estas fotos a gente que luego lo sube a su facebook o a su instagram. Eso es una falta de respeto, pero hoy en día la gente ya ni tan siquiera preguntan. La gente hace lo que le sale de los huevos.

Nosotros siempre vigilamos no encontrarnos con estas situaciones, y aquel día fue como un milagro. Vimos esta estructura. No había nadie. No habían niños, lo que fue una alegría. No había nadie jugando a fútbol. El restaurante estaba cerrado. ¡No me lo podía creer!.

La sesión tenía que ser rápida, porque esa situación de privilegio no iba a durar mucho. Pusimos las piernas de Thyffany atada juntas, con los pechos desnudos, adornados por dos trenzas de cuerdas que habíamos hecho en una sesión un par de horas antes, amordazada y los brazos atados arriba de la viga de madera. De esta forma Thyffany podía deleitarnos con sus posiciones, de pie estirada, e incluso podía levantar los pies del suelo y hacer esa suspensión puntual de pocos momentos.

Cinco minutos después de comenzar la sesión, vino el cuidador del restaurante a limpiar la terraza. ¡Que susto se llevó el hombre! Por sus ojos, estoy seguro que ese señor no había visto bondage en toda su vida, y antes de continuar con la sesión tuvimos que asegurarnos que el hombre se quitaba el miedo, y entendía que no estaba ocurriendo nada. ¡Ya he dicho mil veces que soy poeta!.

Estas situaciones ocurren, y las tenemos previstas. Después, continuamos cinco minutos más con la sesión, y acabamos rápido, porque veíamos venir gente de a lo lejos que parecían muy jóvenes. ¡Siempre vigilamos!.

Por fin pude hacer una sesión bondage en una de estas estructuras. Ahora buscaremos estructuras similares en lugares tranquilos, solitarios, porque se pueden hacer miles de ideas. Es difícil, pero saldrá algún lugar, ¡ya veréis que sí!.