Volvimos para hacer una nueva sesión bondage atada en la playa. Quedan muy bonitas estas fotos atada en la orilla de la playa, con el mar y la arena.

Habíamos llevado muchas cuerdas, confiando en estar muy tranquilos y solitarios, porque el día era muy frío de invierno, y las fotos en la playa tienen que enseñar el paisaje, la belleza de la costa y esta naturaleza paisajística del mar. Pensamos que en un día tan frío no habría nadie, pero ¡que va! ¡Yo no entiendo que ocurre en este país! ¡Aquí hay mucha gente con demasiado tiempo libre!

Llegamos a la playa, y había gente paseando a los perros. Después había gente andando por la orilla, otra gente corriendo, gente que venía desde el paseo grabando ya con el móvil la playa, gente haciendo fotos a la playa con el móvil para subirla a las tonterías de las redes sociales, e incluso vino una chica con una tienda de campaña pequeña y se puso a comer a treinta metros de nosotros... ¿y qué más faltaba? ¡Increíble! ¡Que es invierno y hace frío! ¡Y ese día mucho frío!. Pero esto es Cataluña. Aquí hay gente en la playa todo el año.

¡Esperamos! ¡Y esperamos! Las condiciones no son seguras con perros sueltos, la gente haciendo fotos con los móviles, y mil historias. La gente siempre es el peligro mayoritario y más hatibual en todas las sesiones. ¡Pero es invierno! En este país nos encanta la calle, el sol, el playa, la montaña, y tenemos gente en todos sitios. Nuestros inviernos no son los inviernos de los países nórdicos, y eso se nota.

Finalmente, en un momento tranquilo pudimos poner dos cuerdas con los brazos atados delante, porque así la gente no veía y no podía fotografiar las brazos de la modelo si los hubiera tenido los brazos atados a la espalda. Atada delante del pecho es más oculta. Adornamos alguna cuerda rodeando el cuerpo, y tuvimos diez minutos de relativa calma. Había gente, pero lejos y a mucha distancia que no podía hacer fotos y tampoco ver con claridad qué estábamos haciendo.

Después volvió otra vez más gente. Venía una pareja paseando tres perros por la derecha, un pescador con las cañas por la izquierda que llegó hasta la orilla, y detrás de él cuatro personas dde unos 60 años a mirar la playa.

Habíamos hecho ya fotos válidas, y decidimos terminar la sesión y volver otro día y a otra hora, que estaba ya harto de la gente.