Estas balas de paja redondas dan para muchas ideas. La primera sesión había sido con la modelo atada desnuda encima de la bala de paja, tumbada boca arriba y con su cuerpo dibujando la curva de este escenario. Había sido una sesión preciosa, y decidimos hacer una segunda sesión.

En todo este ambiente rural había decenas de estas balas de paja. Pesan increíble, y no pueden moverse. Esto no es una rueda de coche. Su enorme peso las mantiene clavadas en el suelo, y pensamos en esta ocasión hacer la sesión en la parte frontal, atada de pie, curvada hacia atrás, con las muñecas atadas empujando las cuerdas a la parte trasera de la bala de paja, las piernas atadas juntas, apretadas contra la gran bala por cuatro largas que rodeaban todo el elemento, amordazada y vestida con un sexy conjunto de lencería militar.

Fue la segunda sesión a pleno sol de un día muy tórrido, y no podíamos entretenernos en hacer dibujos, tonterías o gilipolleces de vanidosos con las cuerdas. La temperatura era muy alta, y por encima de todo está la seguridad. En aquel paraje debía de superar los 30 grados ese día, y soplaba un viento seco y caliente que no estaba pronosticado por los expertos del tiempo. Esto suele ocurrir por desgracia bastantes veces con agunos pronósticos meteorológicos oficiales locales. Íbamos perfectamente previstos de agua, comida y muchas más cosas, siempre en gran cantidad, con sombras y vehículos al lado, pero por seguridad nos dedicamos a poner solamente las cuerdas imprescindibles y necesarias para conseguir un bonito y original resultado fotográfico. Nos gustó, y a la modelo también le gustó. Esto es lo importante.